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Mi Corazón Es Tuyo

Mi Corazón Es Tuyo

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Amor prohibido / Reencarnación
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: liz Ramirez

ADVERTENCIA
Esta historia contiene escenas fuertes en algunas partes: crueldad emocional, celos posesivos, discusiones, furia, manipulación

un alfa y un omega

NovelToon tiene autorización de liz Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Nueva orden

Después de caminar por los pasillos de la guarida, el Alfa finalmente llegó a la oficina del jefe de la pandilla 69.

La puerta estaba entreabierta.

—Pasa —se escuchó desde el interior.

El Alfa abrió la puerta y entró sin decir una palabra.

Dentro de la oficina, el jefe estaba sentado detrás de su enorme escritorio. Frente a él había varios documentos y una botella de licor que todavía no había terminado.

Sin embargo, lo más llamativo era Vanessa.

La hermosa mujer estaba sentada encima del escritorio, cruzando las piernas con elegancia mientras observaba al jefe. Este intentaba mantener una expresión seria, aunque de vez en cuando la miraba con nerviosismo.

Lo extraño era que aquel hombre no le temía a nadie. Había ordenado asesinatos, controlaba territorios enteros y hasta sus propios hombres temblaban cuando se enfadaba.

Pero con Vanessa era diferente.

Nunca se atrevía a contradecirla.

Y ni él mismo entendía por qué.

—Ya llegué —anunció el Alfa con su habitual voz fría.

—Siéntate, número 69 —ordenó el jefe.

El Alfa tomó asiento en una de las sillas frente al escritorio. Se acomodó con tranquilidad, cruzando una pierna sobre la otra.

Vanessa lo observó de reojo, recordando lo ocurrido aquella mañana.

Veamos si vuelves a desobedecer una orden, pensó.

El jefe carraspeó y abrió una carpeta.

—Tenemos un problema con el doctor Black.

El Alfa inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Qué hizo?

—Nos debe una cantidad considerable de dinero. Hace meses que prometió pagar, pero sigue poniendo excusas. Además, parece que está intentando desaparecer sin cumplir su parte del trato.

El jefe cerró la carpeta de golpe.

—Quiero que te encargues de él. No podemos permitir que alguien nos robe y después se marche como si nada hubiera pasado.

El Alfa respondió sin vacilar.

—Entendido.

—El doctor Black conoce demasiados secretos de nuestra organización. No quiero que esta situación se prolongue más de lo necesario.

—Me ocuparé del asunto.

El jefe pareció satisfecho.

Sin embargo, Vanessa, que había permanecido escuchando en silencio, levantó la mirada.

—Hay algo más.

Los dos hombres se volvieron hacia ella.

Vanessa deslizó un dedo por el borde de la carpeta y sonrió.

—Quiero que elimines también a cualquier militar que se cruce en tu camino. Los que estén patrullando las calles, los que investiguen nuestros negocios y cualquiera que intente acercarse demasiado a nuestros asuntos.

El Alfa permaneció inmóvil.

—¿A todos los militares? —preguntó.

—¿Tienes algún problema con eso? —replicó ella, arqueando una ceja.

—No. Solo quería confirmar la orden.

Vanessa se inclinó ligeramente hacia él.

—Perfecto. Porque no quiero que vuelvas a cometer el error de ayer.

El ambiente de la oficina cambió de inmediato.

El jefe miró a Vanessa y después al Alfa, sin atreverse a intervenir.

—¿De qué error están hablando? —preguntó finalmente.

—De nada que deba preocuparte —contestó Vanessa con una sonrisa encantadora.

El jefe asintió rápidamente.

—Por supuesto. Como tú digas.

El Alfa notó el nerviosismo del hombre, pero decidió no preguntar. Tenía asuntos más importantes en la cabeza.

Un militar de cabello amarillo.

Una sonrisa.

Un parque lleno de niños.

No puede ser que me esté pasando esto otra vez…

Apretó discretamente los dedos contra el brazo de la silla.

Vanessa lo notó.

—¿Sucede algo, número 69?

—No.

—Entonces mírame cuando te hablo.

El Alfa giró el rostro hacia ella, aunque la venda seguía cubriéndole los ojos.

Vanessa sostuvo su mirada durante unos segundos antes de sonreír.

—Quiero que recuerdes quién eres. No eres una persona corriente. Eres el mejor experimento que ha producido nuestro laboratorio. No tienes que sentir lástima por nadie y mucho menos por nuestros enemigos.

El Alfa guardó silencio.

—¿Me has entendido? —insistió ella.

—Sí.

—Bien. Puedes retirarte.

El Alfa se levantó, hizo un breve gesto con la cabeza y caminó hacia la puerta.

Pero justo antes de salir, escuchó la última frase de Vanessa.

—Y recuerda algo, número 69: si descubro que has vuelto a dejar escapar a un militar, yo misma me encargaré de averiguar qué te está pasando.

La puerta se cerró.

Vanessa dejó de sonreír.

El jefe la observó con cautela.

—¿Por qué estás tan interesada en ese muchacho?

Ella bajó del escritorio lentamente y se acomodó la ropa.

—Porque quiero saber qué puede hacer que una máquina perfecta deje de obedecer.

Su mirada se dirigió hacia la puerta por la que había salido el Alfa.

—Y tengo la sospecha de que ese omega de cabello amarillo es la respuesta.

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