Sinopsis: Enamorada del hermano de mi novio
Todo comienza cuando Gabriel Montes presenta a su novia, Kerly Sánchez, a su familia, sin imaginar que su propio hermano, Elian Montes, terminará enamorándose perdidamente de ella. Lo que empieza como una simple atracción se convierte en un amor prohibido que ninguno de los dos puede controlar. A escondidas de Gabriel, Elian y Kerly comienzan una relación clandestina, arriesgándose a destruir los lazos familiares por un sentimiento que crece cada día más. Pero cuando Gabriel descubre la traición, tendrá que decidir hasta dónde está dispuesto a llegar contra su propia sangre por la mujer que ama.
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Capítulo 21: ¡Mi propio papá me dio un puñetazo!
POV: Elian Montes
Me estaba vistiendo cuando escuché la voz de mi papá desde el primer piso.
—¡ELIAN! ¡BAJÁ INMEDIATAMENTE, QUE TENEMOS QUE HABLAR!
Ve, cuando escuché ese grito, supe que Gabriel ya le había contado todo. ¡Juepucha! Yo sabía que tarde o temprano iba a pasar, pero no pensé que tan rápido.
Me puse una camiseta negra, terminé de abrocharme los jeans y miré a Kerly, que estaba sentada en mi cama con los ojos hinchados de tanto llorar.
—Mami, quedate tranquila. Yo voy a hablar con mi papá.
—Elian, tengo miedo —me respondió—. Tu papá está muy bravo. ¿Y si las cosas se ponen peores?
Me acerqué a ella y le agarré las manos.
—Tranquila, preciosa. Pase lo que pase, yo voy a dar la cara. Esto también fue decisión mía.
Kerly me abrazó por la cintura.
—Perdoname, amor. Nunca quise que terminaras peleado con tu familia por mi culpa.
Le acaricié el cabello.
—No me digás eso. Yo también tomé mis decisiones, ¿oíste? No te voy a echar toda la culpa a vos.
Después de darle un beso en la frente, salimos de la habitación y empezamos a bajar las escaleras.
Mi papá estaba parado en medio de la sala, con los brazos cruzados y una expresión que jamás le había visto. Gabriel estaba sentado en el sofá, mirando hacia el suelo, mientras mi mamá permanecía cerca de la ventana, visiblemente preocupada.
—¡Mirá quién apareció! —soltó mi papá apenas me vio—. ¡El gran Elian Montes!
—Buenos días para vos también, pa —respondí, intentando mantener la calma.
—¡No me vengás con esas estupideces! ¿Es verdad lo que me contó Gabriel?
Miré a mi hermano. Él levantó la cabeza y me sostuvo la mirada.
—Sí, pa. Es verdad.
Mi papá se acercó y me señaló con el dedo.
—¡¿Vos te acostaste con la novia de tu propio hermano?!
—¡Pa, calmate! Hablemos bien.
—¡¿QUE ME CALME?! ¡¿VOS SABÉS LA VERGÜENZA QUE NOS ESTÁS HACIENDO PASAR?!
Kerly dio un paso hacia adelante.
—Señor, por favor, yo también tengo responsabilidad en esto…
—Vos esperá un momento, muchacha. Ahora estoy hablando con mi hijo.
Me molestó la manera en que le habló, pero antes de que pudiera responder, mi papá se acercó todavía más.
—Toda la vida has sido un irresponsable, Elian. Siempre haciendo lo que te da la gana. ¡Pero jamás pensé que fueras capaz de traicionar a tu propia sangre!
—¡Yo no planeé enamorarme de ella, pa! —respondí, alzando la voz—. ¡Las cosas se dieron y yo no voy a mentir sobre lo que siento!
—¡¿Y eso justifica lo que hiciste?!
—¡No estoy diciendo que esté bien! ¡Pero tampoco voy a fingir que no la amo!
Mi papá apretó la mandíbula. De repente, levantó el puño y me dio un golpe en la cara.
Retrocedí, sorprendido, llevándome una mano a la mejilla.
—¡¿QUÉ TE PASA, PUES?! —grité.
—¡A MÍ NO ME LEVANTÉS LA VOZ EN MI CASA!
—¡¿Y VOS CREÉS QUE POR SER MI PAPÁ PODÉS PEGARME CADA VEZ QUE TE DÉ LA GANA?!
—¡ELIAN, BASTA! —gritó mi mamá, intentando ponerse entre los dos.
Gabriel se levantó del sofá.
—¡Pa, ya! ¡Así no vas a solucionar nada!
Pero mi papá seguía fuera de sí.
—¡Vos no te metás, Gabriel! ¡Este muchacho necesita entender de una vez que sus acciones tienen consecuencias!
—¡Pues hablame, regañame, hacé lo que querás, pero no me pongás una mano encima! —le respondí, con la voz temblorosa de rabia—. ¡Tengo veinticuatro años, pa! ¡No soy un niño!
—¡Mientras vivás bajo mi techo, vas a respetar esta familia!
—¡¿Y qué querés que haga?! ¿Que deje de amar a Kerly solo porque a vos no te gusta? ¡Yo no puedo apagar mis sentimientos como si fueran un interruptor!
—¡Lo que tenías que hacer era respetar a tu hermano!
Miré a Gabriel. Él estaba callado, con los ojos llenos de dolor.
Por un momento, toda mi rabia se convirtió en culpa.
—Gabriel, yo…
—No, Elian —me interrumpió—. No quiero escucharte.
Sus palabras me dolieron más que el golpe.
Kerly empezó a llorar otra vez.
—Por favor, no sigan peleando. Yo sé que cometimos errores, pero no quiero que esta familia termine destruida por nosotros.
Mi papá soltó una risa amarga.
—Eso debiste pensarlo antes de meterte con el novio de otra persona.
—¡Pa, ella no es la única culpable! —grité—. ¡Yo también tengo responsabilidad! ¡Dejá de tratarla como si todo hubiera sido decisión de ella!
Mi mamá me miró con preocupación.
—Elian, por favor, bajá la voz. Esto no puede seguir así.
Respiré profundamente, intentando tranquilizarme.
Mi papá señaló la puerta.
—Necesito que te vayas a tu habitación. No quiero verte delante de mí ahora mismo.
Lo miré, todavía con la mejilla adolorida.
—Con gusto, pa. Porque ahora mismo tampoco quiero verte yo.
Agarré la mano de Kerly y caminé hacia las escaleras. Antes de subir, escuché a Gabriel hablar desde la sala.
—Papá, tenemos que hablar de algo más.
Me detuve.
—¿De qué? —preguntó mi papá.
Gabriel respiró hondo y pronunció unas palabras que me dejaron helado.
—Elian no fue el único que me traicionó. Kerly me mintió durante meses, y quiero contarles exactamente lo que pasó.
Miré a Kerly. Ella palideció.
Y ahí comprendí que todavía quedaban secretos por salir a la luz.