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Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Status: Terminada
Genre:CEO / Diferencia de edad / Casada con el millonario / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:692.7k
Nilai: 4.7
nombre de autor: Vivi

Camila Sandoval lo dio todo por su matrimonio, hasta que encontró a Mauricio con Valeria Beltrán en su propia cama. Él esperaba lágrimas y otra oportunidad. Camila le entregó los papeles del divorcio, reclamó lo que le correspondía y se marchó sin mirar atrás.
Poco después, Gabriel Beltrán, el padre de Valeria, apareció para disculparse. Era mayor que Camila, poderoso y peligrosamente atento. Lo que comenzó como una disculpa pronto se convirtió en una atracción imposible de ocultar.
Su relación desató un escándalo. Si Camila se casaba con Gabriel, la amante de su ex se convertiría en su hijastra y el hombre que la traicionó terminaría siendo su yerno.
Pero Gabriel ocultaba algo más inquietante: no se había enamorado de Camila después del divorcio. Llevaba años observándola y esperando que fuera libre.
Camila creyó que lo había elegido. Tal vez Gabriel la había elegido mucho antes.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 35

Capítulo 35

Mauricio miró a Valeria con los ojos llenos de incredulidad.

Se levantó de golpe.

—¿Qué dijiste? Eres una mujer demasiado calculadora.

La rabia le tensó la mandíbula.

Valeria adoptó una expresión inocente.

—Tú acabas de proponerlo. Cada quien administra lo suyo y no volvemos a comprar nada juntos.

Solo entonces comprendió algo.

Muchas de las etiquetas que había escuchado sobre Camila habían sido inventadas por ellos.

Al iniciar su relación con Mauricio, Valeria se indignó cuando supo que Camila quería mantener una parte de su dinero separada. Aseguró que ella jamás viviría así. En un matrimonio no debía existir lo tuyo y lo mío; los esposos tenían que unirlo todo y luchar juntos.

Ahora veía la verdad.

Mauricio y Teresa querían convertirla en una fuente inagotable de dinero.

Primero exigieron el departamento de Residencial Los Encinos.

Cuando no pudieron conseguirlo, buscaron otra manera de quedarse con sus bienes.

—Sí lo dije, pero esperaba que los dos trabajáramos y soportáramos juntos los años difíciles —respondió Mauricio con una voz agraviada—. Somos jóvenes y todavía no confiamos por completo uno en el otro. Por eso pensé que la escritura podía quedar a nombre de mi madre. Así ninguno tendría motivos para sospechar.

El corazón de Valeria se enfrió todavía más.

¿Mauricio la consideraba ingenua o completamente estúpida?

¿Creía que una sola frase bastaría para que ella pusiera todas sus propiedades a nombre de Teresa?

En ese momento, la puerta se abrió.

Teresa salió de la habitación y corrió hacia su hijo.

Le acarició la espalda.

—¿Qué sucede? ¿Por qué estás tan enojado?

Mauricio miró a su madre como un hombre herido.

—Piensa que quiero robarle sus propiedades. Ya acepté no aparecer como dueño y aun así no está satisfecha.

Teresa dejó escapar un suspiro.

—Las niñas ricas crecen demasiado consentidas. Su padre les da todo y, en cuanto alguien dice algo que no les gusta, creen que están siendo maltratadas. Son desconfiadas, inmaduras y caprichosas.

Valeria observó a madre e hijo interpretar sus papeles.

De pronto recordó lo que había sufrido Camila.

Cuando Mauricio y su exesposa compraron una casa, ¿habían usado el mismo método para excluirla?

En aquel entonces, Camila pidió que su nombre apareciera en la escritura. Mauricio estuvo de acuerdo al principio.

Teresa temió que su hijo cediera y habló con él a escondidas.

—Hoy pregunté en varias inmobiliarias —le dijo—. Me explicaron que solo pueden aparecer los dos nombres si pagan de contado. Si usan un crédito, tendrá que quedar a nombre de una sola persona.

Luego fingió preocupación.

—No se lo digas a Camila. Es demasiado desconfiada y siempre carga resentimiento. Cuando se entere de que no puede aparecer como propietaria, armará un escándalo. No quiero que termines agotado ni que su matrimonio sufra. Por eso pregunté en tantos lugares. Yo sí intenté encontrar una manera de incluirla.

Mauricio se conmovió.

Su madre era maravillosa. Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por él.

Fue con Camila y le explicó que ella debía ayudar a pagar el crédito. Cuando terminaran, podrían agregar su nombre.

Camila se negó y discutieron.

Mauricio la acusó de contar cada peso.

Eran esposos. ¿Por qué no podía confiar?

Una vez más, Teresa había tenido razón. Ella predijo que Camila armaría un problema y le pidió que callara para protegerlo. Sin embargo, Mauricio decidió ser sincero porque todavía creía que su esposa era razonable.

El resultado fue una pelea.

Camila dudó de él y lastimó a su madre.

En su memoria, la culpa siempre fue de una esposa desagradecida que no supo apreciar a una suegra perfecta.

—Valeria, yo sí quería construir una vida contigo —dijo Mauricio con voz quebrada—. Quería que nos amáramos sin dividir nada. ¿Por qué desconfías de mí todo el tiempo? Una casa es solo una casa. El nombre de la escritura no cambia a quién pertenece.

La miró con decepción.

—No crees en nuestro amor.

—Valeria, sé que estás enojada —añadió Teresa—. Si necesitas descargarlo, hazlo conmigo. No destruyas tu matrimonio por una cosa tan pequeña.

Se sorbió la nariz.

—Si no quieres que la casa esté a mi nombre, no lo estará. No vale la pena que ustedes peleen. Como perdiste a tu madre cuando eras pequeña, nunca pudiste recibir amor materno. Yo quise darte ese cariño, pero tal vez confundiste mi preocupación con ambición.

Las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos.

—Perdóname. Debí cuidarte menos para que no sospecharas de nosotros.

Mauricio le dio unas palmadas en la espalda.

—No llores, mamá. No hiciste nada malo. Valeria no conoce el amor de una madre y por eso no sabe comprenderte.

Una sonrisa helada apareció en los labios de Valeria.

Cruzó los brazos y contempló a aquellos dos actores.

Mauricio sintió que la actitud de su esposa era una ofensa.

—¿Qué clase de mirada es esa? Mi madre te quiere y te cuida. ¿No te importa verla llorar? Sal y busca otra suegra como ella. ¿Qué mujer sacrifica sus propios intereses para proteger el matrimonio de sus hijos? No tienes vergüenza.

Valeria soltó una risa.

—¿Sacrificar qué? Ella no iba a pagar la casa. ¿Renunciar a aparecer como propietaria de algo que no compró se considera un sacrificio?

Su tono se volvió burlón.

—¿La única verdad aceptable es que yo le regale una propiedad? ¿Para ser buena esposa tengo que tragarme cada humillación? ¿Por qué debo lastimarme para demostrar que soy madura?

Mauricio la miró con los ojos desorbitados.

—Me decepcionas. Ahora no trabajas. Yo pago los gastos y mi madre te atiende en casa. ¿Por qué no sabes agradecer?

La mirada de Valeria se hizo todavía más fría.

—¿Agradecer? Llevo a tu hijo en el vientre. ¿Por qué ninguno agradece lo que yo estoy soportando?

—Tú decidiste embarazarte. Nadie te obligó.

La voz de Mauricio perdió todo rastro de ternura.

—Ya casi tienes cinco meses. ¿Ahora pretendes culparnos porque el embarazo es difícil? ¿No fuiste tú quien lo utilizó para conseguir un lugar a mi lado?

Valeria comenzó a temblar.

—Me dijiste que Camila no podía embarazarse y que deseabas un hijo. Yo decidí tenerlo por ti. Todo el mundo me acusa de usar el embarazo para reemplazarla. He soportado presión y desprecio por esta relación.

Teresa dejó escapar una risa cruel.

—¿Presión? Si de verdad te pesaba tanto, no habrías corrido a casarte con Mauricio.

La recorrió con desprecio.

—Tu padre no aprobaba el matrimonio y aun así sacaste tus documentos de su caja fuerte para entregarte en la puerta de esta familia. Nosotros no te rechazamos aunque viniste sin que nadie te pidiera. ¿Y ahora te atreves a decir que queremos aprovechararnos? Te regalaste y todavía exiges que te tratemos como si fueras un premio.

Valeria cerró los puños para contener el temblor.

Por primera vez veía sin disfraces a la familia con la que se había casado.

—Mamá, ya no sigas —dijo Mauricio, aunque no había verdadera intención de detenerla—. ¿Qué aportó al matrimonio?

—No hubo apoyo de su familia, propiedades nuevas ni una boda. Otros suegros ayudan a la hija y respaldan al yerno. El padre de Valeria me desprecia. No recibí nada.

Mauricio alzó la voz.

—Incluso Camila aportó más. ¿Para qué me casé contigo? No trajiste casa, dinero ni contactos. Tu familia se niega a ayudarme. Aun así acepté que vinieras a buscarme, y ahora eres tú quien cuenta cada centavo y se comporta como una niña rica malcriada.

La verdad que había intentado ocultar salió sin control: creyó que entrar a la familia Beltrán resolvería su futuro, pero solo había recibido los insultos de Gabriel y las burlas de Camila por vivir del dinero de una mujer.

Cada palabra la hirió. Había creído que Mauricio comprendería sus sacrificios y la amaría por encima de todo; ahora él usaba contra ella los documentos que sacó a escondidas y su carrera al Registro Civil. Para Mauricio, solo era una mujer que se había ofrecido sola y utilizó un embarazo para desplazar a la esposa.

Caminó en silencio hacia la recámara y cerró la puerta con suavidad.

Se acarició el vientre y miró por la ventana.

Una sonrisa amarga apareció en sus labios. Durante meses había confundido sus sacrificios con una gran historia de amor.

Para los Zamora, cada cosa que les entregaba solo demostraba cuánto merecían recibir.

Si ella aceptaba casarse sin una boda ni bienes, no era porque amara a Mauricio. Según ellos, era porque Mauricio era tan maravilloso que podía conseguir una esposa rica sin gastar.

Las lágrimas recorrieron sus mejillas y cayeron sobre la mano que protegía su vientre. Había sido ingenua al creer que darlo todo garantizaba recibir amor.

Creyó que un hombre capaz de engañar a su esposa podía conocer el amor verdadero.

En la sala, Mauricio y Teresa vieron cómo se retiraba.

Intercambiaron una mirada.

Por fin habían logrado someterla.

A partir de ese momento, no se atrevería a desafiarlos.

Ya conocían el punto exacto con el que podían aplastarla.

La puerta volvió a abrirse.

Valeria se había vestido y caminaba hacia la salida.

—¿Adónde vas? —preguntó Mauricio con indiferencia.

Ella no se volvió.

Salió del departamento.

Mientras cerraba, todavía escuchó a Teresa fingiendo palabras de consuelo. Su voz zumbaba como una mosca.

Valeria avanzó hacia el elevador con pasos inestables.

Presionó el botón con una mano temblorosa.

Respiraba con dificultad.

Su vientre de casi cinco meses ya era visible.

Por primera vez no sintió que llevara el fruto de su amor.

Llevaba una burla.

Una historia inventada por ella misma para engañarse.

Mauricio caminó hasta la puerta y echó el seguro.

—Es una desagradecida. Unas horas afuera y aprenderá a comportarse.

Regresó al sofá y miró el teléfono.

—Esta vez sí la corregimos —dijo Teresa con frialdad—. Veremos si vuelve a desafiar a su esposo. No sabe agradecer nada.

Temió que Mauricio notara la crueldad de su expresión y la cambió de inmediato por un gesto preocupado.

—Pero está embarazada. ¿No será peligroso dejarla sola? Me preocupa mucho.

Mauricio no mostró interés.

—No pasará nada. Gabriel ya tiene a otra mujer y dejó de preocuparse por su hija. Su novia es Lucía. Si Valeria corre a quejarse, solo hará el ridículo.

Se burló.

—Tiene demasiado orgullo. Llorará un rato y volverá. No tiene madre y su padre ya no la quiere. Además, ni siquiera obtuve nada de este matrimonio. La familia de Camila era un grupo de pobres inútiles, pero al menos ella trabajaba. Creí que Valeria, como heredera de los Beltrán, serviría para algo. No recibí un peso.

Teresa sonrió ligeramente.

Su hijo se parecía cada vez más a ella.

Eso era bueno.

Así nadie podría aprovecharse de él.

Había aprendido a controlar a los demás y sacar provecho.

—La criaron como princesa y por eso debemos educarla. Tiene que respetar a sus mayores. Gabriel vive dedicado a los negocios y nunca le enseñó a ser esposa.

Teresa suspiró y se sentó junto a Mauricio.

Le dio palmadas en la mano.

—Debemos tratarla con paciencia. Yo soy una mujer de fe y sé que el sufrimiento purifica. Cada vez que me insulta, me ayuda a pagar mis pecados.

Su voz adquirió una falsa bondad.

—Y cada vez que se enoja y guarda resentimiento, se hace daño a sí misma. Si sigue así durante años, terminará con cáncer o depresión. Por eso hay que comprenderla.

Mauricio contempló el rostro supuestamente compasivo de su madre y sintió dolor por ella.

Debió salvar al mundo en otra vida para merecer una mujer tan noble y generosa.

—Eres demasiado buena. Yo fui quien se equivocó. Me casé dos veces con mujeres inmaduras y las dos terminaron causándote sufrimiento.

Las lágrimas bajaron por las mejillas de Teresa.

—No importa. Si tú eres feliz, cualquier dolor que yo soporte vale la pena.

Hizo una pausa.

—Ve a buscar a Valeria. Está embarazada. Si hace una tontería, Gabriel nos destruirá. Y el departamento todavía es de ella. No conviene exagerar. Convéncela de volver.

Mauricio dudó.

Poco a poco, reconoció que se había dejado llevar.

Valeria no había roto por completo con Gabriel. Padre e hija solo estaban peleados. Él seguía cubriendo sus necesidades.

Además, Mauricio ya estaba casado y vivía en una propiedad de Valeria. Si ella se enfurecía y los echaba a él y a Teresa, la humillación sería mucho mayor.

Era su segundo matrimonio.

Otro divorcio sería vergonzoso.

Y que su esposa lo expulsara de casa sería todavía peor.

Lo mejor era tranquilizarla.

Después de todo, ya conocía sus debilidades. Más adelante no se atrevería a resistirse.

Mauricio llamó.

El teléfono sonó durante mucho tiempo.

No hubo respuesta.

Al principio no le dio importancia.

Entonces recordó la expresión vacía de Valeria al salir y sintió que el pecho se le apretaba.

Llamó otra vez.

Y otra.

En el noveno intento, ella respondió.

—¿Dónde estás?

—En el hospital.

Su voz no contenía ninguna emoción.

—¿Qué haces ahí?

—Voy a interrumpir el embarazo.

Las palabras fueron planas.

—¿Qué? ¿Vas a abortar?

Mauricio saltó del sofá.

—Valeria, nuestros problemas se resuelven entre nosotros. ¡No uses al bebé para vengarte!

Teresa escuchó y se puso rígida.

El color abandonó su rostro.

El bebé era la principal herramienta que todavía los unía a Valeria.

Si ella terminaba el embarazo, podría romper con ellos por completo. Gabriel tendría las manos libres para destruirlos.

Teresa corrió, le arrebató el celular a su hijo y habló con voz temblorosa.

—No. Valeria, no tomes una decisión impulsiva. La pelea fue culpa mía. No te desquites con el bebé. Es una vida y también es tu hijo.

Mauricio gritó junto al teléfono:

—¡Mi madre ya se disculpó! Deja de comportarte como una niña. Si le haces algo a mi hijo, jamás voy a perdonarte.

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Adriana Trejo
hay Teresa si que eres ... hipócrita !! y Gabriel tu hija es bastante grande para entender que esta mal o bien 😒 sabía que se metia con un hombre casado y Gabriel por inútil se merecen los 2 👍
Adriana Trejo
ojalá te lleves un buen chasco con valeria por inútil infeliz 😡 y también veas las 2 caras de la bruja de tu madre , Mauricio !!😡
Adriana Trejo
ese hombre tendrá mucho trabajo si se pone en plan conquista , por solo ser el padre de valeria , y será incomoda la situación hasta que pase un poco de tiempo y camila sane 🤔
Isabel Burelo
me encanto la historia desde el inicio hasta el final.❤️❤️
Myriam Ramirez
muy buenas Novela felicidades
carolina morales
me gusto la historia muy chistosa, pero muy cruel el final de Valentina ella merecía una segunda oportunidad, tan poco el de Santiago... lo que si fueron de madre e hijo. pero igual disfrute su novela
Lucy alejo
muy bien hecho 👌🏻🤭
Adriana Trejo
que bien va camila con esto de la traición divorcio y la repartija de bienes 👍
Johana Mairena
que lastima hasta el final fue malo su comportamiento😞 llegar a dañar a los bebés
Adriana Trejo
así con este lío ! comenzando
sonya martz
Ne! siento que Valeria tiene un As bajo la manga 🤔/Bye-Bye/
Edith Zenteno
ummmm raro si Teresa le daba aguas de yerbas abortivas? por otro lado Valeria entro sola al ultrasonido? muy raro Mauricio y Teresa esperaron afuera y cuando salio le preguntaron como estaba todo y ella solo dijo todo bien muy raro 😐
Edith Zenteno
ya me estoy aburriendo muchos capítulos y sigue igual
Graciela Mauchiere
va safar valeria...ya puso los ojos en otra
Irene Passeri
muy divertida...👏👏👏😂😂😂😂
Lupita Espinoza Castro
Gracias escritora
sonya martz
me dió pena ajena Teresa jajaja pobre ilusa /Chuckle//Chuckle//Chuckle//Chuckle//Chuckle//Chuckle/
sonya martz
bah! pobre iluso
Gladis Erazo
exelente
Graciela Mauchiere
dios mio ni las hienas son asi
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