Ximena firmó el divorcio sin decirle a Gael que estaba embarazada.
Se fue de Ciudad de México, cambió de vida y crió sola a sus gemelos.
Cuatro años después, vuelve. Gael la reconoce de inmediato, pero lo que no espera es ver a dos niños con sus mismos ojos.
Ahora él quiere recuperar a la mujer que dejó ir.
Y también la verdad que ella le ocultó.
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Capítulo 20
Capítulo 20
El lunes por la mañana, en la sala de juntas de Del Río Joyas, Ximena miró el reporte de ventas proyectado en la pantalla.
Frunció el ceño.
—Joaquín, sábado y domingo deberían ser nuestros mejores días. ¿Por qué cayeron las ventas?
Joaquín León desbloqueó su celular y abrió una publicación en RedNote.
—Por esto.
El post hablaba de una pulsera de perlas de Del Río Joyas que supuestamente se rompió durante un evento importante. La autora decía que la calidad era pésima, que había pasado vergüenza y que jamás volvería a comprar.
Tenía miles de likes y guardados.
En los comentarios, la gente ya estaba haciendo su propio juicio.
Que si las marcas de lujo solo vendían nombre. Que si las perlas parecían de fantasía. Que si a alguien más le había pasado. También había cuentas pidiendo boicot.
Demasiado rápido.
Demasiado coordinado.
Ximena devolvió el celular.
—¿Alguna tienda recibió quejas parecidas?
Los gerentes negaron uno por uno.
—En mi zona, no.
—Tampoco en la mía.
—No hay reportes.
Ximena apoyó las manos sobre la mesa.
—Entonces alguien nos está echando lodo.
No mencionó a Lía. Todavía no.
Pero recordó la fiesta de Regina, las perlas cayendo al piso, la sonrisa de Lía y aquella frase soltada con aparente descuido.
Si ese era el origen, el golpe estaba calculado.
—Hay que actuar rápido —dijo Joaquín—. Puede afectar reputación y acciones del grupo.
—Ideas.
Un gerente propuso localizar a la autora y pagarle para borrar el post.
—No —cortó Ximena—. Eso nos haría parecer culpables. Y le daría más armas.
Además, pagar por silencio no apagaba internet.
Solo cambiaba el incendio de lugar.
Hubo más sugerencias. Ninguna cerraba.
Joaquín habló de nuevo.
—Podríamos hacer una transmisión en vivo. Mostrar la resistencia de las piezas, explicar materiales y responder preguntas.
Ximena levantó la vista.
—Eso sí. Necesitamos a alguien con alcance. Alguien que no se vea comprado.
—Podemos mostrar la pulsera completa —agregó Joaquín—. Hacer pruebas con piezas de lote, explicar el armado, la resistencia del hilo, broches, garantía. Si hay una falla real, la marca debe responder. Si no, queda claro.
Ximena asintió.
Eso era lo que quería: no gritar inocencia, sino demostrar proceso.
—No tenemos streamer oficial —admitió Joaquín—. Nunca hemos hecho lives.
—Hagan lista de posibles personas. Yo reviso.
Una gerente murmuró:
—Con el escándalo, ningún famoso va a querer meterse.
Era cierto.
Antes del problema, contratar a alguien era sencillo. Ahora todos evitarían tocar una marca cuestionada.
—Envíen nombres. Joaquín y yo veremos lo demás.
Después de la junta, Ximena lo llamó a su oficina. Trabajaron hasta mediodía: formato, pruebas de calidad, muestras, equipo, moderación, guion base.
Faltaba la persona.
Renata.
Ximena pensó en ella y dudó. Su amiga estaba fuera grabando. Si le pedía ayuda, volvería sin pensarlo.
Justo entonces sonó el teléfono.
—¿Renata? ¿No estabas trabajando?
—Volví a la ciudad.
—¿Tan de repente?
—Mi mejor amiga está en problemas. ¿Creíste que iba a quedarme viendo? Para manejar opinión pública soy buenísima.
Ximena soltó una risa.
—Estaba dudando si llamarte.
—Pues deja de dudar. Dime qué necesitas.
—Ven a mi oficina. Lo vemos en persona.
—En media hora.
Ximena llamó a Paula para avisarle que no podría comer en la cafetería. Luego llevó a Renata a un restaurante cercano, en un privado que había reservado.
Comieron mientras Ximena le explicaba el ataque.
Renata aceptó sin dudar.
—Hago el live. Preparen el lugar y yo me planto frente a la cámara.
—Puede salpicarte.
—Me han querido cancelar por menos. Además, si tu marca está segura de su calidad, no tengo nada que esconder.
—Lo está.
—Gracias.
—No me agradezcas. Somos familia elegida.
Renata tenía su propio estudio y manejaba su agenda. No necesitaba pedir permiso a una agencia.
Con el nombre decidido, Ximena volvió a la oficina y ordenó preparar el anuncio. Del Río Joyas publicó que esa noche habría transmisión especial para hablar de calidad, materiales y garantías.
Renata subió una historia avisando que participaría.
La reacción fue inmediata.
Algunos fans celebraron verla en un formato distinto. Otros preguntaron si le habían pagado. Varias cuentas empezaron a decir que Del Río Joyas estaba usando una famosa para lavarse la cara.
Ximena leyó todo sin apartar la vista.
Era ruido.
El punto era llegar a la transmisión con hechos.
Era la primera crisis de relaciones públicas desde que Ximena tomó la dirección.
Don Ernesto llamó.
—¿Necesitas que intervenga?
—No. Déjame manejarlo.
—Eso quería oír. Hazlo a tu manera.
Ximena colgó y miró el tablero de pendientes.
Producción. Cámara. Muestras. Pruebas de tensión. Moderación de comentarios. Comunicado legal listo por si hacía falta.
No iba a pagar silencio.
Iba a mirar el problema de frente.
—Camila —llamó por el interfono—. Necesito a legal, calidad y marketing en veinte minutos.
—Sí, directora.
Ximena cerró el reporte de ventas y abrió una hoja nueva.
Título: Crisis pulsera perlas.
Debajo escribió tres puntos:
Verdad.
Prueba.
Respuesta.