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Obsessed

Obsessed

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio
Popularitas:402
Nilai: 5
nombre de autor: Akari_Art

Quien diría que una beca en Alemania solo para estudiar tomaría un rumbo distinto al imaginado..

NovelToon tiene autorización de Akari_Art para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EP 16: -La casa de los bennett

La casa Bennett tenía una rutina que casi nunca cambiaba.

Las mañanas comenzaban temprano.

Arthur era siempre el primero en levantarse.

A las seis y media, cuando el resto de la casa todavía permanecía en silencio, las luces del despacho ya estaban encendidas. Arthur se sentaba frente a una enorme mesa de madera, revisaba correos, documentos y reportes antes de siquiera desayunar.

No necesitaba que nadie le recordara sus responsabilidades.

Había aprendido desde muy joven que, dentro de una familia como la suya, detenerse demasiado tiempo podía significar quedarse atrás.

A las siete y cuarto, Cinthia bajaba a la cocina.

A diferencia de Arthur, ella no comenzaba el día hablando de negocios.

Preparaba café, revisaba los mensajes de su teléfono y, algunas veces, se quedaba mirando por la ventana mientras esperaba que el resto de la casa despertara.

—¿Arthur ya está trabajando? —preguntaba Tyler desde las escaleras.

Cinthia ni siquiera necesitaba mirar hacia arriba para saber que era él.

—Desde hace una hora.

—¿Y ya está de mal humor?

—Todavía no.

Tyler sonreía.

—Entonces tengo tiempo.

Cinthia negaba con la cabeza.

Tyler siempre había tenido esa capacidad de encontrar una manera de hacer las cosas un poco más complicadas de lo necesario.

A diferencia de Isaac, no seguía las rutinas de la casa con precisión.

Se levantaba tarde cuando podía.

Dejaba libros sobre los sillones.

Olvidaba vasos en la sala.

Perdía constantemente las llaves.

Y, aunque Cinthia se quejaba de aquello casi todos los días, también era la primera persona en buscarle las llaves cuando Tyler no las encontraba.

—Están en la entrada —le decía.

—¿Cómo sabes?

—Porque ayer también las dejaste ahí.

—Entonces tengo una rutina.

—Una rutina bastante mala.

Tyler se reía y tomaba las llaves.

Isaac, en cambio, aparecía en el comedor casi siempre a la misma hora.

No necesitaba despertador.

Su rutina se había construido con los años hasta convertirse casi en una costumbre automática.

Café.

Desayuno.

Noticias.

Trabajo.

Universidad.

Entrenamiento.

Y nuevamente trabajo.

A veces Cinthia lo observaba desde el otro extremo de la mesa.

Isaac podía pasar varios minutos leyendo documentos sin levantar la mirada.

—¿No vas a comer? —preguntaba ella.

—Estoy comiendo.

—Llevas diez minutos mirando el mismo plato.

Isaac finalmente levantaba la mirada.

—Estoy pensando.

—También puedes pensar mientras comes.

Tyler soltaba una pequeña risa.

Isaac lo miraba.

—¿Algo gracioso?

—No.

—Entonces deja de sonreír.

—No estaba sonriendo.

—Sí estabas.

Cinthia intervenía antes de que la conversación terminara en una discusión.

—Los dos.

Y eso bastaba.

No porque los hermanos le tuvieran miedo.

Simplemente habían aprendido que cuando Cinthia utilizaba ese tono, continuar no tenía sentido.

Arthur aparecía algunos minutos después.

Su presencia cambiaba ligeramente el ambiente.

No necesitaba levantar la voz.

Nunca había sido necesario.

Se sentaba en la cabecera de la mesa y comenzaba a desayunar mientras revisaba las noticias.

—Isaac.

—¿Sí?

—¿Tienes reunión hoy?

—A las once.

—¿Con los abogados?

—Con ellos y con el departamento financiero.

Arthur asentía.

—Bien.

Después miraba a Tyler.

—¿Y tú?

Tyler continuaba comiendo.

—Tengo clases.

—¿A qué hora?

—A las diez.

Arthur miraba el reloj.

—Son las ocho.

—Lo sé.

—Entonces deberías prepararte.

—Me estoy preparando mentalmente.

Isaac bajaba la mirada para ocultar una sonrisa.

Arthur lo notaba.

—¿Algo que quieras decir?

—No.

—Entonces termina el desayuno.

La conversación continuaba como si nada.

Así eran los Bennett.

No necesitaban grandes discusiones para demostrar que existían diferencias entre ellos.

Estaban en los pequeños detalles.

En la manera en que Arthur hablaba con Isaac.

En la paciencia que tenía con Tyler.

En la forma en que Cinthia intentaba mantener la casa funcionando.

Y en la manera en que Isaac observaba todo sin comentar demasiado.

Durante los fines de semana, la dinámica cambiaba.

Arthur intentaba dedicar parte del sábado a la familia.

No siempre lo conseguía.

Su teléfono permanecía cerca.

Los empleados sabían que podían llamarlo.

Los problemas de la empresa no desaparecían porque fuera sábado.

Aun así, algunas veces conseguía sentarse con ellos durante el desayuno.

Cinthia preparaba café.

Tyler aparecía con el cabello desordenado.

Isaac llegaba después de entrenar.

Y durante aproximadamente una hora, la casa parecía una familia completamente normal.

Había discusiones sobre películas.

Comentarios sobre el clima.

Quejas de Tyler sobre las clases.

Preguntas de Arthur sobre los estudios de ambos.

Cinthia intentaba recordarles que tenían que hacer compras.

Y, ocasionalmente, Isaac contaba algo sobre la universidad.

Eran momentos sencillos.

Precisamente por eso tenían importancia.

Porque dentro de una casa tan grande, la normalidad siempre había sido algo difícil de conservar.

Por las tardes, Isaac solía encerrarse en su despacho.

Trabajaba o estudiaba.

Tyler, en cambio, ocupaba casi cualquier espacio disponible.

Podía estar en la sala viendo televisión, en el jardín escuchando música o sentado en la cocina hablando con Cinthia.

No necesitaba demasiado para entretenerse.

Una tarde, Isaac bajó al salón y encontró a Tyler sentado en el suelo rodeado de papeles.

—¿Qué haces?

—Nada.

Isaac miró los papeles.

—Eso parece mucho para alguien que está haciendo nada.

—Estoy buscando un documento.

—¿Cuál?

Tyler levantó uno.

—Este.

Isaac lo miró.

—Eso es una factura.

Tyler tomó otro.

—Entonces este.

—Eso es un contrato.

—Perfecto.

Isaac suspiró.

—¿Qué documento buscas?

—No sé.

—¿Cómo sabes que lo estás buscando entonces?

Tyler lo miró durante unos segundos.

—Ahora entiendo por qué papá dice que eres insoportable.

Isaac tomó uno de los papeles.

—Y ahora entiendo por qué mamá dice que necesitas organizarte.

Tyler sonrió.

—Ella dice eso de los dos.

Isaac se quedó callado.

No corrigió la palabra.

Mamá.

Cinthia había dejado de incomodarse cuando Tyler la llamaba así.

Para Isaac, en cambio, siempre había sido diferente.

Nunca había llamado madre a Cinthia.

Ni siquiera cuando era niño.

No porque la odiara.

Simplemente porque aquella palabra ya pertenecía a otra persona.

Cinthia lo había comprendido hacía mucho tiempo.

Por eso nunca se la había exigido.

La relación entre ellos era extraña, pero estable.

Podían pasar horas sin hablar y, aun así, Cinthia sabía cuándo Isaac necesitaba que alguien estuviera cerca.

Isaac también sabía que Cinthia siempre respondía cuando la necesitaba.

No tenían una relación perfecta.

Nunca habían intentado fingir que la tenían.

Pero existía respeto.

Y, con los años, algo parecido al cariño.

Por la noche, la familia solía reunirse para cenar.

Arthur llegaba algunas veces antes que los demás.

Otras veces era el último.

Cinthia preguntaba cómo había sido el día.

Tyler hablaba demasiado.

Isaac hablaba poco.

Arthur escuchaba.

Era una rutina que se había repetido durante años.

Pero incluso las rutinas podían cambiar.

Una noche, Tyler apareció en la mesa casi veinte minutos tarde.

—Perdón.

Arthur levantó la mirada.

—¿Dónde estabas?

—Con unos amigos.

—Te dije que avisaras.

—Lo olvidé.

Arthur dejó los cubiertos sobre el plato.

—No puedes simplemente desaparecer.

Tyler bajó la mirada.

Cinthia intervino.

—Ya está aquí.

Arthur la miró.

—Ese no es el punto.

—Lo sé.

Isaac permaneció en silencio.

No quería intervenir.

Había aprendido que las discusiones entre Arthur y Tyler no siempre necesitaban una tercera persona.

Tyler terminó sentándose.

Durante unos minutos nadie habló.

Después Cinthia comenzó a contar algo sobre una reunión que había tenido aquella tarde.

La conversación cambió.

Eso también era parte de la rutina.

La familia podía discutir y, diez minutos después, hablar de cualquier otra cosa.

No porque los problemas desaparecieran.

Sino porque habían aprendido a continuar.

Más tarde, cuando todos se habían retirado, Isaac permaneció unos minutos en la sala.

Arthur todavía estaba allí.

—¿No vas a dormir? —preguntó su padre.

—En un rato.

Arthur asintió.

Isaac se quedó de pie.

Durante unos segundos pareció que quería decir algo.

—Papá.

—¿Sí?

—¿Alguna vez pensaste en irte?

Arthur levantó la mirada.

—¿De la casa?

Isaac negó.

—De todo.

Arthur tardó en responder.

—Muchas veces.

Isaac no esperaba aquella respuesta.

—¿Y por qué nunca lo hiciste?

Arthur miró hacia el ventanal.

—Porque algunas responsabilidades no desaparecen cuando uno se va.

Isaac comprendió que la respuesta hablaba de muchas cosas.

De la empresa.

De la familia.

De él.

De Tyler.

Quizás incluso de Catherine.

No preguntó.

Arthur tampoco explicó.

Desde el pasillo, Cinthia había escuchado parte de la conversación.

No intervino.

Sabía que algunas conversaciones entre padre e hijo necesitaban permanecer solamente entre ellos.

Esa noche, cuando Isaac subió a su habitación, encontró a Tyler sentado en el suelo del pasillo.

—¿Qué haces ahí?

—Esperándote.

—¿Por qué?

Tyler se encogió de hombros.

—Quería preguntarte algo.

Isaac se apoyó contra la pared.

—¿Qué?

Tyler dudó.

—¿Tú crees que papá nos trata diferente?

Isaac lo observó.

Podría haber respondido muchas cosas.

Podría haber dicho que sí.

Podría haber dicho que no.

Pero después de tantos años, había aprendido que la verdad no siempre era una respuesta sencilla.

—Creo que nos trata de maneras diferentes.

Tyler frunció el ceño.

—¿Es lo mismo?

—No.

—¿Entonces?

Isaac respiró lentamente.

—Somos personas diferentes, Tyler.

Su hermano asintió.

No parecía completamente convencido.

Pero tampoco insistió.

Ambos se quedaron en silencio durante unos segundos.

Después Tyler se levantó.

—Buenas noches.

—Buenas noches.

Tyler caminó hacia su habitación.

Isaac permaneció allí unos instantes más.

Desde aquel pasillo podía ver parte de la escalera, la entrada al despacho de Arthur y el retrato familiar que llevaba años colgado en la pared.

Una familia que, desde afuera, parecía perfecta.

Arthur Bennett.

Cinthia Bennett.

Isaac Bennett.

Tyler Bennett.

Cuatro personas viviendo bajo el mismo techo.

Cuatro vidas diferentes.

Cuatro maneras distintas de entender lo que significaba pertenecer a aquella familia.

Y aunque los días parecían repetirse una y otra vez, Isaac sabía que las cosas nunca permanecían iguales para siempre.

Porque los Bennett habían construido su vida alrededor de rutinas.

Pero también habían aprendido, con los años, que cualquier pequeño cambio podía alterar el equilibrio de toda la casa.

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