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Al Diablo Con Mi Prometido.

Al Diablo Con Mi Prometido.

Status: En proceso
Genre:Villana / Reencarnación
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Lady Eleanor lo dio todo por amor y recibió a cambio una taza de té envenenado, la humillación pública y una ejecución silenciosa ordenada por el hombre al que juró amar: el príncipe heredero y su propio prometido. Pero la muerte no fue el final, sino el despertar de una furia milenaria.

Reencarnada en su propio cuerpo justo antes del baile de compromiso que selló su perdición, Eleanor decide cambiar las reglas del juego. Ya no será la damisela sumisa; abrazará la oscuridad que corre por sus venas, desatando la magia arcana de las brujas de sangre y firmando un pacto prohibido con un dragón milenario que duerme bajo las catacumbas del imperio. Entre pasiones peligrosas, un dark romance tan adictivo como letal y una venganza meticulosamente planeada, Eleanor está lista para destruir a todos los que la traicionaron... comenzando por el hombre que creyó que podía romperla dos veces.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 07

Lyra se detuvo en seco. Su rostro angelical se contrajo en una mueca de espanto y sus manos volaron involuntariamente hacia su corpiño para revisar los lazos de seda. Al darse cuenta de que la había descubierto en su propio juego, un rubor escarlata de pura vergüenza e indignación le quemó las mejillas.

—¡Cómo te atreves a insinuar semejante bajeza! —chilló en un susurro histérico, dando un paso hacia mí con los puños crispados—. ¡Eres una vulgar insolente! ¡Aedric es el príncipe heredero! ¡Él me respeta como a una hermana!

—Aedric no respeta ni a la madre que lo parió —repliqué, recortando la distancia entre nosotras con pasos silenciosos y felinos hasta quedar a escasos centímetros de su rostro—. Y tú no eres su hermana, Lyra. Eres la perra faldera que recoge las migajas que caen de mi mesa mientras finge tener linaje. Pero dime algo... si tanto deseas el lugar que me corresponde, ¿por qué no tienes las agallas de pedirle al emperador que te nombre a ti la futura emperatriz esta misma noche? ¿Por qué seguir escondiéndote en las esquinas como las cucarachas que huyen de la luz?

Lyra temblaba de furia. El veneno en sus ojos se transformó en un odio visceral, puro y desprovisto de cualquier máscara familiar.

—¿Crees que eres intocable porque naciste cinco meses antes que yo de la rama principal, Eleanor? —siseó con desprecio, inclinándose hacia mi oído—. Eres una patética perdedora sin talento mágico. No sabes tocar el laúd, no sabes bailar sin pisar a tus parejas y ni siquiera sabes cómo complacer a un hombre con una sola mirada. Aedric te desprecia. Me lo ha dicho mil veces mientras me besaba en el pabellón de caza: le das asco. Solo te necesita por el sello de las tierras del sur que tu madre te heredó por derecho de sangre. En cuanto ese anillo esté en tu dedo y el contrato quede registrado en los anales imperiales, Aedric tomará el control total de tus feudos y tú... tú serás enviada a una villa en las montañas para que te pudras en soledad mientras yo gobierno el imperio a su lado como su consorte imperial favorita.

Una sensación de satisfacción gélida me inundó el pecho al escucharla confesar con tanta exactitud el mismo destino que sufrí en mi vida anterior. No se habían inventado nada nuevo. El libreto de su traición era idéntico; la única diferencia radicaba en que esta vez los actores no sabían que el guion había sido arrojado a las llamas.

—Gracias por recordármelo, querida prima —le susurré de vuelta con una sonrisa que le heló la sangre en las venas—. Es reconfortante saber que ni siquiera en tu imaginación logras ser más que una concubina de segunda clase. Pero descuida... esta noche no tendrás que conformarte con las sobras de mi plato. Te voy a servir el banquete entero en bandeja de plata para ver si eres capaz de tragártelo sin ahogarte en tu propia codicia.

Sin darle tiempo a replicar, la aparté de mi camino con un empellón sutil pero cargado del peso gélido de mi magia interna. Lyra trastabilló sobre sus zapatos de tacón alto, chocando contra el tocador y derribando un frasco de perfume de cristal que se estrelló contra el piso de mármol, inundando la estancia con una fragancia amarga de rosas muertas.

Salí del vestidor sin mirar atrás, dejando a la víbora recogiendo los pedazos rotos de su vanidad.

Al cruzar el umbral del corredor principal, el sonido ensordecedor de los heraldos imperiales retumbó en las bóvedas góticas del palacio:

—¡Atención a todos los señores y damas del imperio! ¡Su majestad imperial, Charles IV von Valenor, señor de los siete mares y protector de la fe del sol, hace su entrada solemne al Gran Salón del Trono! ¡Que la corte incline la cabeza ante la luz eterna!

Las inmensas puertas de roble con relieves de dragones dorados se abrieron de par en par. La música de las trompetas de plata y los órganos de tubos inundó el ambiente con una grandiosidad opulenta y pesada.

Avancé por el pasillo central alfombrado en escarlata. A ambos lados, más de trescientos aristócratas de los linajes más antiguos de Valenor contenían la respiración, observando mi marcha con ojos hambrientos de drama. Habían corrido los rumores del altercado con el archiduque Bondhe en el salón de baile como fuego en pólvora seca; todos esperaban ver si la doncella sumisa de los Fiargod se arrodillaría dócilmente ante el poderío de la corona o si el escándalo alcanzaría cotas inimaginables.

En la cima de las escalinatas de mármol blanco se alzaba el trono del sol. Sentado en él, el emperador Charles IV: un anciano decrépito de mirada calculadora, cubierto por un manto pesado de armiño y sosteniendo el cetro de oro coronado por un diamante del tamaño de un puño humano. A su derecha, de pie y con la barbilla en alto, se encontraba el príncipe Aedric.

Aedric había cambiado su casaca blanca por una túnica ceremonial de gala en seda añil oscuro y bandas doradas. Su muñeca derecha, aún visiblemente hinchada por la presión que Aleixandre Bondhe le había ejercido minutos antes, estaba cuidadosamente oculta bajo un guantelete de terciopelo bordado. Me miraba con una frialdad arrogante, con esa sonrisa triunfal de quien se siente respaldado por todo el peso de un imperio y las leyes divinas. En su mano izquierda sostenía un estuche forrado en terciopelo negro donde reposaba el mítico *Ojo del Firmamento*, el zafiro ancestral de la dinastía Valenor que servía como anillo de compromiso para las futuras emperatrices.

A la izquierda de las escalinatas, mi padre, el duque Gerald, sudaba frío. Tenía las manos entrelazadas a la espalda y sus ojos me suplicaban en silencio, con una desesperación patética, que no hiciera ninguna locura que terminara por arruinar su posición en la corte.

1
A.B. 💜🐨
Tremenda constestada 🤣😅🫰
A.B. 💜🐨
Eso mi reina, eso!!
A.B. 💜🐨
El villano...digo nuestro protagonista
A.B. 💜🐨
Infeliz
A.B. 💜🐨
Que arda el reino!!
A.B. 💜🐨
Hermoso 💜, bello.
A.B. 💜🐨
Oh.

Impresionante comienzo.
Arriba las villanas!
Arely Castañeda
mas por favor🥰👏👏👏
Gleirys Carolina
Buen empezar😊
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