Gabriel es un excelente médico, pero vive un amor silencioso por su compañero de trabajo.
¿Logrará Gabriel vivir este amor?
NovelToon tiene autorización de Paulina de jesus para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 5
La llamada llegó en medio de la madrugada.
Gabriel se despertó con el toque insistente, los ojos pesados, el pecho oprimido como siempre.
Cuando vio el nombre de su cuñada en la pantalla, sintió un frío en el estómago.
—¿Aló?
La voz del otro lado temblaba.
—Es André… sufrió un accidente. Iba para tu casa. El coche volcó en la carretera.
Gabriel se quedó en silencio.
El mundo giró.
—¿En qué hospital?
Ella dijo. Era lejos. Gabriel se puso la bata todavía con las manos temblorosas. Salió sin café. Sin respirar bien.
---
Horas después, parado en el pasillo blanco de la UCI, él encaraba la puerta cerrada con el nombre de su hermano en la placa. André estaba sedado, con fracturas en la clavícula, una conmoción leve y algunos hematomas.
Los médicos decían que él se iba a recuperar. Pero el susto… ese Gabriel no conseguía controlar.
Fue cuando los padres llegaron.
La madre, con los ojos llenos de lágrimas. El padre, de rostro duro.
Ella ni siquiera miró a Gabriel.
—Él solo fue porque insistió en verte. Y ahora está ahí.
Gabriel parpadeó, intentando entender.
—Yo no pedí que él fuera. Yo ni siquiera sabía…
—Él nunca le hacía caso a nada, hasta que tú empezaste con esa… fase —dijo el padre, escupiendo la palabra.
—¿Fase?
—Tú lo hundiste junto en esa tu vida equivocada. Ahora mira el resultado.
Gabriel retrocedió un paso, como si hubiera recibido una bofetada.
—Él es el único que nunca me juzgó. Siempre estuvo de mi lado.
—Y mira a dónde eso lo llevó —cortó la madre—. Tal vez si te hubieras quedado callado, escondido, como antes…
—¿¡Como antes!? —la voz de Gabriel falló—. ¿Cuando me miraba en el espejo y me odiaba? ¿Cuando me lastimaba solo para sentir que aún existía?
La madre abrió los ojos.
El padre apenas giró el rostro.
—¿Ustedes creen que él sufrió por amarme? No. Él sufrió por tener que compensar lo que ustedes nunca le dieron.
Y salió.
Sin mirar hacia atrás.
Con el alma en carne viva.
---
En el hospital, Miguel notó la ausencia de Gabriel. De nuevo.
Y esta vez… no consiguió soportar el vacío.
Llamó a Paula.
—¿Sabes lo que pasó?
—El hermano de él sufrió un accidente. Gabriel está mal. Y yo creo que…
Ella no terminó la frase.
Miguel pasó la mano por el rostro. Algo dentro de él se agitó con violencia.
Un miedo nuevo. Una urgencia antigua.
—Mándame la dirección de él.
Paula titubeó.
—Él me va a matar.
—Prefiero eso a llegar demasiado tarde.
---
Gabriel estaba sentado en el suelo del cuarto. Luz apagada. La espalda en la pared.
No lloraba.
No hablaba.
Solo encaraba el vacío, como si hubiera sido vaciado de sí mismo.
Había sangre en la manga de la blusa.
Un nuevo corte. Más profundo.
El celular vibraba en el suelo, ignorado.
Hasta que… golpes en la puerta.
Bajos. Constantes.
Él no reaccionó.
—Gabriel… soy yo.
La voz.
Miguel.
Gabriel se quedó inmóvil.
Más golpes.
—Sé que estás ahí. Por favor.
Despacio, él se levantó. Tambaleó hasta la puerta.
Abrió.
Los ojos de los dos se encontraron.
Y Miguel vio.
Vio el rostro pálido.
La camisa sucia.
La mirada opaca.
El corte.
Y todo lo que Gabriel nunca dijo… estampado en el cuerpo.
—Yo… —Miguel comenzó. Después paró—. ¿Me dejas entrar?
Gabriel titubeó. Pero dio espacio.
Miguel entró. Miró todo. Se sentó en el sofá. Se quedó en silencio.
Después de un largo minuto, dijo:
—No necesitas fingir más.
Gabriel se derrumbó.
No en palabras. Sino en lágrimas.
De rodillas, en el suelo.
Sin fuerzas para sostener el propio peso.
Y Miguel… apenas lo sujetó.
Sin juicios.
Sin preguntas.
Sin promesas.
Apenas se quedó.
Allí.
Con él.