NovelToon NovelToon
Bajo El Halo De Sangre Y Hielo

Bajo El Halo De Sangre Y Hielo

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance / Posesivo
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Mi Autoria

Una oprimida joven con su loba adormecida por veneno huye hacia su destino al descubrir que el implacable Alfa del Norte es su predestinado.

NovelToon tiene autorización de Mi Autoria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: Sombras del Este, rastros ocultos y la primera noche de fuego

A cientos de leguas de la fría y altiva Vintergald, en los dominios oscuros y calculadores del Este, la paciencia de Ronan Noctarm se había agotado por completo. Las evasivas y los repetidos retrasos de Caroline Castell ya no causaban gracia, sino una profunda sospecha.

—Esa mujer inservible cree que puede jugar con los tiempos del Este —escupió Ronan con voz ronca, paseando a grandes zancadas por su sala de tronos mientras su sombra se proyectaba alargada sobre las paredes de piedra oscura. Se detuvo en seco y miró a uno de sus hombres de confianza, un guerrero de mirada despiadada llamado Varek—. Ve al Norte. Averigua de inmediato qué pasa con la supuesta muchacha de linaje puro que esa mujer prometió entregar. Y si es necesario... dale un ultimátum inapelable. Si en una luna no cumple con el pacto de sangre, la magia del juramento se encargará de consumir su miserable alma hasta reducirla a cenizas. No toleraré más excusas.

Varek inclinó la cabeza con una sonrisa torcida y se retiró de inmediato para cumplir la orden. El reloj del pacto de sangre había comenzado a correr con fuerza letal sobre la cabeza de Caroline.

Mientras tanto, en el pueblo del Norte, Alexis se encontraba al borde de la desesperación. Tras recorrer los tablones de anuncios públicos del mercado, su corazón dio un vuelco al ver el retrato de Mikeila fijado con cera; la guardia lo había colocado siguiendo las órdenes que la reina le había arrancado a Caroline. Al no poder rastrearla por su cuenta y sintiendo que las opciones se le agotaban, había acudido a su padre, un veterano consejero del reino.

—Hijo, no te martirices. Es una muchacha astuta y sabe cuidarse —le había dicho su padre, colocándole una mano comprensiva en el hombro al ver su rostro demacrado—. Escucha: pronto se celebrará la gran fiesta de caza anual del palacio a la que todos los clanes y familias notables deben acudir. Tal vez allí encuentres a alguien que la haya visto o sepa algo de su paradero.

Alexis, aferrándose a esa mínima brizna de esperanza, asintió con gratitud, prometiéndose que no descansaría hasta dar con ella.

En el interior del castillo, Kael caminaba por los pasillos portando un viejo y gastado equipaje de cuero. Se detuvo frente al estudio privado del Alfa y abrió la puerta sin ceremonias.

—Mi señor, aquí traigo lo que la señorita tenía escondido en los límites del bosque privado —informó Kael, depositando pesadamente la maleta sobre la mesa de roble.

Harlan miró el objeto cerrado con fijeza y frunció el ceño.

—¿Eso es lo único que había? —preguntó.

—Sí, mi señor. Y debo decir que la señorita tiene una habilidad excelente para ocultar rastros; me tomó bastante tiempo dar con el escondite exacto —respondió Kael antes de hacer una reverencia—. ¿Algo más?

—No, ya puedes retirarte. Buen trabajo —indicó Harlan.

Tomando la maleta con una mano, Harlan se encaminó hacia la recámara de Mikeila. Aquella sería la primera noche de su tratamiento con la medicina de Canaria, un proceso crítico que marcaría el inicio de su purga. Al llegar, dio dos golpes secos en la puerta. Una doncella la abrió de inmediato y se hizo a un lado para dejarlo pasar.

Mikeila estaba sentada al borde de la cama, con el rostro pálido y la mirada tensa.

—Retírense por ahora —ordenó Harlan con voz firme.

Las doncellas obedecieron al instante, abandonando la estancia y cerrando la puerta tras de sí, dejando a ambos a solas. Harlan se acercó y colocó el viejo equipaje cerca de ella. Mikeila lo miró con sorpresa y, con un movimiento rápido, lo deslizó bajo la cama para mantenerlo oculto.

—Gracias... —murmuró ella bajito.

—Estás muy nerviosa —observó Harlan, deteniéndose a poca distancia y cruzando los brazos sobre su pecho.

—Sí... lo estoy —admitió ella sin intentar disimularlo.

—Estaré aquí todo el tiempo —prometió él con firmeza.

Mikeila asintió despacio mientras tomaba entre sus temblorosas manos la taza de té de hierbas oscuro, destapando con cuidado el primer frasco de medicina preparado por Canaria para verter su contenido. La luz pálida de la luna llena comenzaba a asomarse a través de los ventanales escarchados, alcanzando su punto más alto en el firmamento.

—Señor... —dijo ella de pronto, recostándose con lentitud sobre el colchón y cubriéndose hasta la mitad del torso con las sábanas.

Harlan dio un paso al frente, suavizando la expresión de su rostro.

—Dime... Y por favor, al menos cuando estemos a solas, trátame con normalidad, Mikeila.

Un leve rubor tiñó las mejillas de la muchacha.

—Harlan... —probó decir su nombre en un susurro dubitativo—. ¿Puedes tomar mi mano?

Él no lo dudó ni un segundo. Se sentó a su lado en la cama, envolvió la mano fría de ella con la suya, fuerte y cálida, y le dedicó una mirada llena de absoluta devoción.

—Aquí estaré, Mikeila. Tranquila... No dejaré que nada te pase —le aseguró, mientras el primer amargo sorbo de la medicina comenza ser ingerido.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play