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La Vida Que Nos Falta

La Vida Que Nos Falta

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Traiciones y engaños / Reencuentro / Amor prohibido
Popularitas:717
Nilai: 5
nombre de autor: Y.Valeri

Victoria tenía dieciocho años cuando conoció a Stefano.
Él tenía veintidós, una sonrisa imposible de ignorar y demasiadas verdades que decidió callar.

Para ella fue su primer gran amor. Para él, una historia que nunca debió comenzar.

Victoria creyó conocer al hombre del que se estaba enamorando, hasta que descubrió que Stefano guardaba un secreto capaz de cambiarlo todo. Intentó alejarse. Volvió. Lo perdonó. Y cuando finalmente creyó haber aceptado la verdad, descubrió que apenas conocía una parte de ella.

Lo que siguió fueron años de encuentros, despedidas y decisiones que terminaron llevándolos por caminos distintos.

Victoria creció. Amó. Construyó una vida que ya no dependía de Stefano.

Pero algunas historias no terminan cuando dos personas se separan.

A veces solo esperan el momento en que ambos tengan suficiente vida encima para entender lo que realmente perdieron.

NovelToon tiene autorización de Y.Valeri para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Un semestre afuera

Enero llegó con formularios, fechas y cuentas.

Victoria tenía abierta la página de matrícula en la computadora cuando su madre pasó detrás de ella.

—¿Ya escogiste las materias?

Victoria no respondió seguidamente.

Tenía varias anotaciones en una libreta.

Había hecho horarios.

Había revisado profesores.

Sus padres siempre habían pagado la matrícula y las materias. No eran una familia pobre, pero tampoco sobraba: cada año los costos subían y en la casa había que acomodar el presupuesto para que alcanzara.

Además de la universidad, estaban los pasajes, las copias, los materiales y todos los gastos esos pequeños que, juntos, terminaban pesando.

Podía matricular. Sus padres se lo habían dejado claro. La pausa no era porque ya no podía pagarle la universidad.

—Creo que este semestre no voy a matricular —dijo finalmente.

Su madre se detuvo.

—¿Por qué?

—Solo por este semestre.

—Eso no responde.

Victoria cerró un poco la computadora.

—Quiero trabajar.

Su madre la observó.

—¿Y dejar la universidad?

—No la voy a dejar.

Lo dijo rápido.

Tal vez demasiado.

—Quiero trabajar unos meses, tener experiencia y guardar algo mío. Después de volver.

Su madre frunció un poco el ceño.

—Tu papá y yo podemos seguir pagando la universidad.

—Ya sé. No es por eso. Quiero dejar de pedir para cada cosa y tener ahorros. También poder ayudar un poco si hace falta.

Su madre se sentó frente a ella.

—Si eso es lo que querés...

—Es temporal.

Victoria señaló la libreta.

—Ya sé qué materias quiero llevar cuando vuelva.

Su madre miró las páginas llenas de horarios y números.

—Entonces que sea temporal.

-Si.

Victoria.

Eso pensaba hacer.

• • •

Mateo estaba ayudando a su papá con unas cosas cuando Victoria se lo contó.

Tenía la computadora llena de documentos abiertos y una taza de café que llevaba tanto rato allí que ya debía estar fría.

—No voy a matricular este semestre —dijo ella.

Mateo dejó de mover el ratón.

—¿Por qué?

—Voy a buscar trabajo.

—¿Trabajo?

Victoria se rio.

—Sí, Mateo. Es una actividad que hace que la gente a cambio de dinero.

—Muy graciosa.

Él giró la silla.

—Pensé que ibas a seguir.

—Voy a seguir. Después.

Victoria se sentó en la cama.

—Quiero trabajar un tiempo. Tener experiencia, ahorrar y volver con algo mío.

—Tus papás pagan la U —dijo Mateo.

-Si. Pero una cosa es que puedan pagarla y otra que yo quiera depender de ellos para todo.

Mateo la miró unos segundos.

—¿Ya viste algo?

—Todavía no.

—Podemos hacerte un currículum bonito.

Victoria.

—¿Podemos?

—Yo lo hago y vos finís que ayudaste.

—Perfecto.

Aquella tarde terminaron armándolos juntos.

Mateo corrigió espacios, cambió tipografías y acomodó la información hasta que el documento parecía mucho más serio de lo que Victoria sentía que era su experiencia.

—Ahora parece que sé hacer cosas —dijo ella.

—Sabes hacer cosas.

—Estudiar y quejarme.

—Eso también cuenta.

Victoria guardó varias copias.

Por primera vez desde que había decidido no matricularse, sintió entusiasmo.

No quería quedarse en la casa esperando a que empezara el siguiente semestre.

Quería hacer algo.

Tener su propio dinero.

Ahorrar.

Volver a la universidad con experiencia, algunos ahorros y la sensación de que podía cubrir sus propios gastos sin pedir cada vez.

• • •

Los primeros días buscó de todo.

Tiendas.

Oficinas.

Recepción.

Atención al cliente.

Cualquier lugar donde pudiera empezar sin demasiada experiencia.

Laura le pasó anuncios.

Su madre recortó uno de un periódico.

Mateo revisaba algunos con ella.

Durante esas semanas él también empezó a pagar más cosas cuando salían: algún pasaje, un desayuno, unas copias, una merienda.

—Guardá lo que te dan en tu casa —decía—. Después usamos esa plata para algo mejor.

Victoria protestaba a veces. Mateo lo decía con tanta naturalidad que terminaba aceptando.

—Este queda lejísimos.

—Autobús de heno.

—Dos autobuses.

—La gente toma dos autobuses todos los días.

—Y después odia su vida.

Victoria se rio.

Otro tenía horario hasta tarde.

Mateo hizo una mueca.

—Saldrías a las nueve.

-Si.

—No me gusta.

—No te tiene que gustar.

Lo dijo sonriendo.

Mateo también sonrió.

—Bueno, pero seguí buscando algo mejor.

En ese momento no parecía una discusión.

Parecía sentido común.

Victoria tampoco llegar quería a casa a las diez de la noche por un salario pequeño.

Descartó ese anuncio.

Después otro.

Y otro.

No porque Mateo se lo ordenara.

Porque siempre encontraba algo que también a ella terminaba pareciéndole poco conveniente.

• • •

La primera entrevista llegó dos semanas después.

Era para atender una oficina pequeña.

Horario de lunes a sábado.

Victoria pasó la mañana escogiendo ropa.

Mateo llegó antes de que saliera.

—¿Qué haces aquí?

—Voy con vos.

—¿A la entrevista?

—Hasta allá. Tengo que hacer unas cosas después.

Victoria lo miró.

—¿Dónde?

Mateo señaló vagamente hacia la calle.

—Por ahí.

—Mentiroso.

Él sonrió.

—Bueno. Quería acompañarte.

Victoria no vio nada malo en eso.

Tomaron el autobús juntos.

Mateo se bajó con ella y esperó en una cafetería cercana mientras Victoria entraba.

La entrevista fue dura menos de lo que esperaba.

Cuando salió, él estaba exactamente donde lo había dejado, trabajando desde la computadora portátil.

—¿Y?

Victoria se sentó frente a él.

—Creo que bien.

—¿Te gustó?

-Si.

—¿Cuánto pagano?

Victoria le dijo.

Mateo hizo una pausa.

—¿Y el horario?

Ella también se lo dijo.

—Son seis días.

—Ya sé.

—Te quedaría un día libre.

—Mateo.

—Solo digo.

Victoria revolvió el café que él había pedido para ella.

—Quiero trabajar.

—Y yo quiero que encontré algo bueno, no lo primero que salga.

La frase sonó razonable.

Incluso cariñosa.

Victoria.

—Si llaman, igual voy a pensarlo.

—Claro.

Mateo cerró la computadora.

—Es tu decisión.

Victoria creyó que lo era.

Y todavía lo era.

O al menos así se sentía.

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Yara
/Proud/
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