La abogada más brillante de su generación murió a traición... y despertó dentro del cuerpo de Aura Luminar, la hija de un duque a quien su propio prometido, el príncipe Luis, acababa de empujar al fondo de un lago helado para quedarse con su amante.
Craso error.
La joven ingenua que se ahogó por amor ya no existe. Quien sube ahora a la orilla es una mujer de mente fría y lengua afilada, decidida a hacer que todos los que la traicionaron paguen hasta el último centavo. Pero la venganza abierta es un desperdicio: para destruir a un príncipe heredero necesita un arma más letal, alguien que esté por encima de él. Un solo nombre encaja: Zane Caliber, el emperador temido en todo el imperio, un hombre glacial, intocable, que ha mantenido vacío el trono de la emperatriz durante años.
Aura planea usarlo. Lo que no calcula es que ese soberano de hielo, acostumbrado a que el mundo se arrodille ante él, quede fascinado justamente por la única mujer que se atreve a rechazarlo, a desafiarlo y a llamarlo "viejo loco" a la cara.
Entre duelos verbales en la corte, complots que buscan su muerte y enemigos que se niegan a caer, la guerra de Aura por la justicia se irá transformando en algo mucho más peligroso: un amor que ninguno de los dos pidió, pero al que ya no podrán renunciar.
Fue desechada por el príncipe. Reinará en el corazón del emperador.
NovelToon tiene autorización de hofi03 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El centro de atención
La noche del banquete, el palacio imperial lucía majestuoso y resplandeciente.
Las colosales arañas de cristal que colgaban del techo del salón principal reflejaban una luz dorada que iluminaba a las decenas de nobles que charlaban con una copa de vino en la mano.
En medio de la muchedumbre de invitados, dos figuras cruzaron de pronto la puerta principal del salón, abierta de par en par, y al instante acapararon la atención de todas las miradas de la sala.
Aura avanzaba con elegancia, enfundada en un vestido de gala de un verde esmeralda profundo que le ceñía el cuerpo a la perfección, adornado con pequeñas gemas verdes que centelleaban cada vez que las alcanzaba el reflejo de las luces.
Llevaba su larga cabellera recogida a medias con un broche, lo que hacía que su cuello esbelto y su bello rostro resultaran aún más cautivadores.
A su lado, Ethan caminaba gallardo, con un uniforme militar de gala negro y una insignia de oro reluciente en el pecho; le ofrecía su brazo firme como apoyo para la mano delicada de Aura.
Al instante, un bullicio de murmullos retumbó por todos los rincones del salón.
¿E-esa no es la señorita Aura Luminar?
¡Sí! Y el hombre a su lado... es el joven señor Ethan, de la familia militar, ¿verdad? ¿Cuándo regresó de la frontera?
Vaya, hace nada la dejó el príncipe Luis y ya va del brazo de un oficial joven, mucho más apuesto y gallardo. ¡Qué atrevida esa mujer!
Aura ignoró todos los murmullos de envidia y curiosidad a su alrededor.
Al contrario, la muchacha alzó el mentón aún más y exhibió la sonrisa de medio lado más elegante, esa que hizo que las damas nobles se sintieran de pronto opacadas.
Ethan echó una mirada de reojo a Aura, que se veía rebosante de seguridad, y sonrió apenas.
—Mira, apenas hemos entrado y esas ratas chismosas ya han enmudecido al vernos —le susurró justo al lado de la oreja.
Aura soltó un leve bufido y paseó una mirada afilada por toda la sala.
—Que hablen cuanto quieran —respondió con calma.
—No he venido a escuchar sus tonterías —añadió con desgana.
Entretanto, el emperador Zane estaba sentado en su trono, con un aura que infundía respeto a todos los presentes.
Sus ojos de águila, penetrantes, llevaban un buen rato vigilando cada movimiento en la entrada.
En cuanto vio la figura de Aura cruzar el umbral del brazo de un hombre, el rostro del emperador Zane se tornó gélido al instante.
La mano con que sujetaba la copa de cristal de vino tinto se apretó hasta que los nudillos se le pusieron blancos, conteniendo la ira.
Nico, que se mantenía fiel junto al trono, sintió un escalofrío de pronto al notar que la temperatura del aire alrededor del emperador caía en picada en cuestión de segundos.
Nico siguió la dirección de la mirada de su señor y tragó saliva con dificultad al descubrir quién era el hombre del que iba colgada la señorita Aura.
—S-Su Majestad... es el joven señor Ethan, regresó ayer de la frontera —masculló Nico en voz baja, tratando de informarle antes de que su señor estallara.
El emperador Zane no respondió.
Aquel hombre de cabello plateado entornó los ojos con dureza, la mirada clavada en Ethan, que sonreía con toda familiaridad a Aura.
—Cómo se atreve ese mocoso insignificante a tocar lo que es mío —masculló el emperador Zane con una voz grave que sonó como el gruñido de un león hambriento.
Nico se frotó la nuca, que sentía helada.
¿Lo que es suyo, Su Majestad? ¿Acaso la señorita Aura no rechazó de plano sus obsequios y sus proposiciones apenas ayer?, protestó Nico para sus adentros, aunque no tuvo el valor de decirlo en voz alta.
Allá abajo, Aura y Ethan caminaban con toda calma hacia la mesa de los aperitivos, sin percatarse en absoluto de que un par de ojos de águila, cargados de celos, les taladraban la espalda.
—Aura, parece que esos viejos ministros nos quieren devorar vivos con la mirada —susurró Ethan con una risita, tomando dos copas de vino de la bandeja de un sirviente que pasaba.
Aura aceptó una copa y bebió un sorbo despacio, con elegancia.
—Que los dejen —respondió, indiferente.
—Solo tienen envidia porque no se atreven a armar el revuelo que armamos nosotros —dijo con desdén, esbozando una sonrisa de medio lado.
De repente, un sirviente del palacio se acercó a ellos a toda prisa, con la respiración entrecortada.
—J-joven señor Ethan... señorita Aura Luminar... —los llamó el sirviente, nervioso.
Aura arqueó una ceja y lo miró con desdén.
—¿Qué ocurre? No me digas que alguien importante quiere quejarse porque mi vestido es demasiado bonito —preguntó Aura, muy segura de sí misma.
Ethan estuvo a punto de estallar en carcajadas al oír la respuesta tan confiada de Aura.
El sirviente, en cambio, negó rápido con la cabeza y luego hizo una profunda reverencia con el cuerpo tembloroso.
—N-no, señorita... Su Majestad el Emperador... ¡El emperador les ordena a los dos presentarse ante el trono ahora mismo! —dijo el sirviente, balbuceando.
El corazón de Aura dio un vuelco.
Al oír que la llamaba el emperador, se le desbocó el pulso al instante.
La sonrisa relajada de su rostro se le congeló de golpe.
Ethan, que hasta entonces sonreía tranquilo, frunció el ceño de inmediato y miró al sirviente con recelo.
—¿El emperador nos llama a los dos? —repitió Ethan para asegurarse.
—A-así es, joven señor —respondió el sirviente, muerto de miedo.
Aura soltó un suspiro brusco y apretó los dedos entre los pliegues de su vestido esmeralda.
Ese viejo loco, seguro que otra vez busca pleito a propósito, pensó Aura, refunfuñando de fastidio en su interior.
Ethan se volvió hacia Aura y reparó en el rostro de su amiga, que de pronto se había puesto tenso.
—Aura, ¿qué te pasa? Te has quedado pálida —preguntó, extrañado.
Aura tomó aire hondo, tratando de serenar el pulso que se le había disparado.
—No es nada —respondió deprisa, esforzándose por poner la expresión más tranquila posible.
—Vamos a ver al emperador; si rechazamos su llamado, el asunto puede complicarse aún más —dijo Aura, adelantándose a Ethan.
Ethan asintió, obediente, y caminó justo al lado de Aura en actitud alerta, protegiendo a su amiga.
—Tranquila, si el emperador se pone difícil, yo doy la cara —le susurró Ethan para darle ánimos.
Aura le echó una mirada fugaz y esbozó una sonrisa tenue, aunque tenía los nervios hechos un desastre.
—No te vengas arriba tan pronto; con quien vas a hablar es con el soberano del imperio, no con un soldado raso de la frontera —lo pinchó en voz baja.
—Bueno, al menos tengo una espada para protegerte —respondió Ethan con una risita.
Lo que Ethan no sabía era que Aura no le temía al emperador; lo suyo era más bien fastidio con aquel hombre. Y era lógico que él pensara lo contrario: ¿quién iba a imaginar que Aura y el emperador tuvieran algún tipo de relación?
Todas las miradas del gran salón se posaron ahora en Aura y Ethan, que avanzaban uno al lado del otro hacia el estrado del trono principal.
En su trono, el emperador Zane estaba sentado muy erguido, la mirada clavada con dureza en las dos figuras que se acercaban cada vez más.
Aura podía sentir el aura fría y amenazante que emanaba directamente del cuerpo del emperador, lo que le erizó un poco la piel.
En cuanto llegaron ante el trono, Ethan hizo de inmediato una reverencia respetuosa con una mano sobre el pecho, mientras que Aura ejecutó el gesto de cortesía propio de la nobleza, alzando apenas el borde de su vestido.