Kristen Whittaker y Dante Macade se conocen desde que tenían seis años. Se han odiado desde entonces. Un odio a primera vista que, con los años, solo se ha vuelto más divertido… y mucho más peligroso.
Porque Dante sabe exactamente qué decir para hacerla enfurecer, y Kristen sabe perfectamente cómo devolverle el golpe. Han crecido peleando, provocándose y jurando que jamás sentirían nada diferente el uno por el otro.
Hasta que una noche, algo entre ellos cambia.
Algo que ninguno de los dos esperaba. Algo que ambos creyeron que podían olvidar.
Pero no todo se olvida tan fácilmente.
Ahora Kristen tendrá que decidir si confía en Dante lo suficiente para descubrir qué significa realmente lo ocurrido entre ellos.
Porque quizá aquella noche no cambió solo su relación.
Quizá cambió todo.
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UNA VERGÜENZA Y UN MANÍ
KRISTEN WHITAKER
Al llegar a la preparatoria, creí que sería un día normal como cualquier otro. Sin embargo, apenas crucé la entrada, noté que varias personas murmuraban cuando me veían. Algunas incluso se quedaban mirándome descaradamente, mientras otras cuchicheaban entre ellas.
Al principio no entendía qué estaba pasando, hasta que Tina se acercó corriendo y me tomó del brazo.
--¿Sabes qué les pasa a todos hoy? Me siento protagonista de un chisme extraño
--Lo eres, Kristy. No sé cómo decirte esto
Aquello terminó de despertarme por completo y también consiguió asustarme. Tina podía ser exagerada mil veces, pero conocía muy bien sus expresiones y, en ese momento, tenía una muy parecida a la que había puesto cuando Freddy la humilló. No necesitaba que me dijera nada más para comprender que algo desagradable estaba ocurriendo.
--Se trata de Brian, ¿tienes algo que decirme?
Jamás olvidaré aquellas palabras ni el miedo que sentí al escucharlas. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, mientras intentaba imaginar qué podía haber hecho Brian para que todos se comportaran de aquella manera.
--Ayer fue a mi casa cuando estaba sola, pero llegó mi madre. No pasó nada, él se fue antes de que llegáramos lejos
Tina pareció aliviada al escucharme, aunque la preocupación seguía instalada en su rostro. Por alguna razón, su reacción no consiguió tranquilizarme.
--Te creo, pero eso no es lo que él dijo
--¿Qué? No entiendo. ¿Qué dijo?
Antes de que pudiera responderme, Tiffany se acercó acompañada de sus dos amigas, que parecían su sombra. Las tres tenían una expresión de satisfacción que me hizo sentir todavía más incómoda.
--¿Brian me dejó por ti? ¿Por una patética virgen a la que le hizo el favor? Ya entiendo por qué fue a verme ayer
No me dio tiempo de contestar. Tiffany se alejó con sus amigas, riéndose como si acabaran de contar el chiste más divertido del mundo.
--No les hagas caso-- Se apresuró a decir Tina, intentando calmarme
Mis manos comenzaron a temblar. No podía creer lo que acababa de escuchar y mucho menos que Brian hubiera sido capaz de decir semejante cosa porque era mentira. No nos habíamos acostado, ¡yo seguía siendo virgen!
--Brian dice que lo citaste porque eras virgen. Dijo que fue el primero, ya sabes...
--¡Pero no es cierto!
Mi voz salió más alta de lo que pretendía. Sentía una mezcla de vergüenza, rabia e impotencia que apenas podía controlar. Lo peor era que no sabía cuántas personas habían escuchado aquella mentira ni cuántas estaban dispuestas a creerla.
A poca distancia, Dante nos observaba. Le di la espalda inmediatamente, como si aquel simple gesto pudiera protegerme de su mirada. Era evidente que también sabía lo que estaban comentando y no tenía ninguna intención de darle la oportunidad de burlarse de mí.
Sin embargo, lo que sucedió después consiguió distraerme de mis preocupaciones. Alguien llegó corriendo y, poco después, varias personas hicieron lo mismo. Todos parecían llevar algo en las manos y se lo mostraban unos a otros entre carcajadas.
Automáticamente, sentí terror. ¿Y si alguien había conseguido una fotografía mía? Conociendo lo malvada que podía ser Tiffany y lo leales que eran sus dos seguidoras, no me habría sorprendido que hubieran preparado alguna humillación para terminar de arruinarme el día ni el año escolar por completo.
Pero no era eso. Ni remotamente parecido.
Después del primer recreo, hasta yo tenía una de aquellas imágenes en mis manos. Cuando la miré detenidamente, no pude evitar soltar una carcajada.
Era una fotografía de Brian sonriendo, acompañada de unas letras rojas y la imagen de un maní.
¡Un maní!
Él, que jamás pasaba desapercibido y que parecía disfrutar de toda la atención que recibía, acababa de convertirse en el protagonista de la burla de toda la preparatoria. Y, después de lo que había dicho sobre mí, no podía negar que disfruté muchísimo de aquella humillación.
Era el karma dándole una bofetada demasiado fuerte.
No tenía la menor idea de quién había hecho todas aquellas copias, pero debía de haber fácilmente más de doscientas. Prácticamente todos los estudiantes sostenían una en sus manos, y algunos incluso se habían encargado de dejar varias en los casilleros. Cuando Brian abrió el suyo, una enorme bolsa de maní cayó al suelo.
Aquello terminó de desatar las carcajadas. Fue la estocada final.
--Eso sí que es una humillación. Qué lástima que Tiffany no pueda correr con la misma suerte, porque, con lo estúpida que es, ni siquiera entendería el chiste-- Comentó Tina, dándome un codazo
--Eso es cierto-- Respondí, soltando otra carcajada
Por primera vez, agradecí aquella interrupción de mi madre. Había llegado en el momento justo y no porque Brian pudiera tener un pequeño maní, sino porque, de no haber aparecido, probablemente yo habría terminado involucrada en una situación mucho más desagradable. Además, él había demostrado que no sabía mantener la boca cerrada y ahora estaba pagando las consecuencias.
Con el paso de los días, todos parecieron olvidar lo de la supuesta pérdida de mi virginidad, pero lo del maní seguía más vigente que nunca. Incluso habían creado emoticones con la imagen de Brian y comenzaban a circular toda clase de bromas relacionadas con aquel fruto seco. Cada vez que creía que el asunto había terminado, alguien encontraba una nueva manera de recordarlo.
La creatividad adolescente era ilimitada. Definitivamente.
Una semana después, Dante decidió sumarse a las bromas. Me compró una bolsa de maní y me la entregó con una sonrisa que no presagiaba nada bueno. No tardé en comprender sus intenciones, así que se la arrojé directamente a la cabeza.
--Creí que te gustaba-- Comentó, todavía sonriendo
Obviamente, comprendí a qué se refería.
--Idiota
--Gracias
Aquella se había convertido en su nueva especialidad para sacarme de quicio: agradecerme cada insulto que le dedicaba. Parecía que nada de lo que yo pudiera decirle conseguía afectarlo. Por el contrario, cuanto más me enfadaba, más satisfecho parecía estar.
Era desesperante. Ser mayor de edad no lo había cambiado. Todo lo contrario, parecía haber perfeccionado su capacidad para molestarme.
Con el paso de los meses, empecé a verlo cada vez menos. Ambos estábamos concentrados en nuestros preparativos para la universidad y el tiempo parecía correr mucho más deprisa de lo habitual. Yo seguía cruzando los dedos para que consiguiera la beca deportiva y, si era posible, para que lo aceptaran en una universidad lo más lejos posible.
Cinco años sin tener que soportarlo me parecían un sueño. Perfecto, sencillamente sensacional.
Mis dieciocho años llegaron y, aunque había cambiado algunas cosas de mi vida, no sentí que hubiera cambiado demasiado. Sin embargo, lo ocurrido con Brian había dejado una huella que no podía ignorar.
Me había vuelto muchísimo más desconfiada con los chicos. Si alguno me invitaba a salir, siempre encontraba algún pretexto para rechazarlo.
Cuando salía de casa, prefería ir al campo, aunque ya no lo hacía tan seguido debido a mis responsabilidades estudiantiles. Otras veces me reunía con Tina o formaba algún grupo para realizar los trabajos de la preparatoria.
Mi vida parecía sencilla, aunque también tenía algo de nostálgica y solitaria. Había ocasiones en las que me habría gustado disfrutar de una cita, conocer a alguien o simplemente salir sin tener que pensar demasiado en las posibles consecuencias. Sin embargo, no conseguía hacerlo.
Me habría gustado que lo ocurrido con Brian no me cambiara, pero era imposible. No sabía si había sido él quien había provocado aquella desconfianza o si, en realidad, todo se debía a que había comenzado a cuestionar cosas que antes daba por ciertas.
Constantemente me preguntaba si podía confiar en alguien. Le daba vueltas a cada invitación que recibía, incluso después de haberla rechazado. Me preguntaba qué intenciones podía tener cada chico y si realmente estaba interesado en conocerme o solamente quería conseguir algo de mí.
No quería volver a encontrarme con alguien como Freddy o como Brian. No estaba dispuesta a pasar nuevamente por una situación semejante y desgraciadamente muchos eran así.
Aunque había algo que no había cambiado y que, durante mucho tiempo, preferí ignorar: Tiffany.
Ella parecía haberme declarado la guerra. Cada vez que nos cruzábamos, buscaba la manera de chocar deliberadamente mi hombro o insultarme. Si yo decidía ignorarla, continuaba provocándome hasta que conseguía llamar mi atención. Algunos días, incluso se encargaba de recordarme que Brian era suyo, como si yo tuviera el menor interés en acercarme a él.
La realidad era que no tenía ningún trato con Brian. Lo detestaba. Verlo me producía asco y un profundo rechazo. Después de todo lo que había dicho sobre mí, no quería volver a dirigirle la palabra, aunque fuera el único chico de toda la preparatoria.
Casi habría podido decir que prefería hablar con Dante. Y eso... ya era decir demasiado.
Lo que yo desconocía era que Tiffany no pensaba detenerse y que, muy pronto, sus provocaciones terminarían desencadenando complicaciones completamente inesperadas.
muy dramática yo