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LA ÚLTIMA PROMESA DE SANTIS

LA ÚLTIMA PROMESA DE SANTIS

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Traiciones y engaños / Reencuentro / Completas
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

​Sinopsis Corta
​Tras años de separación, dolor y una condena a muerte dictada por engaños en el oscuro mundo de la mafia, Valerio De Santis y Lysandra Varesi vuelven a cruzar sus caminos. En medio de traiciones familiares y la amenaza inminente de sus enemigos, Valerio renunciará al poder terrenal y arriesgará su vida para proteger a Lysandra y a sus hijos mellizos, Eren y Lyra. Una apasionante historia de amor, sacrificio y redención donde las cicatrices del pasado se transforman en el cimiento de una vida en paz.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: Fuego en las colinas y el juramento de la sombra

​El aire fresco de las montañas del norte de España traía consigo un presagio de tormenta. Eran las diez de la noche cuando una llovizna fina comenzó a empapar los frondosos pinos que rodeaban la casa de campo donde Lysandra y los mellizos intentaban construir su nueva vida.

​En el interior de la vivienda, la calidez de la chimenea iluminaba la sala de estar. Lysandra terminaba de doblar una manta sobre el sofá, mientras Eren y Lyra, en pijama, dibujaban sobre la mesa de madera.

​—Mamá, ¿podemos ir mañana al arroyo que vimos cerca del camino? —preguntó Lyra, levantando los ojos con su lápiz de color verde en la mano.

​—Mañana no, mi amor —respondió Lysandra con una sonrisa suave, agachándose para acomodarle el cabello—. Va a llover muy fuerte todo el día. Pero podemos preparar galletas de avena y leer cuentos.

​—¡Yo quiero hacer las galletas! —exclamó Eren, levantando los brazos con entusiasmo—. Pero primero voy a revisar que la puerta trasera esté bien cerrada, como me enseñaste.

​Lysandra sonrió con orgullo ante la madurez de su pequeño, pero antes de que Eren pudiera ponerse de pie, un chasquido seco —el sonido inconfundible de una rama gruesa rompiéndose fuera del porche— cortó la paz de la habitación.

​Lysandra se congeló de inmediato. El instinto de supervivencia que la había mantenido alerta durante ocho años en la clandestinidad se activó al instante.

​—Niños, al fondo de la cocina, ahora —ordenó Lysandra en un susurro firme y urgente, poniéndose de pie con rapidez.

​—Mamá... ¿qué pasa? —preguntó Eren, dando un paso adelante con los puños apretados.

​—¡A la cocina, los dos! ¡Detrás del mesón y no salgan por nada del mundo! —gritó Lysandra mientras corría hacia el cajón de la entrada para empuñar una linterna pesada y un cuchillo de caza.

​Antes de que los niños alcanzaran el pasillo, el ventanal lateral del salón saltó en mil pedazos con un estruendo ensordecedor. Dos hombres vestidos con ropa táctica negra, rostros cubiertos con pasamontañas y armas automáticas con silenciador irrumpieron en la casa, rodeados de una nube de cristal roto.

​—¡Abran paso! —gritó uno de los asaltantes en italiano con marcado acento napolitano—. ¡Atrapen a la mujer y a los bastardos! ¡El clan Savastano exige la cabeza del linaje De Santis!

​Lysandra no lo dudó. Lanzó la linterna con todas sus fuerzas directamente al rostro del primer hombre, impactándole en los ojos y haciéndolo retroceder tambaleante.

​—¡Corran! —chilló Lysandra, lanzándose sobre el segundo sujeto y clavándole el cuchillo de caza en el hombro.

​—¡Maldita perra! —rugió el mercenario, golpeando a Lysandra con la culata del subfusil en el pómulo, enviándola violentamente contra el suelo de madera.

​—¡Mamá! —gritó Eren con desesperación, tomando un florero de cerámica de una repisa y arrojándolo contra la cabeza del mercenario—. ¡Déjala en paz, feo!

​El asaltante se giró hacia el niño con la mirada inyectada en furia, levantando la mano para sujetarlo del cuello.

​—¡No los toques! —vociferó el primer mercenario recuperado, agarrando a Lyra del brazo mientras la niña chillaba aterrorizada.

​¡BANG!

​Un disparo certero cruzó la estancia desde el umbral de la puerta rota. El mercenario que sujetaba a Lyra cayó desplomado al instante, con un impacto letal en la sien. El segundo sujeto apenas tuvo tiempo de girarse cuando la puerta estalló por completo bajo una patada descomunal.

​Valerio Giancarlo De Santis irrumpió en la sala en medio de la oscuridad. No traía escoltas; venía completamente solo, empapado por la llovizna, con la chaqueta de cuero abierta, los ojos azul grisáceo ardiendo en un frenesí de pura furia asesina y una pistola táctica de gran calibre en la mano derecha.

​—¡Toquen a mi familia y los despellejo con mis propias manos! —rugió Valerio con una voz visceral que hizo retumbar las paredes de la casa.

​El mercenario superviviente intentó levantar su arma, pero Valerio se movió con una velocidad sobrehumana. Acortó la distancia, le destrozó la muñeca de un golpe seco para desarmarlo y, mientras el arma caía al suelo, le asestó una patada brutal en el pecho que lo estrelló contra el marco de la chimenea, dejándolo inconsciente y sangrando.

​Sin perder ni un solo segundo, Valerio guardó la pistola en el cinto y corrió hacia el suelo. Al ver a Lysandra tendida, llevándose la mano a la mejilla herida, y a los mellizos temblando en una esquina, se arrodilló de inmediato junto a su esposa.

​—¡Lysandra! —exclamó Valerio con el corazón en la garganta, tomándola del rostro para examinarla—. ¿Estás bien? ¿Te lastimaron en otro lado?

​Lysandra lo miró a través de las lágrimas, respirando con dificultad mientras intentaba apartarlo.

​—¡Mis... mis hijos! —alcanzó a articular ella, señalando hacia el pasillo.

​Valerio se levantó de un salto y se dirigió a los mellizos. Eren se interpuso frente a su hermana con un trozo de madera en la mano, temblando pero con la mandíbula firme, mirándolo con un orgullo idéntico al suyo.

​—Están a salvo, los tengo yo —dijo Valerio con voz ronca, evaluando la situación con la mirada fría de un estratega—. Pero esto no ha terminado. El clan Savastano me siguió la pista hasta aquí. Vienen más afuera.

​En ese instante, las luces de dos todoterrenos iluminaron el jardín delantero a través de los cristales rotos. Las ráfagas de fusiles automáticos comenzaron a granizar contra la fachada de madera, destrozando los muebles y haciendo volar los escombros por los aires.

​¡RATATATATATA!

​—¡Al suelo todos! —gritó Valerio, lanzándose sobre Lysandra y los niños para cubrirlos con su propio cuerpo mientras las balas atravesaban el salón.

​—¡Nos van a matar! —chilló Lyra, escondiendo el rostro en el pecho de su madre entre sollozos inconsolables.

​Eren miró a Valerio, notando que una esquirla le había abierto una pequeña herida sangrante en el cuello, pero el hombre ni se inmutaba. Con una mano firme, Valerio sacó nuevamente su arma y disparó a través de los huecos de la pared hacia los atacantes que avanzaban por el porche.

​—¡Eren, mírame! —ordenó Valerio con firmeza, tomándole el rostro al niño entre sus manos y mirándolo fijamente a los ojos—. En la cocina, debajo de la alfombra, hay una compuerta metálica que lleva al sótano. ¿Puedes llevar a tu mamá y a tu hermana allá abajo y cerrar por dentro?

​—¡Sí, puedo! —respondió el niño, apretando los dientes con valentía a pesar de sus siete años.

​—Ese es mi valiente —murmuró Valerio con un nudo en la garganta—. Llévalas allá y no abran por nada del mundo. Yo me encargo de los demás.

​—¡Valerio, estás solo! —gritó Lysandra, sujetándolo del brazo con desesperación mientras el fuego cruzado destruía la casa—. ¡No tienes hombres, te van a acribillar!

​Valerio la miró a los ojos, con una calma absoluta y una sonrisa melancólica pero decidida.

​—Hace ocho años te perdí por mi culpa, Lysandra. Prometí protegerlos desde las sombras, y hoy lo haré con mi vida si es necesario. ¡Váyanse al sótano ahora!

​Lysandra vio en los ojos del Capo que no había marcha atrás. Con el alma destrozada pero guiada por el instinto de proteger a los mellizos, se puso de pie y los arrastró hacia la cocina.

​Cuando escuchó el golpe seco de la compuerta metálica cerrándose en el sótano, Valerio se puso de pie en medio de la sala devastada. Abrió su chaqueta, sacó dos cargadores llenos de munición y los acomodó en su cinturón. Salió caminando con paso firme por la puerta principal de la casa, exponiéndose a la lluvia y a la lluvia de balas de los mercenarios.

​—¡Están buscando al Capo! —gritó Valerio con una furia desatada, disparando con absoluta precisión desde el porche oscuro—. ¡Aquí estoy, cobardes de Savastano! ¡Vengan a buscarme!

​En medio de la noche y las colinas, la soledad de Valerio no fue una debilidad, sino el motor de una matanza implacable para asegurar que su familia tuviera un mañana.

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Marly
excelente novela felicidades al autor
Leila Tapia
/Facepalm/
Susana Macedo
Hermosa historia, muy atrapante y muy buen final felicitaciones 👏👏👏
Mirna Lobo
me encantó felicidades escritora 😊👏👏
Belkys Natalia Quintero García
MUY bonita historia felicitaciones autora recomendada para leer al 💯
Belkys Natalia Quintero García
está bueno que se jodan hasta más de la mitad jajaja
Belkys Natalia Quintero García
ése capo de pacotilla no da ni risa 😄😄, dan ganas de levantalo a cacheta por estupido y dejarse manejar como marionetas del orestes malandro ése, ahora que lisandra no lo perdone y lo ponga a lamerle las botas, por desgraciado infeliz y ella se dé su valor
neumidia ruiz
me encantó la historia pe4o mas el mensaje felicidades escritora
neumidia ruiz
ay yo pensé que iban a tener otro hijo☺️
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