Amar puede ser tan grande para atravesar fronteras, incluso mundos. Pero el amor será tan fuerte para vencer profesias y guerra
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Capítulo VII El Valle Gris
El Valle Gris no era un lugar que inspirara confianza.
Ni siquiera bajo la luz del día.
Las rocas antiguas que lo rodeaban formaban un círculo natural, como los restos de una corona caída. No había árboles en el centro, solo tierra compacta y piedras erosionadas por el tiempo. El viento soplaba constante, levantando polvo fino que parecía flotar más de lo normal, como si el aire tuviera memoria.
Ariana lo reconoció en cuanto lo vio.
Era el mismo lugar de su visión.
Su estómago se tensó, pero no dio marcha atrás.
Kael caminaba a su lado, firme, imponente. Detrás de ellos, Selene y cuatro miembros de confianza de la manada mantenían distancia estratégica. No habían venido como ejército. Habían venido como declaración.
Los tres clanes del norte ya estaban allí.
Darius lideraba uno.
A su derecha, una mujer alta de cabello blanco y ojos oscuros —Alfa del clan del Hielo— observaba con expresión calculadora.
A la izquierda, un hombre corpulento de barba espesa y mirada dura —Alfa del clan de la Roca— permanecía inmóvil como una muralla.
Y detrás de ellos… más lobos.
No en postura de ataque.
Pero listos.
Kael no desaceleró el paso.
Cuando alcanzó el centro del círculo de piedra, se detuvo. Ariana se mantuvo a su lado.
No detrás.
A su lado.
Darius sonrió apenas.
—Alfa Kael. Veo que no viniste solo.
—No acostumbro a hacerlo —respondió él con calma.
Los ojos de la Alfa del Hielo se posaron en Ariana.
La estudiaron.
La midieron.
—Así que tú eres la Heredera —dijo sin saludo.
Ariana sostuvo su mirada.
—Eso parece.
Un leve destello plateado vibró en su marca.
El Alfa de la Roca dio un paso adelante.
—Sentimos la onda de energía hace dos noches. Alteró a nuestros exploradores. A nuestros ancianos.
—No fue intencional —respondió Ariana con honestidad.
Darius ladeó la cabeza.
—Eso es lo preocupante.
El silencio se volvió denso.
Kael habló entonces.
—Estamos aquí para evitar conflicto innecesario. Mi territorio no ha invadido el suyo.
La Alfa del Hielo cruzó los brazos.
—El poder no necesita cruzar fronteras para alterar el equilibrio.
Ariana inhaló lentamente.
—¿Qué es lo que realmente quieren?
La pregunta fue directa.
Darius sonrió sin calidez.
—Queremos entender qué eres. Y qué tan peligrosa puedes llegar a ser.
Selene dio un paso al frente, pero Kael levantó la mano sutilmente, indicándole que no interviniera.
Ariana sintió la energía bajo su piel.
No explosiva.
Presente.
Viva.
—No busco dominar territorios —dijo con voz firme—. No busco guerra.
El Alfa de la Roca soltó un resoplido bajo.
—Nadie con poder dice que lo busca.
Antes de que la tensión escalara, el aire cambió.
No fue viento.
No fue sonido.
Fue temperatura.
Descendió de golpe.
Un murmullo inquieto recorrió a los lobos de los tres clanes.
Ariana lo sintió primero.
La marca ardió.
Más fuerte que antes.
Sus ojos se movieron hacia el borde del valle.
Y lo vio.
La figura encapuchada de su visión.
No caminaba.
Parecía deslizarse.
No dejaba huella en la tierra.
No tenía aroma.
Los Alfas la detectaron segundos después.
Kael se tensó de inmediato.
—Eso no es de ustedes —gruñó.
Darius negó lentamente.
—No.
La figura se detuvo en el límite del círculo de piedra.
Y habló.
La voz no era masculina ni femenina.
Era eco.
—La sangre despierta.
El viento pareció arremolinarse alrededor de Ariana.
Los lobos retrocedieron instintivamente.
Selene desenvainó una daga ceremonial, aunque no sabía contra qué.
Kael se colocó apenas delante de Ariana, pero ella apoyó una mano firme en su espalda.
—No.
La figura inclinó la cabeza.
—La Heredera reconoce.
Ariana dio un paso al frente.
El pulso en su cuello era casi doloroso.
—¿Quién eres?
La capucha no se movió, pero la sensación de atención se intensificó.
—Guardiana del umbral antiguo.
El anciano lobo había hablado de leyendas.
Pero esto no era mito.
Era presencia.
La Alfa del Hielo susurró algo en su propio dialecto.
Temor.
La figura levantó una mano cubierta por tela oscura.
El aire vibró.
Las piedras del círculo comenzaron a brillar tenuemente.
Símbolos antiguos, invisibles hasta ese momento, emergieron grabados en la superficie.
Ariana los reconoció sin saber cómo.
Eran los mismos del mapa.
El mismo sello.
La figura habló de nuevo.
—El linaje lunar no fue sellado para ser protegido.
Fue sellado para contener.
El corazón de Ariana golpeó con violencia.
—¿Contener qué?
Silencio.
Luego:
—El portal.
El valle tembló ligeramente.
Los lobos gruñeron.
Kael se giró hacia los otros Alfas.
—¿Sabían de esto?
Darius negó con el rostro tenso.
—No.
La figura dio otro paso.
—La sangre despierta porque el umbral se debilita. Si la Heredera no completa el ciclo… el portal se abrirá sin control.
Ariana sintió el vértigo de la revelación.
No era solo poder.
Era llave.
El Alfa de la Roca habló con voz grave.
—¿Portal a qué?
La figura se volvió hacia él.
—A lo que fue exiliado.
El viento se volvió más violento.
Kael tomó la mano de Ariana con fuerza.
—No permitiré que te usen para esto.
Ella lo miró.
En sus ojos había miedo.
Pero también comprensión.
—Tal vez no se trata de usarme.
Tal vez se trataba de elegir.
La figura extendió la mano hacia Ariana.
—El ciclo debe completarse voluntariamente.
Los tres clanes estaban en silencio absoluto ahora.
Ya no era disputa territorial.
Era algo más grande.
Más antiguo.
Ariana dio un paso más hacia el centro del círculo.
Kael apretó su mano.
—No sabes qué implica.
Ella levantó la mirada hacia él.
—Pero siento que debo hacerlo.
La marca comenzó a brillar con mayor intensidad.
Las piedras respondieron.
La figura inclinó la cabeza por última vez.
—La luna no despierta sangre débil.
El valle entero vibró.
Y en ese instante, todos comprendieron la verdad:
La guerra que temían no era entre clanes.
Era contra lo que intentaba cruzar desde el otro lado.
Y Ariana no era solo fuego.
Era cerradura.
O puerta.
Y la decisión apenas comenzaba.