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Gemelos genios y un CEO implacable

Gemelos genios y un CEO implacable

Status: Terminada
Genre:CEO / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Una noche que no debía ocurrir. Un secreto que dura siete años. Y dos niños dispuestos a cambiarlo todo.

Ariana lo había perdido casi todo: el cariño de su padre, su lugar en casa, su sueño de estudiar. Lo único que le quedaba era su tenacidad. Hasta que una trampa cruel la arroja a los brazos de Edgar Alcázar, el presidente del imperio empresarial más poderoso del país, un hombre tan atractivo como glacial. Al amanecer, ella huye con un secreto que jamás imaginó llevar.

Siete años después, Ariana ha rehecho su vida lejos de todo, convertida en madre de unos gemelos que no son niños comunes: Rayan y Zayan son dos pequeños genios capaces de hackear cualquier sistema... y de trazar el plan maestro para encontrar al padre que nunca conocieron.

Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, Edgar no piensa dejarla ir por segunda vez. Pero entre ellos se interponen viejas heridas, un comisario que la protegió en silencio durante años y una familia dispuesta a todo con tal de arrebatarle la herencia al heredero.

¿Podrá el amor sobrevivir a siete años de mentiras y a los secretos que aún no han salido a la luz?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

Esa noche, el viento frío de la ciudad no lograba enfriar la calidez de la taza de té sobre la mesa del comedor. Pero esa calidez no llegaba, ni de lejos, al corazón de Ariana Rivas. Desde que su padre se casó con Nova años atrás, aquella casa se sentía cada vez más ajena. El hombre que alguna vez fue su protector se había vuelto una figura distante, más presto a consentir a Dana, su hijastra, que a reparar en los sacrificios de su propia hija de sangre.

Ese día se publicaron los resultados de admisión a la universidad. Dana presumía con orgullo su cupo en una de las universidades privadas más prestigiosas de la ciudad, un logro que su padre celebró con un banquete y regalos costosos. Y eso que, en lo económico, bien podría haber costeado los estudios de Ariana en la Universidad Nacional, el campus de sus sueños, al que ella había entrado por mérito propio. Pero esa responsabilidad se le olvidó sin más. Con un gesto sutil, su padre se lavó las manos y dejó que Ariana se partiera el lomo sola, encadenando un empleo de medio tiempo tras otro.

Ariana no lloró. Ya estaba acostumbrada. Para ella, un camino cuesta arriba nunca fue razón para dejar de avanzar.

Nova se le acercó con una amabilidad fingida en el rostro y dejó sobre la mesa una hoja con la dirección de un hotel lujoso en pleno centro.

—Mira, Ari, este trabajo me lo pasó un conocido, así que ni se te ocurra desaprovechar la oportunidad —dijo, dibujando una sonrisa cálida que escondía su verdadera intención: sacar a Ariana de sus vidas para siempre.

Ariana tomó el papel con los ojos brillantes, sin la menor malicia.

—Gracias, tía. Claro que lo aceptaré. Justo me hace falta el dinero para inscribirme en la Universidad Nacional —respondió con sinceridad, regalándole una de sus sonrisas más hermosas. Por dentro, la esperanza volvía a crecerle: pronto reuniría lo de la matrícula de su campus soñado.

Al ver que Ariana se alejaba a su cuarto para arreglarse, Dana se acercó a su madre, le dio un codazo suave y le susurró al oído, con la voz muy baja para que no la oyera su padre, enfrascado en el periódico de la sala.

—Mami, esa tonta cayó redondita en la trampa. ¿Ya tienes todo listo? —preguntó, con los ojos encendidos de rencor.

Nova contempló la espalda de Ariana desaparecer tras la puerta y curvó los labios en una sonrisa ladina.

—Tú tranquila, mi amor, está todo arreglado —musitó con vehemencia—. Esa insoportable va a largarse de aquí más pronto de lo que cree. Lo tengo todo calculado: allá estará la mesera Desi para conducir a la muy maldita justo adonde nosotras queremos.

La muchacha, inocente, no tenía idea de que aquel empleo en el hotel de lujo no era, esa noche, el camino hacia su sueño universitario, sino la puerta a un problema enorme que le cambiaría la vida por completo.

Por fin llegó la gran noche.

En el vestidor de empleados, Ariana se acomodaba frente al espejo. Vestía el uniforme de mesera: una blusa color vino con el logo del hotel bordado en el bolsillo del pecho y una falda negra hasta la rodilla. Llevaba el cabello recogido en un moño prolijo que dejaba al descubierto su cuello esbelto y su belleza natural. Aun sin maquillaje recargado, su encanto se imponía con fuerza; esa hermosura era, precisamente, lo que más envidia le despertaba a Dana.

Porque a Dana no le bastaba con haberle arrebatado el cariño entero de Mariano, el padre de Ariana. Su rencor se avivó todavía más cuando descubrió que su propio novio sentía algo, en secreto, por Ariana. Fue eso lo que la decidió a deshacerse de ella de una vez por todas.

*

Al llegar al fastuoso hotel de cinco estrellas, a Ariana la recibió con calidez Desi, otra de las meseras contratadas para la noche. Lo que Ariana no alcanzaba a ver era que esa sonrisa amable no era más que la máscara de una cómplice pagada por su madrastra.

Dos horas antes del evento, Ariana absorbió cada instrucción del personal veterano a toda velocidad. Tanto batallar en trabajos de medio tiempo la había vuelto ágil y despierta. Los más experimentados asentían, satisfechos con su desempeño.

Desde un rincón, en cambio, Desi la vigilaba con una mirada gélida.

Sonríe mientras puedas. Dentro de poco tu vida se hará pedazos, Ariana, pensó, con una mueca socarrona.

Las dos horas volaron. El salón principal se llenó de invitados de la alta sociedad que acudían a la fiesta de cumpleaños de don Fernando Alcázar, fundador y presidente del Grupo Alcázar. A raíz de un trágico accidente tres años atrás, don Fernando pasaba sus días en silla de ruedas. A su lado estaba Amanda, su hermana menor, que lo acompañaba con aparente devoción, aunque tras esa bondad se escondía el afán de apoderarse del patrimonio familiar.

De pronto, un murmullo recorrió el salón: entraba el heredero principal. Edgar Alcázar, el nuevo presidente ejecutivo del Grupo Alcázar, llegaba escoltado por su asistente personal, Bruno. Tenía un rostro firme, atractivo y, al mismo tiempo, glacial e inalcanzable.

Al ver a su único hijo ya entrado en los treinta y todavía sin pareja, a don Fernando se le encendió la irritación.

—A ver, hijo, ¿hasta cuándo piensas torturarme así? ¿Quieres que me muera sin cargar a un nieto tuyo? Chiquillo malagradecido... Eres igual de terco que tu difunta madre —lo regañó, con la voz contenida pero firme.

Edgar apenas dejó escapar un suspiro. Tenía los oídos curtidos de tanto escuchar el mismo sermón, que su padre repetía a la menor ocasión.

Al ver la escena, Desi se movió rápido. En la barra sirvió licor fino en varias copas, acomodó una charola lista para llevar y llamó a Ariana con voz melosa.

—Ari, cuando puedas, llévale esta copa al señor del esmoquin negro, el que está justo al lado del anciano en silla de ruedas, ¿sí?

—Sí, Desi. Gracias —asintió Ariana, obediente. No quería decepcionar a nadie en su primer día.

Con la charola en la mano y el paso algo apresurado, pero sin perder la elegancia, Ariana se acercó a la zona VIP, donde estaban Edgar y su padre. Desi era, en verdad, de lo más ladina: esa noche hacía dos trabajos sucios a la vez, cumpliendo las órdenes de alguien que quería hundir a Edgar.

—Permiso, señor. Su bebida —ofreció Ariana con suavidad, extendiendo la charola con la copa.

Antes de que Edgar alcanzara a tomarla, David —tío de Edgar y esposo de Amanda— se adelantó y agarró una copa de la charola. Durante años, David se había ganado fama de tío cálido y cariñoso, de modo que Edgar jamás había albergado la menor sospecha hacia él.

—Vamos a brindar, Edgar. ¡Celebremos el cumpleaños de tu padre! —exclamó, animado, alzando la copa para sumar a su sobrino al festejo.

Sin recelar ni por un instante de la bebida que le tendían desde la charola de Ariana, Edgar tomó la copa, ajeno a que aquel trago los arrastraría, a él y a la joven mesera que tenía enfrente, a un abismo del destino que ninguno de los dos podía imaginar.

Continuará...

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Graciela Saiz
no entiendo porque ellos sabiendo que Edgar es el padre de los gemelos, no o le dijeron nada, muy mal 😡,
Graciela Saiz
y porqué ese policía hermano de Renata la esconde de Édgar, si el no es culpable 🤔😡
Tere Jimenez
gracias increíble novela hermosa un abrazo gracias
Tere Jimenez
muy bueno el libro muchas felicidades increíble familia espero nos regales más éxitos tuyos bendiciones y felicidades
Noemi Fernandez
makdutos ambiciosos pero haci les va ir
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