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Vidas Cruzadas

Vidas Cruzadas

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / CEO / Romance
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Un solo segundo bastó para cambiarlo todo. Un segundo y una mirada que nunca debió ocurrir. Cuando nos conocimos, ambos teníamos la vida resuelta: metas trazadas, rutinas intactas y alianzas selladas con un anillo. Ninguno buscaba nada. Sin embargo, la atracción fue inmediata, inevitable y devastadora. Estábamos casados con otras personas, pero el destino insistía en cruzarnos una y otra vez. ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar por la persona correcta en el momento equivocado? Una historia de deseo prohibido, lealtades puestas a prueba y dos vidas unidas por un hilo invisible.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El eco del rechazo

El sonido pesado de la puerta principal al cerrarse retumbó en la casa con una vibra distinta a la de costumbre. No era el andar pausado y calculador de Alejandro; era un paso apresurado, tenso, cargado de una irritación contenida.

Arriba, en la habitación principal, Sofía terminaba de guardar unos documentos en su maletín. Escuchó los pasos de su esposo subir los escalones de dos en dos. Instantes después, Alejandro cruzó el umbral. Llevaba la chaqueta del traje en la mano, la corbata desanudada y una expresión de evidente mal humor. La discusión que acababa de sostener con Valeria quien empezaba a exigirle más tiempo, regalos costosos y un lugar público en su vida le había dejado un sabor amargo de frustración y pérdida de control.

Alejandro lanzó la chaqueta sobre el sillón y fijó sus ojos en Sofía. Su mirada no transmitía cariño ni deseo genuino; era la frustración de un hombre acostumbrado a salirse con la suya que buscaba reafirmar su autoridad en el único terreno donde se sentía seguro.

—Llegas temprano —comentó Sofía con frialdad, manteniendo la distancia.

—Es mi casa, Sofía. Llego a la hora que quiero —respondió él, caminando a paso firme hacia ella—. Y me he cansado de este juego helado que llevas jugando durante semanas.

—No hay ningún juego, Alejandro. Simplemente estamos cansados —contestó ella, intentando rodear la cama para salir del dormitorio.

Pero Alejandro le cortó el paso con rapidez, sujetándola de los brazos con una firmeza incómoda.

—No te vayas —dijo, usando ese tono manipulador y envolvente que tan bien conocía—. Llevas un mes tratándome como a un extraño. Te recuerdo que soy tu esposo. He sido un buen proveedor, te he dado una vida cómoda, estabilidad y respeto ante todo el mundo. Creo que merezco un poco de atención de mi propia mujer, ¿no crees?

—Alejandro, por favor, déjame... —pidió Sofía, sintiendo un nudo ahogándole la garganta.

—¿Dejarte qué? ¿Dejar que te sigas alejando? —insistió él, acercándola hacia su cuerpo mientras intentaba buscar sus labios—. He tenido semanas muy pesadas en el trabajo, aguantando tensiones absurdas, y lo único que necesito es que te comportes como la esposa que juraste ser.

Sofía se quedó rígida. Una parálisis de duda y shock la envolvió. Aunque la voz de su conciencia le gritaba que lo apartara de un golpe, el acondicionamiento de años de complacencia y la culpa contenida hicieron que no se atreviera a rechazarlo abiertamente.

Cerró los ojos y apretó los puños, dejando que Alejandro presionara sus labios contra los suyos.

El contacto fue devastador.

El beso de Alejandro le supo a ceniza, a alcohol y a un perfume ajeno que apenas intentaba disimular. Un asco profundo, viscoso y absoluto le recorrió el estómago, subiendo por su garganta como una ola de náuseas irreprimibles.

Cada segundo que los labios de su esposo permanecían sobre los suyos se sentía como una profanación. En su mente, el recuerdo de la calidez, el respeto absoluto y la devoción de Mateo Maldonado contrastaba de manera cruel con la brusquedad manipuladora de Alejandro.

Sentía pánico de que la situación subiera de nivel, de no poder sostener la farsa un segundo más sin romper a llorar o gritar.

Entonces, un sonido estridente rompió la atmósfera.

El teléfono móvil de Alejandro, que descansaba sobre la mesita de noche, comenzó a vibrar e iluminarse con insistencia.

Alejandro se detuvo bruscamente a escasos centímetros de su rostro. Escuchó el tono de llamada y, sin dudarlo ni un solo segundo, soltó a Sofía como si de pronto hubiera dejado de existir.

Caminó a paso rápido hacia la mesita de noche y tomó el dispositivo. Echó un vistazo a la pantalla donde sin duda parpadeaba el nombre de su secretaria y le dirigió a Sofía una mirada rápida, nerviosa y calculadora.

—Tengo que responder esto. Es urgente del trabajo —mintió con una soltura escalofriante.

Sin esperar respuesta, Alejandro presionó el botón de contestar y salió del dormitorio a paso apresurado, hablando en un susurro acelerado mientras se alejaba por el pasillo.

La puerta quedó entreabierta.

Sofía se quedó de pie en medio de la habitación, temblando. Se llevó la mano a la boca, limpiándose los labios con el dorso del brazo con una desesperación instintiva, como si quisiera borrar cualquier rastro de ese beso.

Se dejó caer de rodillas al borde de la cama, apoyando la frente contra las sábanas. Una mezcla extraña y abrumadora de sensaciones la embargó en ese instante: por un lado, una tranquilidad infinita de haberse salvado en el último segundo gracias a esa llamada oportuna; por el otro, una profunda y amarga decepción al confirmar, una vez más, la bajeza de un hombre que no dudaba en usarla cuando le convenía y descartarla al primer llamado de su amante.

Pero entre el asco y la tristeza, algo dentro de Sofía terminó de romperse para siempre. Ya no había dudas, ni culpas, ni miedos a la soledad. El rechazo que había sentido hacia su esposo era la señal definitiva de que su matrimonio estaba muerto y sepultado.

Se levantó con la cabeza en alto, se dirigió al baño, se lavó la cara con agua fría y miró su reflejo en el espejo. Mañana por la mañana no habría más prórrogas. Enfrentaría a Alejandro con la demanda de divorcio y recuperaría la libertad que jamás debió entregar.

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Mirtha Van Meegroot
no pueden publicar novelas que no tienen final..... es muy malo!!!!!!..
Yolanda Beatriz Contreras Giménez
QUE PASA ESCRITORA QUE NO ACTUALIZAS ESTA HERMOSA NOVELA SE PIERDE EL ENTUSIASMO Y YO TE LEO MUCHO
Alexandra Ortiz Posada
Amo este hombre, que lindo es con ella🥰
Alexandra Ortiz Posada
Que bien, sin secretos y sin renunciar a ese gran amor 🥰
Alexandra Ortiz Posada
Por favor, que esto no los separe😞
Maria Mongelos
Interesante comienzo 💕gracias
Alexandra Ortiz Posada
Así es que se trata a esos desgraciados, sin darles ninguna importancia
Isela Aguirre
excelente inicio autora 👏saludos
Ysabel Correa: Gracias 🥰
total 1 replies
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