Siempre ha sentido que tiene mala suerte, y ahora renace con muchas posibilidades, intentando cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
* Todas las novelas son independientes**
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Baño
Cuando Eveline despertó, la habitación estaba completamente a oscuras.
Solo una tenue luz azulada entraba por la ventana, señal de que la noche ya había caído hacía rato.
Parpadeó lentamente, todavía adormecida, y lo primero que notó fue el silencio.
Lo segundo… fue que estaba sola en la cama.
Se incorporó con cuidado.
—¿Cassian…?
Al intentar sentarse del todo, un pequeño gesto de dolor escapó de sus labios.
—Ah…
Se llevó una mano al cuello y luego a la espalda, sintiendo los músculos tensos. Cuando intentó mover las piernas, el dolor fue aún más evidente.
Durante un segundo se quedó inmóvil.
Luego… se echó a reír.
—Ese hombre…
Sacudió la cabeza mientras intentaba levantarse.
—Ni siquiera tuvo piedad porque era mi primera vez.
No estaba realmente molesta.
Al contrario… había un brillo cálido en sus ojos al recordarlo.
Cuando finalmente logró ponerse de pie, buscó su vestido… y lo encontró en el suelo.
Lo recogió.
O lo intentó.
Porque apenas lo levantó se dio cuenta del problema.
El vestido estaba roto.
No un pequeño desgarro.
Varias costuras abiertas.
Eveline lo observó unos segundos… y luego suspiró resignada.
—Bueno… eso explica muchas cosas.
Miró alrededor de la habitación con más atención.
No era la habitación principal de la mansión Rathborne. Los muebles eran elegantes, pero menos personales.
—Una habitación de invitados…
Eso explicaba por qué no había ropa extra.
Se pasó una mano por el cabello.
—Perfecto.
Entonces notó la tinaja de baño que estaba cerca de la chimenea. El agua aún estaba tibia.
Sonrió.
—Al menos alguien pensó en eso.
Con cuidado se metió en el agua.
El calor relajó de inmediato su cuerpo cansado, y Eveline dejó escapar un suspiro largo mientras apoyaba la cabeza contra el borde de la tinaja.
—Mucho mejor…
El agua ayudaba a aliviar los músculos doloridos, y por un momento simplemente disfrutó del silencio.
Pero ese silencio no duró demasiado.
La puerta de la habitación se abrió.
Eveline giró la cabeza.
Cassian acababa de entrar.
El duque se detuvo apenas un segundo al verla dentro de la tinaja. Sus ojos recorrieron la escena con una calma que hizo que Eveline levantara una ceja.
—¿Qué? —dijo ella, divertida.
Cassian cerró la puerta detrás de él.
—Te despertaste.
—Hace un momento.
Ella apoyó el brazo en el borde de la tinaja.
—¿Sabes que mi vestido está destruido?
Cassian miró hacia el suelo, donde el vestido estaba arrugado.
—Lo noté.
—¿Y?
—Mandaré a hacer otro.
La respuesta fue tan simple que Eveline soltó una pequeña risa.
—Qué solución tan practica..
Pero entonces lo vio empezar a quitarse la chaqueta.
Luego la camisa.
Eveline entrecerró los ojos.
—Cassian.
—Sí.
—¿Qué haces?
—Voy a bañarme.
Ella lo miró con incredulidad.
—¿Aquí? yo quiero descansar..
—Sí.
—¿Conmigo?
Cassian se quitó el resto de la ropa con total naturalidad.
—La tinaja es lo bastante grande.
Eveline levantó una mano.
—Espera. Espera.
Pero ya era tarde.
Cassian entró en el agua frente a ella, y la tinaja se movió ligeramente por el peso adicional.
El agua tibia se agitó alrededor de ambos.
Eveline lo miró con expresión acusadora.
—Te dije que quería descansar.
Cassian apoyó un brazo en el borde de la tinaja, relajado.
—Solo quería un baño.
—Claro.
Ella lo señaló.
—Esa misma cara pusiste hace unas horas antes de arruinar mi vestido.
Cassian sonrió lentamente.
—No lo arruiné.
—Cassian.
—Bueno… tal vez un poco.
Eveline negó con la cabeza, aunque estaba sonriendo.
El agua estaba caliente y el ambiente era tranquilo. Cassian acercó un poco más su cuerpo al de ella, rodeando su cintura con suavidad.
—Solo quería estar contigo..
Ella suspiró.
—Esa excusa es muy peligrosa.
—Funciona.
Eveline lo miró unos segundos.
Luego apoyó la frente contra su hombro, cerrando los ojos un instante.
Pero la cercanía, el calor del agua y la forma en que Cassian la sostenía hicieron que la tranquilidad inicial se transformara lentamente en otra cosa.
Eveline levantó la mirada.
—Cassian…
Él respondió acercándose más.
Sus labios se encontraron primero en un beso suave.
Luego en uno más profundo.
El agua se movió alrededor de ellos mientras se abrazaban con más fuerza.
Eveline había pedido descansar…
Pero cuando Cassian la sostuvo con esa mezcla de ternura y deseo, la protesta desapareció de sus labios.
Y la calma del baño terminó transformándose nuevamente en una noche llena de besos, risas suaves y una pasión que parecía imposible de detener.
Cuando finalmente salieron del agua, ella apoyó las manos en el borde de la tinaja y respiró hondo.
—Cassian… Creo que salí más cansada de este baño que de todo lo que pasó antes.
El duque, todavía dentro del agua, soltó una risa baja.
—Eso suena como una queja.
—Lo es.
Eveline salió de la tinaja con cuidado, envolviéndose primero en una tela mientras buscaba algo para ponerse. Su vestido estaba completamente arruinado, así que terminó tomando la camisa de Cassian, que había quedado sobre una silla.
Se la puso.
La prenda le quedaba enorme.
Le cubría los hombros y caía hasta casi la mitad de sus muslos.
Pero había un pequeño problema.
Su cabello largo y negro estaba completamente mojado.
Los mechones húmedos se pegaban a la tela blanca… y la tela comenzaba a volverse ligeramente transparente.
Cassian salió de la tinaja unos segundos después.
Y cuando levantó la mirada hacia ella…
Se quedó quieto.
Eveline estaba de pie cerca de la cama, acomodándose el cabello mientras intentaba escurrir el agua.
La camisa mojada delineaba su silueta de una forma que hizo que la expresión del duque cambiara lentamente.
Sus ojos se oscurecieron con ese brillo que Eveline ya reconocía demasiado bien.
Ella lo miró de reojo.
—Ni lo pienses.
Cassian alzó una ceja.
—¿Pensar qué?
—Esa mirada.
Eveline señaló sus ojos.
—La conozco.
Cassian dio un paso hacia ella.
—No puedo evitarlo.
—Sí puedes.
—No quiero.
Eveline suspiró.
—Cassian… tengo que irme.
El duque frunció ligeramente el ceño.
—¿Irte?
—A mi mansión.
Ella cruzó los brazos con gesto firme.
—Ya es tarde.
Cassian se acercó un poco más.
—Entonces quédate aquí.
—No.
—Podrías dormir conmigo.
Eveline lo miró como si hubiera dicho algo ridículo.
—Primero, me duele todo el cuerpo.
Cassian no pudo evitar sonreír.
—Segundo, soy una señorita respetable.
—¿Ah sí?
—Sí.
Eveline levantó el mentón con orgullo.
—Y las señoritas respetables no se quedan a dormir en mansiones ajenas.
Cassian cruzó los brazos.
—¿Aunque sea la mansión de su prometido?
—Aunque sea.
Él la observó unos segundos… y luego sonrió con cierta picardía.
—Entonces dime algo.
—¿Qué?
Cassian señaló su ropa.
—¿Planeas salir así?
Eveline bajó la mirada hacia la camisa.
Luego volvió a mirarlo con calma.
—No veo el problema.
Cassian entrecerró los ojos.
—¿No?
—No.
Ella se encogió ligeramente de hombros.
—Solo es una camisa.
El duque se acercó un paso más.
—Mi camisa.
—Detalles.
Eveline comenzó a caminar hacia la puerta con total naturalidad.
—Además, no tengo vestido.
Cassian habló con voz más baja.
—Eveline.
Ella se giró.
—¿Sí?
El duque la miraba con una expresión peligrosa.
—¿De verdad vas a caminar por mi mansión… con mi camisa mojada… delante de todos los sirvientes?
Eveline sonrió con inocencia fingida.
—No tengo problema con que me miren.
Cassian se quedó completamente quieto.
Durante un segundo no dijo nada.
Pero la idea de otros hombres mirándola… con su camisa… delineando su figura…
No le hizo ninguna gracia.
Ni la más mínima.
En dos pasos largos llegó hasta ella.
Antes de que Eveline pudiera reaccionar, Cassian la tomó suavemente de la cintura y la atrajo hacia él.
—A mí sí me importa.
Eveline alzó una ceja.
—¿Ah sí?
—Si. Mucho.
Ella sonrió, claramente disfrutando de su reacción.
—¿Celoso?
Cassian inclinó ligeramente la cabeza.
—Posesivo.
Eveline soltó una pequeña risa.
—Duque Rathborne… qué sorpresa.
Pero antes de que pudiera seguir provocándolo, Cassian la levantó ligeramente del suelo.
—¡Cassian!
—Si alguien va a verte así..
Su voz se volvió más baja.
—Seré solo yo.
Eveline lo miró, con los ojos brillando de diversión.
—¿Eso significa que no puedo irme?
Cassian sonrió lentamente.
—Eso significa…
La acercó un poco más a él.
—Que deberías quedarte.
Eveline lo observó unos segundos.
Y aunque intentó mantener su expresión orgullosa…
La forma en que Cassian la sostenía hacía muy difícil seguir discutiendo.
me encanta súper bien narrada
nunca perdió el hilo narrativo
ella con su suerte y el siempre ahí al lado