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Mi Suggar Es Un Mafioso

Mi Suggar Es Un Mafioso

Status: Terminada
Genre:Diferencia de edad / Amor prohibido / Posesivo / Mafia / Romance / Completas
Popularitas:4.1M
Nilai: 5
nombre de autor: Celina González ♥️

En las calles vibrantes, pero peligrosas de Medellín, Zaira, una joven brillante y luchadora de 25 años, está a tres semestres de alcanzar su sueño de graduarse. Sin embargo, la pobreza amenaza con arrebatarle su futuro. En un intento desesperado, accede a acompañar a su mejor amiga a un club exclusivo, sin imaginar que sería una trampa.

Allí, en medio de luces tenues y promesas vacías, se cruza con Leonardo Santos, un hombre de 49 años, magnate de negocios oscuros, atormentado por el asesinato de su esposa e hijo. Una noche de pasión los une irremediablemente, arrastrándola a un mundo donde el amor es un riesgo y cada caricia puede costar la vida.

Mientras Zaira lucha entre su moral, su deseo y el peligro que representa Leonardo, enemigos del pasado resurgen, dispuestos a acabar con ella para herir al implacable mafioso.
Traiciones, secretos, alianzas prohibidas y un amor que desafía la muerte.

NovelToon tiene autorización de Celina González ♥️ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 31

El silencio del callejón seguía envolviéndolos, como un abrigo clandestino que los separaba del mundo. Afuera, la ciudad continuaba su curso lejano, indiferente, pero dentro del coche todo se había detenido. El aire parecía denso, cargado no solo de deseo, sino de una necesidad tan poderosa que dolía contenerla. Era como si el vehículo respirara con ellos, como si cada superficie vibrara al compás de la tensión entre sus cuerpos.

Leonardo no se movió. La tenía tan cerca que podía sentir el temblor leve de su aliento sobre sus labios. Su mano se mantenía en su mejilla, trazando con lentitud la curva de su mandíbula, como si memorizara su piel con las yemas de los dedos.

—No quiero irme sin tenerte —murmuró con la voz grave, rasposa, quebrada por la urgencia—. No esta vez, Zaira.

Ella lo miró, con los ojos muy abiertos, brillantes bajo la tenue luz que se filtraba desde un poste lejano. Su respiración era rápida, cortada. El calor se le trepaba por la nuca como una lengua de fuego que la dejaba sin fuerzas.

—¿Aquí en el auto? —susurró, desconcertada—. ¿En este callejón? ¿Te volviste loco?

Leonardo no la soltó. Su mirada estaba teñida de sombra, cargada de algo más que deseo: un hambre contenida. Sus pupilas, dilatadas, reflejaban la escasa luz exterior y brillaban con una intensidad feroz.

—Nadie puede vernos aquí dentro —dijo, deslizando la mano por su muslo, subiendo apenas con los dedos—. Las ventanas están polarizadas. Nadie sabrá. Nadie... excepto tú y yo.

Zaira tragó saliva. El aire le sabía a metal caliente, a cuero viejo y deseo salvaje. Afuera, una moto pasó a lo lejos. Se escuchaba la radio de una ventana cercana, con un bolero antiguo que se deshacía en suspiros. Pero dentro del coche, todo era otra cosa: un universo cerrado, compacto, hecho solo de piel, jadeos y tensión.

—Leonardo… —empezó a decir, pero no pudo seguir. Su voz se evaporó cuando él la besó otra vez.

No fue un beso tierno. Fue un asalto emocional. Un reclamo. Sus labios se fundieron con los de ella con fuerza, con un anhelo rabioso. Su lengua buscó la de Zaira, envolviéndola, haciéndola suya. Y ella, aunque intentó resistirse, se rindió a ese beso como se rinde la llama al viento: temblorosa, inevitable, consumida.

El asiento crujió bajo el movimiento de sus cuerpos. El cuero bajo sus piernas estaba tibio, resbaloso por la ansiedad que les quemaba los poros. Zaira sintió los dedos de él deslizándose bajo su blusa, acariciando su abdomen con una reverencia que le robó el aliento.

—Estás temblando —susurró él, rozándole el ombligo con los labios mientras se inclinaba—. ¿Es miedo o deseo?

—Ambos… —confesó ella, con los ojos cerrados, mordiendo su labio inferior.

Leonardo bajó el respaldo del asiento del copiloto de un tirón, dejándolo casi horizontal. Zaira jadeó cuando él la tomó de la cintura y la guio para recostarse, sin dejar de besarla, mientras con la otra mano le quitaba lo que le estorbaba. El cuero crujía bajo sus cuerpos, la tela se arrugaba, sus manos se enredaban.

Él se colocó encima de ella, entre sus piernas, acomodándose con dificultad, encajando sus caderas contra las de ella, respirando fuerte.

Zaira lo rodeó con las piernas, subiéndolas lentamente por sus costados hasta atrapar su cintura. El roce de sus cuerpos provocó un jadeo en ambos. Él se apoyó con una mano en el asiento, la otra se deslizó bajo su espalda para desabrocharle el sujetador. Su piel era suave y estaba caliente. Los pezones de ella se endurecieron en cuanto el aire los tocó, y Leonardo los besó con avidez, uno, luego el otro, en medio de suspiros ahogados.

—Quiero verte perder el control —susurró con voz ronca—. Quiero escucharte gemir solo para mí.

Zaira respondió arqueando la espalda, cerrando los ojos con fuerza. Sus caderas se movieron por instinto, buscando el contacto que la enloquecía. Él bajó su pantalón con torpeza, en medio del espacio reducido. Luego su ropa interior. El auto se llenó del sonido sutil de telas que ceden, de jadeos apretados, del crujir de asientos y de la respiración convertida en un vaivén rítmico.

Cuando por fin se unieron, Zaira lanzó un gemido bajo, grave, que se ahogó en su garganta. Leonardo la sostuvo con fuerza, moviéndose despacio al principio, con cuidado, como si saboreara cada centímetro, cada espasmo que ella liberaba bajo su cuerpo.

Las piernas de Zaira se enroscaron más firme a su alrededor. Lo sentía profundo, lleno, latiendo dentro de ella. El calor era sofocante, húmedo, su piel pegada a la de él en cada golpe de cadera. Sus pechos rozaban su pecho desnudo y sus uñas se enterraban en la espalda de Leonardo mientras él aumentaba el ritmo, empujando con fuerza, con deseo contenido, con una necesidad ancestral.

—Leonardo… —jadeó, con el rostro tenso, las mejillas encendidas y los labios entreabiertos—. Así… no pares…

—Nunca me canso de ti —gruñó él contra su cuello—. Nunca…

Sus movimientos se volvieron más frenéticos. Zaira lo sentía en todo su cuerpo, desde las raíces del cabello hasta la punta de los dedos. Él la llenaba de forma brutal y dulce a la vez. Besaba sus labios, su cuello, sus pechos mientras la penetraba con fuerza, con pasión pura, como si la vida dependiera de ese instante.

Cuando llegó el clímax, fue devastador. Zaira arqueó el cuerpo y se aferró a él con un grito ahogado. Leonardo la siguió, temblando, enterrando el rostro en su cuello, soltando un gemido ronco y prolongado, estremecido por dentro. Sus cuerpos se sacudieron con la descarga, como si la energía los partiera desde adentro.

Quedaron así, entrelazados, sudorosos, jadeantes. El interior del coche estaba impregnado de vapor, de olor a sexo, piel y cuero caliente. Afuera, la noche continuaba. Una brisa suave agitó una bolsa que pasó rodando frente al coche. Nadie supo lo que ocurrió en ese rincón oculto del mundo.

—No quiero irme —susurró él, aún sobre ella, sin separarse—. No me basta una sola vez. Nunca me bastas.

Zaira le acarició el cabello, su pecho subía y bajaba con violencia. Aún le temblaban las piernas.

—Entonces vuelve —dijo en un murmullo que le quemó la garganta—. Pero no tardes… porque yo tampoco me resisto.

Él la besó, esta vez despacio, con ternura. Un beso que sabía a promesa.

En medio del callejón, el auto se convirtió en su santuario. Un refugio donde el mundo desapareció, y solo quedaron ellos, piel con piel, deseo con deseo.

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Miriam Torres
hermosa historia de amor y unión 👏🏻👏🏻👏🏻
Imacairy Lopez
Hermosa historia, me encanta❤️
Maigualida Saavedra
/Drool/
Cuty Pasetti
muy bien capitulo 🇦🇷
Cuty Pasetti: me gusta
total 2 replies
Leticia Baeza Vazquez
esa murió x ambiciosa y x fácil
Leticia Baeza Vazquez
para empezar fue una estúpida imprudente y pues la ambiciosa obtuvo lo q quería y el karma es malo espero y la escritora haga q la estúpida ya madure
Leticia Baeza Vazquez
esta protagonista si q es buen pendeja y estúpida , ley la gordita del mafioso y nada q ver con esta gran estúpida q Atodo le tiene miedo q no mame la 🍷 gordita aprendió a luchar y a disparar y está pendeja x favor escritora q asco
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor tiene 25 años no es una maldita niña osea q ponga los putos pues en la tierra
Leticia Baeza Vazquez
osea esa pregunta estúpida nunca te as subido a uno cuando ella y contrabajo usa pecero osea no mames escritora con esa pregunta idiota
Flor Perez
yo en lo personal no me gustan las novelas de mafias por algunas que he leído sin embargo esta me tiene atrapada ,simplemente me a gustado muchísimo
Belkis Sioli
deja de llorar, es lo único que sabes hacer???😞😞😞😕😕
Belkis Sioli
más sensata la madre que ella. 😞😞😞👀👀
Belkis Sioli
querida, es lo mejor que te puede pasar, ser la mujer de un mafioso 😅😅😅
Belkis Sioli
porqué la narradora se extiende tanto en cosas que no aportan nada a la historia ??? aburre!!!!
Belkis Sioli
Marcelo y Tatiana quizás!!!🤔🤔🤔🤔
Belkis Sioli
la perdonó porque le salió bien, si era al revés que hubiese hecho???
Belkis Sioli
que cosa cuando se meten en vida ajena.
Belkis Sioli
alejate de esa mina, es muy venenosa 🤔🤔🤔😐😐😐
Belkis Sioli
se supone que se iba por dos días, ya pasaron esos dos días y se queda dos días más????
Belkis Sioli
ni vos te crees eso.😅😅
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