Ximena Blanco solo debía cumplir una misión: ocupar el lugar de su hermana gemela, casarse con Cristian Montalvo y aguantar el papel de esposa perfecta hasta que pudiera desaparecer con el dinero prometido.
El problema era Cristian.
Frío, rico, impecable y peligrosamente guapo, el heredero Montalvo parecía hecho para arruinarle la concentración. Ximena sonreía como una dama obediente, servía café, bajaba la mirada y fingía no sentir nada.
Pero por dentro era otra historia.
Ay, no. Ese hombre debería traer advertencia. Con esa camisa, esos hombros y esa cara de hielo, una mujer honesta pierde la dignidad.
Lo que Ximena no sabe es que Cristian puede escuchar cada pensamiento suyo.
Cada queja. Cada insulto. Cada fantasía vergonzosa sobre tocarle el pecho, quitarle la corbata o verlo perder el control por ella.
Al principio, Cristian solo quiere descubrir quién es en realidad esa mujer que finge ser tranquila mientras su mente arde sin descanso. Pero cuanto más la escucha, más le cuesta mantenerse lejos. La esposa falsa empieza a parecerle demasiado real. Sus pensamientos indecentes empiezan a gustarle demasiado. Y el hombre que juró no enamorarse termina obsesionado con la única mujer que no puede mentirle por dentro.
Pero Ximena guarda un secreto más peligroso que sus deseos: ella no es la novia que Cristian debía recibir en el altar.
Cuando la verdad salga a la luz, el matrimonio falso, la pasión escondida y todos los pensamientos que nunca debieron escucharse podrían destruirlos... o volver imposible que se separen.
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Capítulo 31
Capítulo 31: El ídolo
Cristian llevaba una semana saliendo tarde de la oficina.
No era exactamente huida.
Tampoco era exactamente trabajo.
Era esa zona cómoda donde los pendientes reales podían usarse para no entrar demasiado temprano a una habitación de planta baja donde Ximena, una libreta de fuegos artificiales y un par de pantuflas rosas le hacían preguntas que nadie pronunciaba.
Esa mañana, Mauricio entró a su oficina sin anunciarse.
Julián apareció detrás de él con cara de resignación.
—Intenté detenerlo.
—Mentira —dijo Mauricio—. Me admira.
Cristian no levantó la vista del informe.
—¿Qué quieres?
Mauricio se dejó caer en el sillón frente al escritorio.
—Tu mansión de Las Lomas.
Cristian alzó la mirada.
—No.
—Ni siquiera preguntaste para qué.
—Porque la respuesta sigue siendo no.
—Es para grabar una escena. Necesitamos una casa con jardín, aire de familia rica y energía de secreto caro. La tuya tiene todo eso y además un perro con nombre de duque.
—No grabarás en mi casa.
—No en la principal. En la otra, la que está cerca del colegio privado. La que tienes cerrada casi todo el año.
Cristian recordó la propiedad. Grande, discreta, a quince minutos de Santa Fe, preparada alguna vez para uso familiar y luego olvidada.
—¿Por qué esa?
—Porque la escena es cerca de un colegio y la producción quiere evitar traslados. Además, si digo que me la prestaste, parezco importante.
—Ya pareces insoportable.
—Eso vende.
Julián tosió para esconder una risa.
Antes de que Cristian pudiera responder, la puerta se abrió con suavidad.
Ximena apareció con una bolsa de comida en una mano y la muleta en la otra. Ya no usaba silla de ruedas todo el tiempo, pero el tobillo seguía obligándola a caminar despacio. Llevaba un vestido sencillo y el cabello suelto, como si venir a la oficina hubiera sido una decisión casual.
No lo era.
—Traje almuerzo —dijo.
Cristian se levantó de inmediato.
—¿Por qué viniste sola?
—Vine con chofer.
—Debiste avisar.
—Quería sorprenderte.
*Y quizá pedirte, con mucha dulzura y cero dignidad, que me dejes renunciar temporalmente a ese trabajo que me quiere devorar viva. Pero primero comida. Los hombres escuchan mejor cuando mastican.*
Cristian se quedó quieto.
Renunciar.
Antes de que pudiera preguntar, Mauricio se puso de pie.
—¿Y esta aparición?
Ximena lo miró.
Su rostro se quedó perfectamente compuesto.
Su mente no.
*No. No, no, no. Mauricio Villaseñor. Mau. Mi Mau de posters escondidos, de coreografías imposibles, de entrevistas donde decía "cuídense mucho" y yo me sentía personalmente cuidada. Está aquí. En carne, hueso y sonrisa. No grites. Eres esposa elegante. No una adolescente con carpeta decorada.*
Cristian cerró lentamente el informe.
Mauricio sonrió, acostumbrado a ese segundo de reconocimiento.
—Mauricio Villaseñor.
Ximena extendió la mano con una calma sobrenatural.
—Ximara Montalvo.
—La famosa esposa de Cristian.
—No tan famosa.
*Famosa no, pero disponible para morir aquí mismo. Qué piel. Qué sonrisa. Claro, no como Cristian. Cristian es pecado caro con traje. Mauricio es pecado de escenario con luces. Diferentes departamentos del infierno.*
Cristian miró hacia la ventana.
Mauricio tomó la mano de Ximena y la besó en el aire, sin tocar piel, pura cortesía exagerada.
—Entonces eres mi cuñada honoraria.
—¿Honoraria?
—Cristian y yo somos casi hermanos, aunque él lo niegue porque carece de ternura pública.
—Lo niego porque es falso —dijo Cristian.
Ximena sonrió.
*Casi hermanos. Claro. Lo más lejano del mundo es casarte con un hombre y descubrir que en realidad amas a su hermano del alma desde la secundaria.*
Cristian se quedó con el rostro inmóvil.
—¿Qué?
—¿Dijiste algo? —preguntó Mauricio.
—No.
Ximena abrió la bolsa de comida con manos un poco torpes.
—Traje chiles en nogada, ensalada y fruta.
—¿Para tres? —preguntó Mauricio.
—Para dos.
*Pero si Mau quiere mi porción, se la doy. Si Cristian quiere mi porción, le doy la fruta y me como su cara. No. Orden mental, por favor.*
Cristian dio la vuelta al escritorio.
—Mauricio ya se iba.
—No me iba. Estábamos negociando.
—La respuesta es no.
Mauricio se llevó una mano al pecho.
—Tu esposa está aquí. No seas cruel frente a testigos.
Ximena miró a Cristian.
—¿Negociando qué?
—Quiere usar una casa para grabar —dijo Cristian.
—¿Una casa tuya?
—Una propiedad familiar.
Mauricio se inclinó hacia ella, conspirador.
—Está junto al colegio donde grabaremos varias escenas. Me ayudarías muchísimo si convences a este muro de mármol.
—¿Junto al colegio? —Ximena parpadeó.
*¿Junto a mi trabajo? ¿Mauricio grabando cerca? Virgen santísima de las coincidencias deliciosas. Si no renuncio, puedo encontrármelo por casualidad. Muy casual. Con perfume. Y quizá vestido bonito. Pero Cristian... ay, Cristian también se ve precioso celoso.*
La silla de Cristian crujió bajo su mano.
—¿En qué colegio? —preguntó ella, demasiado suave.
Mauricio le dijo el nombre.
Ximena casi dejó caer una caja.
—Lo conozco.
—Perfecto. Dame tu número y te aviso fechas de grabación. Así coordinamos.
Cristian dio un paso.
—No hace falta.
Ximena sacó su celular.
—No hay problema.
*Estoy adulta. Soy casada. Puedo tener el número de mi ídolo sin que mi vida se incendie. Además, Cristian se ve increíble con esa vena en la mandíbula.*
Mauricio dictó su número. Ximena lo guardó con una compostura admirable.
Cristian, por dentro, no admiró nada.
—Ya terminaste —dijo.
Mauricio miró a su amigo, luego a Ximena, luego otra vez a Cristian.
Sonrió.
—Ah.
—No hagas "ah".
—No hice nada.
—Te conozco.
—Entonces sabes que voy a portarme bien.
Mauricio tomó sus lentes de la mesa.
—Cuñada honoraria, un placer. Cristian, piénsalo. La producción te mandará flores, yo te mandaré gratitud y quizá tu esposa me mande comida otro día.
—Fuera.
Mauricio salió riéndose.
La oficina quedó demasiado silenciosa.
Ximena acomodó las cajas de comida sobre la mesa.
—¿Comemos?
Cristian la miró.
—¿Mauricio?
—¿Qué tiene?
—Te pusiste pálida.
—Me sorprendió.
*Me desintegré. Pero con clase.*
—Y le diste tu número.
—Por la grabación.
—Claro.
*Y porque alguna vez tuve su foto de fondo de pantalla. Pero eso fue antes. Antes de casarme con este señor celoso de hombros perfectos. La vida es compleja.*
Cristian sostuvo su mirada.
La mente de Ximena, cruel y feliz, remató con un suspiro:
*Lo más lejano del mundo es casarte con un hombre y descubrir que el amor de secundaria era su hermano del alma.*
Cristian se quedó con signos de interrogación en la cara.
Y Ximena, sin saber que acababa de arrojar una antorcha a un cuarto lleno de gasolina, abrió tranquilamente la caja de chiles en nogada.
Desafortunadamente todos hablan igual, el humor negro, sarcasmo, el estilo de Ximena parece que se los transmitió a todos, que la amiga lo hiciera suele pasar pero la suegra, la mamá Tencha hasta el suegro en las pocas participaciones que tuvo, así los demás personajes.
La historia se alargó de más, relleno innecesario y pésimo final con esa dimensión alterna. Todo lo bueno se fue perdiendo al final.