Dos años pasaron y finalmente los Guardianes se volvieron a reunir luego de todo este tiempo.
*Segunda parte de Guardianes de la Luna: Reliquias de Selene
NovelToon tiene autorización de Tania Uribe para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 5: Prométemelo
AERYN
Desperté antes del amanecer. Todo estaba en una perfecta e inquietante calma que me hacía estremecer cada segundo. Las palabras de ese hombre enmascarado habían quedado grabadas en mi mente como un recordatorio de mis propios miedos e inseguridades.
Miré a través de la ventana viendo la luna y las estrellas iluminando el cielo nocturno desde lo más alto. Pensando en que dentro de poco estaría en la Manada Luna de Cristal. El antiguo hogar de Dmitri.
Mientras pensaba en ello guardaba algunas cosas que iba a necesitar para el viaje. Mis armas, mi equipo médico y algo de ropa. No sabía cuánto tiempo estaría en Luna de Cristal.
Sin darme cuenta Selene se despertó.
—Perdón, ¿te desperté?—Negó con una sonrisa cansada.
—¿Estarás bien yendo a Luna de Cristal?—Me preguntó frotándose un ojo.
—No lo sé y sinceramente luego de lo que pasó hace dos años, para todos será incómodo que yo esté ahí. Pero solo accedí porque se trata del anillo de Celina y también porque debo dejar ir este dolor.
Asintió sin estar muy convencida de lo dije. Pero no hizo más preguntas.
—Solo mantente alejada de Jacob y estarás bien—Solté la carcajada. Y ella se rio también.
—Lo haré, aunque dudo que él se quede quieto.
—Bueno... a veces la gente cambia.
Sonreí pensando en que tal vez era así. Dos años sin verlo tal vez lo habrían cambiado, pero tenía que verlo por mí misma.
Tras terminar de empacar mi mochila. Me la puse sobre el hombro y salí de la habitación con la esperanza de que todo saliera bien en la misión.
...****************...
Al llegar a la entrada de la Academia me hizo recordar la primera misión que tuvimos. Adler había llegado tarde, Jayden estaba prácticamente dormido, Dmitri estaba impaciente y yo estaba exactamente igual que él. Miraba mi reloj esperando a que ese viejo irresponsable hiciera su aparición.
Jayden había llegado un poco antes y estaba apoyado en una columna tomando una siesta. Suspiré y efectivamente estaba sucediendo lo mismo que en la primera misión, me reí en silencio.
Me quedé con él esperando a que despertara. Había sido una larga y tediosa noche. Luego de lo que pasó era entendible que estuviera de ese modo.
Despertó luego de un rato y al verme sonrió como tonto.
—Buenos días, pelirroja.
—Buenos días, tonto—Contesté y él se rio.
—¿A qué hora llegaste?
—Hace media hora—Suspiró con cansancio.
—Ese maldito infeliz sigue siendo igual de impuntual.
Estuve de acuerdo. Adler no tenía remedio alguno, aun después de dos años no había cambiado nada.
Luego de una hora y media más, finalmente Adler se apareció. Y antes de poder decirle algo, nos mostró un iPad en el que mostraba fotos, videos y reportes sobre avistamientos de un trío peligroso que ha estado provocando estragos cerca de la Manada Luna de Cristal.
—¿Es él?—Pregunté refiriéndome a Dmitri.
—No se sabe, pero es una posibilidad.
Jayden dio un largo suspiro cargado de frustración y de impotencia.
—¿Qué hacemos ahora?—Preguntó Jayden.
—Volakis—Me miró Adler—, siendo Guardiana de tercer grado. ¿Qué procede ahora?
—Ir al lugar de los avistamientos. Buscar cualquier rastro mágico o físico de los alborotadores. Además, realizar un reporte sobre los hallazgos.
Adler asintió.
—Es correcto, pero hay algo más importante—Jayden y yo nos miramos—, y eso es... descubrir quiénes son los alborotadores y qué quieren. Recuperar el anillo de la Luna Celina y devolverlo a su respectivo lugar.
Asentimos en respuesta.
—Bueno vámonos, tenemos un largo viaje. Aeryn, abre el portal—Asentí.
Abrí el portal y respiré profundamente deseando que todo saliera bien. Atravesamos el portal y llegamos a Luna de Cristal.
Al poner un pie allí sentí que todos los recuerdos, cada palabra volvían con más fuerza e intensidad que el mismo Akasha en sí. Dolía, pero era algo en lo que debía trabajar y no derrumbarme antes de tiempo.
Caminamos en dirección a la entrada de la Manada Luna de Cristal. Las puertas de hierro imponían presencia y fuerza, en ellas estaba grabado el símbolo de la Manada. Una luna de cristal.
Al tocar la puerta esta se abrió. Solo aliados de la Manada podían abrirla sin pedir permiso.
—Vamos, nos están esperando—Entramos siendo recibidos por el aire fresco del bosque y la extensa masa de árboles que rodeaba las tierras de la manada, formando un cinturón natural que se extendía durante kilómetros. Los robles, pinos y abedules crecían tan juntos que desde el exterior apenas se distinguía lo que había más allá de ellos.
Las miradas curiosas fueron inevitables, pero al verme entendieron que no veníamos de visita y menos a saludar.
Llegamos a la casa del Alfa Rhaegar. Quien nos estaba esperando afuera de pie en el escalón junto a su esposa Ayla.
El nombre de Luna de Cristal era porque cuando era de noche la luz de la luna atravesaba las copas de los árboles reflejando pequeños fragmentos de cuarzo blanco que sobresalían del suelo. Aquellos minerales le daban ese nombre a la manada. Bajo la luz lunar parecían pequeños cristales de hielo esparcidos por el bosque.
—Bienvenidos—. Me miró—Aeryn, qué gusto verte. Ojalá fuera en otras circunstancias.—Asentí—Por favor, acompáñennos.
La misma en la que estuve cuando me impusieron ese absurdo compromiso con Jacob, que gracias a la diosa fue disuelto.
El aire estaba impregnado de sus aromas. Aromas que había olvidado, pero que al oler recordé por qué no había puesto un pie en este lugar desde hace tiempo.
Pino. Tierra húmeda. Madera y magia.
La arquitectura de la mansión conservaba las líneas de una antigua residencia familiar, noté que había sido remodelada recientemente. Grandes ventanales de cristal que ahora ocupaban gran parte de las paredes cuando antes ocupaban la mitad de eso, mientras que las estructuras de piedra conservaban los mismos símbolos rúnicos tallados pertenecientes a los líderes de la manada.
Sobre la entrada principal un escudo. Una luna de cristal atravesada por la luz de la luna creciente. Debajo había dos lobos enfrentados.
Las enormes puertas de madera se abrieron. Entramos a la casa. Siendo recibidos por el amplio vestíbulo. El interior era aún más impresionante. Y por la expresión de Jayden y de Adler supe que nunca antes habían visto como esto. Era impresionante, por supuesto, pero para mí era un recuerdo agridulce.
El suelo estaba construido con mármol gris oscuro atravesado por vetas plateadas que parecían pequeñas grietas de luz. A ambos lados del vestíbulo se encontraban enormes columnas de piedra. Sobre las paredes colgaban retratos de antiguos alfas. Generación tras Generación.
Recordé todas las veces que Dmitri y yo de niños nos burlábamos de cada retrato. Sobre todo el de su bisabuelo Einar Schneider. De quien inventábamos historias y chistes que cualquiera hubiera considerado una ofensa. Al ver el retrato me di cuenta de que se parecía mucho a Dmitri a excepción de los ojos. Los ojos de Einar eran azules y los de Dmitri eran grises.
Llegamos al despacho el cual seguía siendo el mismo que yo conocí desde niña.
El despacho se hallaba en el fondo del pasillo en la planta baja de la mansión. El Alfa abrió las puertas de madera oscura. Era amplio, elegante, con paredes de piedra gris y grandes ventanales que ofrecían una vista completa del bosque.
En el centro había un pesado escritorio de madera negra, sobre el que descansaban documentos, informes que llamaron mi atención, porque eran sobre los avistamientos del trío y del anillo de Celina.
Detrás del escritorio, una estantería cubría la pared, llena de libros sobre historia, magia y antiguos tratados entre manadas.
Frente a la chimenea permanecía un sillón de cuero oscuro en él estaba sentado Jacob...
Dos años sin verlo y sinceramente había cambiado. Su mirada y gestos eran más maduros, más tranquilos, no había rastro alguno del hombre que yo conocía desde hace años. Era diferente.
Sus ojos verdes al posarse en mí, me miraron con una mezcla de incertidumbre y de algo parecido a la sorpresa.
—Hola Aeryn. Qué gusto verte.
—Hola Jacob...—Él asintió y siguió leyendo los documentos que tenía en la mano.
—Jacob, deja eso. Tenemos que hablar sobre el asunto.
Asintió al oír las palabras de su padre. Dejó los documentos y se puso serio en el momento en que le mencionaron el asunto.
Comenzamos hablar del asunto. Luego nos mostraron el video de las cámaras de seguridad en un ¡Pad de la torre de vigilancia que está cerca de la Manada. Y lo que vimos nos erizó a todos la piel.
—Ese trío...—Murmuró Adler incrédulo—Son discípulos de Cedric. Las máscaras lo confirman.
—Esperen un momento—Dijo Jayden mirando de cerca el video y luego hizo Zoom en la pantalla con los dedos—, uno de ellos tiene algo en el dedo.
—Es el anillo...—Murmuró la Luna Ayla—No puede ser...—Dijo con sorpresa—Es Dmitri...
—Ayla, no digas tonterías—Dijo el Alfa Rhaegar mirando la pantalla, pero ella negó rotundamente.
—No, Rhaegar. Estoy segura de que es él. Conozco cada parte del cuerpo de mi hijo y cada gesto de él. Sé que es él—Afirmó con seguridad.
—De ser así... ¿Por qué robó el anillo?—Dijo Jayden cruzando los brazos.
Rhaegar puso sobre el escritorio una carpeta negra.
—Este el motivo por el que robaron ese anillo—Tomé la carpeta entre mis manos. La abrí sin titubear.
Lo que leí me heló la sangre.
—El anillo no solo lo puede portar un verdadero Alfa. Si no que también puede ser usado para invocar al Lobo de Cristal. El primer lobo del primer Alfa de la Manada.
Adler me quitó la carpeta y leyó el contenido, luego la dejó caer en el escritorio con frustración.
—Debemos detenerlo—Dijo finalmente.
—Iremos con ustedes—Anunció el Alfa Rhaegar.
—No—Dije—, no pueden venir con nosotros. Conozco a ese imbécil, no les hará caso y será mucho peor para ustedes porque estando bajo la influencia de Cedric y de la marca no sabemos de qué es capaz.
El Alfa no dijo nada. La Luna Ayla se dejó caer en la silla detrás del escritorio llorando en silencio de impotencia.
—Solo prométeme que le quitarás ese anillo y no dejarás que nada le pase a mi hijo.
Silencio.
—Aeryn, prométemelo—Me dijo el Alfa apenas conteniendo su frustración.
—Lo haré—Dije finalmente. Porque sí decía que haría el intento entonces hubiese desatado el infierno en ese momento y no quería complicar más las cosas.
—Alfa, por favor, necesitamos ver el lugar donde fueron los disturbios—Dijo Adler apartándome de la situación.
El Alfa asintió dándose cuenta de que estaba poniendo mucho peso sobre mis hombros. Y sinceramente lo entendía, estaba asustado y temía que su hijo muriera por una estupidez.
—Está bien, Caelan y Jacob irán con ustedes—Asentimos.