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Bajo La Máscara De La Venganza.

Bajo La Máscara De La Venganza.

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / CEO / Completas
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En un mundo donde la traición y el deseo son moneda corriente, una mujer se alza entre las sombras para reclamar su lugar en el trono del poder, desatando una tormenta de venganza y seducción.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

La lluvia golpeaba con furia los ventanales de la suite principal de Clara. Dentro, el ambiente estaba cargado de una electricidad estática que hacía que el vello de los brazos se erizara. El enfrentamiento en el salón y la muerte de Julián habían dejado una herida abierta en Clara, una que no podía cerrarse con venganza ni con poder.

Gabriel estaba junto a la puerta, observándola. Había una tensión entre ellos que iba más allá del deber o de la desconfianza. Era la tensión de dos almas rotas que se reconocían en la oscuridad.

—Me dijiste que me fuera —dijo Gabriel, su voz baja y ronca—. Me dijiste que si volvías a ver mi cara, me matarías.

Clara, que se había despojado de su chaqueta y estaba solo con una camisa de seda blanca, se volvió hacia él. Sus ojos estaban rojos de tanto contener las lágrimas.

—Y tú me dijiste que no te irías. Me dijiste que me protegerías de mí misma.

Caminó hacia él con pasos lentos, desafiantes. Se detuvo a escasos centímetros, sintiendo el calor que emanaba de su cuerpo. La rabia, el duelo y el deseo se mezclaron en su pecho en un cóctel explosivo.

—¿Es esto lo que mi padre quería? —susurró ella, pasando sus dedos por la mandíbula de Gabriel—. ¿Que estuviéramos así? ¿Que me desearas porque él te programó para hacerlo?

Gabriel la tomó de las muñecas, no con fuerza, sino con una desesperación contenida.

—No hay programación en el mundo que pueda fabricar lo que siento cuando me miras, Clara. Me duele verte sufrir. Me quema no poder tocarte cuando lloras. Si esto es una mentira, es la única por la que vale la pena morir.

Clara se soltó de su agarre y, en un arrebato de furia y pasión, lo empujó contra la puerta cerrada, sellando sus labios con los suyos. Fue un beso amargo, hambriento, lleno de reproches y de una necesidad física que rozaba el dolor. Gabriel respondió con la misma intensidad, sus manos perdiéndose en el cabello de ella, atrayéndola más cerca, como si quisiera fusionar sus cuerpos para que no hubiera lugar para los secretos.

Él la levantó, y Clara rodeó su cintura con las piernas, sin romper el beso. La llevó hacia la enorme cama de postes, donde la depositó con una urgencia que hizo que ambos perdieran el aliento. Los botones de la camisa de Clara saltaron bajo los dedos impacientes de Gabriel, revelando su piel pálida bajo la luz de las velas que parpadeaban en la habitación.

—Odiame si quieres —gruñó Gabriel contra su cuello, dejando un rastro de besos ardientes—. Pero no me pidas que deje de quererte.

Clara arqueó la espalda, soltando un gemido que era mitad placer, mitad agonía.

—Cállate... solo cállate y hazme sentir algo que no sea muerte.

Las manos de ella bajaron al cinturón de Gabriel, despojándolo de su ropa con una ferocidad casi animal. Necesitaba esto; necesitaba la dominación, la entrega física para acallar las voces en su cabeza que le recordaban la sangre en sus manos. Cuando ambos estuvieron desnudos, el contraste entre la delicadeza de Clara y la musculatura llena de cicatrices de Gabriel fue una metáfora visual de sus vidas.

Gabriel se posicionó sobre ella, mirándola fijamente a los ojos.

—Mírame, Clara —ordenó él con voz profunda—. No cierres los ojos. Quiero que sepas que soy yo. No el guardia, no el esclavo de tu padre. Soy el hombre que te ama.

Él entró en ella con una estocada lenta y profunda que hizo que Clara soltara un grito ahogado, clavando sus uñas en los hombros de él. El contacto físico fue un choque eléctrico que recorrió cada fibra de su ser. Comenzaron un ritmo frenético, un combate de cuerpos que buscaban redención en el placer prohibido.

Cada movimiento era una confrontación, una lucha por el control que terminaba siempre en una rendición mutua. Clara envolvía a Gabriel con sus piernas, atrayéndolo hacia lo más profundo de su ser, mientras él la devoraba con besos que sabían a sal y a deseo. El sonido de la lluvia se mezclaba con sus respiraciones entrecortadas y el roce de la piel contra la seda de las sábanas.

La intensidad fue creciendo, una marea que amenazaba con arrastrarlos a ambos. Clara sentía que se desmoronaba, que las barreras que había construido alrededor de su corazón estaban cayendo una a una. Gabriel la trataba con una mezcla de adoración y posesividad, sus dedos trazando las líneas de su cuerpo como si estuviera memorizando un mapa sagrado.

—Gabriel... —jadeó ella, su cabeza echada hacia atrás, sus ojos fijos en el techo—. ¡Gabriel!

El orgasmo la alcanzó con la fuerza de un rayo, sacudiendo su cuerpo en espasmos de puro éxtasis. Segundos después, Gabriel la siguió, liberándose dentro de ella con un rugido sordo, colapsando sobre su pecho mientras ambos intentaban recuperar el aliento.

El silencio que siguió fue diferente al del salón de los capitanes. Era un silencio frágil, casi sagrado. Gabriel se apartó un poco, apoyándose en los codos para mirar el rostro de Clara. Ella estaba allí, vulnerable, con las lágrimas que finalmente habían decidido salir rodando por sus mejillas.

Él las limpió con el pulgar, con una ternura que la hizo sollozar de nuevo.

—No se ha ido —susurró ella—. El dolor sigue aquí.

—Lo sé —respondió él, besando su frente—. Pero ya no estás sola para cargarlo.

Clara se acurrucó contra él, buscando el calor de su cuerpo. Por primera vez en su vida, la líder de la mafia más temida del mundo no se sentía como una reina, ni como una sombra. Se sentía como una mujer con el corazón roto, tratando de encontrar un camino a través de las cenizas de su propio imperio. La noche era larga y el futuro era incierto, pero en ese momento, rodeada por los brazos del hombre que su padre había creado para ella, Clara Mendoza permitió que la oscuridad la envolviera, no como una enemiga, sino como un refugio.

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Mar Sol
Clara está confiada en que está vez va a resultar su plan, ella es astuta, espera no haya errores.
Equipo Motorola
excelente felicitaciones escritora, muy diferente a todo lo recurrente, solo me quedo la duda de Julian, osea, no murió jajaja
Mar Sol
Al igual que Julián, hay otra persona que no sabe de lealtad, la ambición es tan fuerte que no le importó vender información a los enemigos de Clara.
Mar Sol
¡¡Que interesante!! ¡¡esto apenas va a empezar!!
Mónica Aulet
Que fuerte!!
Mónica Aulet
Y que se queme todo!!!!
Mónica Aulet
Impresionante ,la verdad que me tiene atrapada la historia.
Irma Ruelas
❤️😍😍😍😍😍😍
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