Ingrid tiene diecinueve años, nunca ha salido de su rancho en California y su mayor preocupación es ponerle moños a las vacas. Sueña con estudiar medicina, viajar por el mundo y ayudar a quien lo necesite. De casarse no sabe nada. De la mafia, menos.
Cuando Ares la elige como su esposa y se presenta en el rancho a llevársela, la familia de Ingrid no tiene opción: obedecer al Don o morir. En cuestión de horas, la chica del rancho se convierte en la esposa de un monstruo.
Pero Ingrid no es la niña frágil que todos esperaban. Detrás de su inocencia hay una inteligencia afilada, un humor que desarma y una valentía que ni ella sabía que tenía. Lo que nadie le dijo a Ares es que la mujer que eligió para ignorar sería la única capaz de destruir cada muro que construyó alrededor de su corazón.
Ella eligió luchar. No contra él, sino por él.
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Es extraño cómo me trata
Ares
Después de ver cómo van las cosas en la mafia, fui a la empresa.
*Cindy* (secretaria de Ares en la empresa)
*Don regresó. Conocí a su esposa.
Ingrid, una gracia de niña.
Me cayó muy bien y estoy deseando que Don Ares cambie, y que ya no lleve a la asquerosa de Nancy con él. Mujer metida y sin escrúpulos; peor que ella solo Ruth. Detesto a las dos.
Después de hablar con Don Ares y pasarle todo lo que había sucedido en la empresa, me vi obligada a preguntarle sobre la cena de negocios y el té benéfico.
Cuando eso pasa, generalmente manda a Jolie a uno de los lugares y lleva a Nancy. La desgraciada es inteligente, entiende de negocios, y en eso lleva ventaja. Me da asco; se cree mucho.
Aquí en la empresa tengo que llamarlo de usted, porque aquí él no es Don, sino el señor Ares, gran empresario americano.*
—Señor Ares, como todos los años, tiene el té benéfico y, desafortunadamente, una cena-reunión que será el mismo día —dijo Cindy.
—Bien. Apunta el nombre de Jolie y el de mi esposa Ingrid; las voy a mandar al té benéfico. Y mándale recado a Nancy; es lista cuando de negocios se trata. Avísale que deberá ir conmigo a la cena de negocios como mi auxiliar —dijo Ares.
Cindy
*Lo detesté. Pero algo me llamó la atención.
El señor Ares me pidió que le mandara recado a Nancy; o sea, él no va a ir. Antes siempre era él quien lo hacía. En cambio, para Jolie y para Ingrid no me dijo nada; o sea, él mismo les va a avisar. ¿Y yo? Voy a contarle a Jolie lo de Nancy. Sé que está ayudando a la niña Ingrid y yo también quiero ayudar.*
Jolie
*Terminé el entrenamiento con Ingrid, pasé a casa a darme un baño y Cindy me mandó un mensaje pidiéndome que almorzáramos juntas. Seguro quiere contarme algo; sabe que por teléfono no podemos, porque generalmente están intervenidos.
Ahora solo es esperar hasta mediodía para ver qué tiene que contarme.*
Ingrid
Acababa de bañarme, estaba bajando a estudiar, cuando sonó mi teléfono. Es Ares. Hmm, interesante...
—Hola, marido. ¿Cómo estás? —dijo Ingrid.
—Hola, esposa. Estoy bien, ¿y tú? —preguntó Ares.
—Estoy un poco cansada. Jolie no da tregua; cuando creo que ya me acostumbré, viene con novedades en los entrenamientos y me vuelve a destrozar —dijo Ingrid, riendo.
—Jolie es así, y mi esposa es dramática —dijo Ares.
—Hmm, solo un poquito... ¡Qué bueno que llamaste, me gustó!
Sabes, estaba pensando en ti ahorita. Voy camino al jardín, pensando en si te va a gustar lo que Antonio y yo estamos haciendo —dijo Ingrid.
—No sé, ¿qué están haciendo? —preguntó Ares.
—¡Estamos plantando muchas flores, árboles frutales y haciendo un huerto! ¿Puedes creer que con todo este espacio no tenías ni un huerto, ni frutas, y mucho menos flores? ¡Eso es hasta pecado! —dijo Ingrid.
Ares sonrió; claro que ella no lo vio, pero le hace gracia su manera de hablar y le divierte su forma de ser.
—¿Entonces estás haciendo de las tuyas con Antonio? —preguntó Ares.
—¡No! O mejor dicho, ¡sí! Estamos haciendo una obra de arte —dijo Ingrid.
Ares acabó riendo.
—Está bien, vamos a ver cuando esté todo listo —dijo Ares.
—Te vas a enamorar —dijo Ingrid.
—¿Será? —preguntó Ares, pero insinuando otra cosa.
Ingrid
Entendí la insinuación y sí, se va a morir de amor por mí. Espérame, Ares...
—Claro que sí —dijo Ingrid.
—Vamos a ver. Pero te llamé para avisarte que mañana irás a un té benéfico con Jolie.
Voy a hacer una donación significativa a ellos. Mejor dicho: tú, mi esposa, la vas a hacer en nuestro nombre. ¿Te parece? —preguntó.
—¡Guau! ¡Qué increíble! ¿En serio? —preguntó Ingrid, toda emocionada.
Ares
Me encanta con esa manera de ser...
—Sí, en serio. Vamos a donar dos millones —dijo Ares.
—¡Dos millones! ¡Dios mío! Por favor, Ares, avísame cuando vayas a decir esos números con tantos dígitos; casi me da un infarto de solo escucharlo —dijo Ingrid.
Ares acabó riéndose otra vez.
—No es mucho, pero creo que para la institución será un buen monto —dijo Ares.
—¿Que no es mucho? Ares, mi querido amado marido, es mucho dinero. Se pueden hacer muchas cosas con esa cantidad. Imagínate cuántos juguetes, ropa, alimentos... En fin, me encantó tu gesto —dijo Ingrid.
—¿Cómo me llamaste? —preguntó Ares.
Ingrid
Guau, ¿se dio cuenta?
—Te llamé mi querido amado marido. Perdón si no te gustó; ya no te llamo así —dijo Ingrid.
—Me gustó mucho —dijo Ares.
—Entonces, mi querido amado marido, te voy a llamar así más seguido —dijo Ingrid.
—Bien. Y por haberme gustado nuestra donación, voy a cambiar el monto: donaremos tres millones. Esto es culpa tuya; tus palabras me hicieron donar un millón más —dijo Ares.
—¡Me encantó! Y, Ares, ¿vienes a almorzar? —preguntó Ingrid.
Ares
Extraño; nunca almuerzo en casa y a veces ni almuerzo. Con tantas cosas por resolver, muchas veces solo como un refrigerio rápido.
—No, tengo un montón de cosas que resolver —dijo Ares.
—Ok, está bien —dijo Ingrid.
—Hasta luego —dijo Ares.
—Hasta luego, mi marido querido —dijo Ingrid, colgando.
Ares
Es extraño cómo me trata. Me llamó querido, amado, y generalmente la gente me llama monstruo, malo, cruel y cosas por el estilo...