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INFIELES

INFIELES

Status: En proceso
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Romance oscuro
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: R Torres

🔥🔞⚠️ EXCLUSIVA PARA PUBLICO ADULTO 🔥🔞⚠️

Mónica, obligada a casarse con Valentín Marín para saldar la deuda de su padre, descubre que su nuevo esposo la ve como propiedad. En su noche de bodas, conoce a Lucas, el hermano de Valentín, quien le advierte sobre el destino de la esposa anterior y le ofrece su ayuda. Atrapada entre el miedo y el deseo, ella comienza a acercarse al único hombre que podría ayudarla a escapar de aquel matrimonio, sin imaginar que Lucas también guarda secretos y que sus intenciones están lejos de ser desinteresadas.

NovelToon tiene autorización de R Torres para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

24. Estás estrecha (+18)

A las diez en punto, el pasillo de azulejos sevillanos estaba a oscuras. Solo la luz de emergencia del electrodoméstico de la cocina proyectaba una línea verde a ras del suelo. Valentín se deshizo de los zapatos junto a la pared, sin alinearlos, y caminó descalzo sobre las losas. El frío le subió por los talones hasta los gemelos. Abrió la puerta del dormitorio.

Mónica dormía de lado, encogida sobre sí misma bajo la sábana. La camisola de algodón blanco se le había retorcido alrededor de la cintura, dejando al descubierto un muslo pálido hasta la ingle. La luz del reloj de la mesilla le dibujaba una franja azulada en la mejilla. Tenía el pelo extendido sobre la almohada. Respiraba con la regularidad de quien ha conseguido dormirse hacía poco, el pecho subiendo y bajando con un ritmo lento que hacía que la tela de la camisola se tensara y aflojara sobre sus pechos.

Valentín se quedó de pie junto a la cama. Sus ojos negros recorrieron la línea del cuello, la curva del hombro, la tira de la camisola que se había deslizado dejando la clavícula al aire. Alargó la mano y le apartó el pelo de la cara con dos dedos. Mónica se movió, un quejido sordo que se perdió en la almohada.

- “Despierta”, dijo Valentín.

No fue una petición. Fue una orden pronunciada en voz baja. Se sentó en el borde de la cama. El colchón se hundió bajo su peso, y el movimiento sacudió el cuerpo de Mónica, que abrió los ojos de golpe.

Parpadeó. La penumbra del dormitorio solo le permitió distinguir la silueta de Valentín sobre Mónica, el contorno de sus hombros anchos bajo la camisa gris, la sombra de barba en la mandíbula. Se incorporó sobre los codos, despistada, con el pelo cayéndole por la cara.

- “¿Qué hora es?”, preguntó Mónica con la voz pastosa.

- “Las diez, échate”, dijo Valentín.

Mónica obedeció. Lo hizo despacio, con la rigidez de quien no sabe qué viene después, pero sabe que viene algo. Valentín se desabrochó los botones de la camisa uno a uno, sin prisa, exponiendo el pecho cubierto de pelo negro, la cicatriz larga del costado izquierdo, el tatuaje de la espada y la serpiente en el hombro derecho. Se quitó la camisa y la dejó doblada sobre el respaldo de la silla donde colgaba el traje azul marino. Luego los pantalones. Los calzoncillos negros. Se quedó de pie junto a la cama, desnudo, con la erección ya empezando a marcar el contorno bajo la tela justo antes de bajarlos.

Mónica no apartó la mirada de la pared del fondo. El miedo le tensaba los hombros bajo la camisola. La la primera y única vez el dolor físico había sido lo bastante agudo como para que recordara la sensación de ser atravesada por algo que no tenía nada que ver con el deseo.

Valentín se acostó sobre Mónica. El peso de su torso la aplastó contra el colchón, y la piel de Mónica se estremeció con el contacto del pelo de su pecho contra sus pechos a través del algodón. Él le subió la camisola hasta la cintura con un tirón seco. Sin preliminares. Le abrió las piernas con la rodilla, separándole los muslos.

Mónica notó el aire del dormitorio entre las piernas, fresco contra la piel que empezaba a humedecerse a pesar de todo. Cerró los ojos. Cuando notó los dedos de Valentín apartando la tela de sus bragas, su cuerpo se tensó de golpe. Él no se detuvo. Apartó la tira de algodón hacia un lado y acercó la punta de su masculinidad a la entrada de su intimidad. Estaba caliente, seca todavía. Él no pareció importarle.

La primera embestida la hizo respirar con un jadeo entrecortado. No era tan dolorosa como la primera vez, pero la torpeza de Mónica se manifestó en cómo sus caderas no supieron acompañar el movimiento, en cómo sus manos buscaron instintivamente los hombros de Valentín y luego se quedaron allí, flotando sin saber si empujar o agarrar. Él la penetró hasta el fondo con una sola embestida, y Mónica emitió un sonido que no era un gemido ni un quejido, sino algo intermedio, un ruido involuntario que le salió del fondo de la garganta como un hipo.

Valentín empezó a moverse con un ritmo constante. Sus caderas golpeaban las de Mónica con un sonido sordo de carne contra carne que rebotaba en las paredes del dormitorio. Mónica mantuvo los ojos cerrados. Cada embestida la empujaba hacia la cabecera, y su cabeza chocaba contra la madera con un golpeteo suave pero constante. Tuvo que poner las manos por encima de la cabeza para amortiguar el impacto.

- “Mírame”, dijo Valentín sin detenerse.

Mónica abrió los ojos. Los de él estaban a tres centímetros de los suyos, oscuros, casi negros, sin parpadeo. Ella intentó sostenerle la mirada. Lo aguantó tres embestidas. En la cuarta, giró la cabeza hacia un lado. Valentín le agarró la mandíbula con la mano derecha y le volvió a girar la cara hacia él. Los dedos le presionaban las mejillas, dejándole marcas rojas en la piel blanca.

- “No mires a la pared. Mírame a mí”, exigió Valentín.

Mónica le miró. Sus ojos se llenaron de algo que no era deseo ni miedo exactamente, sino la concentración de alguien que está intentando no fallar en una tarea difícil. Valentín soltó la mandíbula y bajó la mano hacia el muslo de Mónica, agarrándolo por la cara interna y levantándolo para abrirla más. Los dedos le presionaron la carne, y Mónica contuvo el aliento.

La tirita de la nalga izquierda. La marca de la inyección. El pensamiento la golpeó como un latigazo. Valentín tenía la mano derecha en su muslo, a centímetros de la zona donde la aguja había entrado esa misma mañana en la farmacia de la calle Feria. Si movía los dedos unos centímetros más abajo, si la giraba, si rozaba la tirita adhesiva blanca que cubría el punto de inyección en el glúteo izquierdo, lo vería. Y entonces preguntaría. Y entonces tendría que responder.

Mónica movió la cadera izquierda hacia abajo, pegándola al colchón. El movimiento hizo que el ángulo de penetración cambiara, y Valentín emitió un gruñido bajo que Mónica interpretó como aprobación. Él profundizó la embestida siguiente, clavándose con más fuerza, y Mónica tuvo que morderse el labio inferior para no gritar. No de placer. De la incomodidad del ángulo nuevo.

- “Estás estrecha”, dijo Valentín, con la voz ronca.

Mónica no respondió. No sabía qué responder. Mónica no tenía guion para esto. Tragó saliva y musitó algo que no llegaba a ser palabra.

- “¿Qué?”, preguntó él sin detener el ritmo.

- “Nada”, dijo Mónica. “Nada”.

Valentín le soltó el muslo. Mónica respiró. Pero la mano subió hacia la cintura, agarrándola por la cadera, y la mantuvo clavada contra el colchón mientras él cambiaba el ángulo de nuevo. Las caderas de él golpeaban con más fuerza ahora, y el sonido de piel contra piel se hizo más húmedo porque el cuerpo de Mónica, a pesar de todo, a pesar del miedo y la torpeza, estaba respondiendo. Se estaba lubricando. Su intimidad la envolvía con su calor y humedad, y la masculinidad de Valentín entraba y salía con un sonido obsceno de succión que Mónica habría querido no oír.

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Ana Elena Jiménez
esperemos que puedan salir con vida de ahí y puedan ser felices,y el Valentín se conforme con su amada Inés
Ana Elena Jiménez
el verdadero disfrute 🔥🔥🔥🔥
Ana Isabel
Muy bueno
Ana Elena Jiménez
lucas si te va hacer disfrutar de lo bueno 🔥🔥🔥
Ana Elena Jiménez
ella quiere que pase de todo todito 🔥🔥🔥
Rossana🥰
Lucas, protegerla, xq tu hermano te mata, y a esa Inés no hay q darle chance
Yura Ran
vamos Lucas sale fino
Yura Ran
muy buena y deseo leer más. @RTorres
Ana Elena Jiménez
eres arriesgada Mónica
Ana Elena Jiménez
oohhh oohhh esto se está poniendo muy interesante, ella quiere sentir ese 🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥 ardiente
Ana Elena Jiménez
🥺🥺🥺🥺🥺🥺
Ana Elena Jiménez
😬😬😬😬😬🤦🤦
Ana Elena Jiménez
Inés,Inés, Inés esto ya es un tras pies 😬😬
Ana Elena Jiménez
🤦🤦🤦🤦🤦🤦
Ana Elena Jiménez
🤨🤨🤨🤨🤨
Ana Elena Jiménez
😬😬😬😬😬😬
Ana Elena Jiménez
😱😱😱😱😱😱
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
que te lo puedes arrebatar bruja
Ana Elena Jiménez
🤦🤦🤦🤦
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