El cielo estaba despejado aquella mañana, y las calles de la ciudad permanecían tranquilas. Nadie imaginaba que, antes de que terminara el día, el mundo que conocían dejaría de existir.
nas cuando anos riendo. Varios testigos aseguran
amó a su padre, pero la llamada terminó enviándolo ntesta, ón cambió.
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Al fin al refugio
Los tres soldados corrieron por el pasillo hasta llegar a las escaleras. Detrás de ellos comenzaron a escucharse gruñidos provenientes de los pisos superiores.
—¡Rápido, lleguen al vehículo! —ordenó Marco.
Iván protegía al pequeño Mateo contra su pecho mientras corría. Darian iba detrás de ellos, mirando de vez en cuando hacia el edificio, todavía afectado por lo que acababa de suceder.
Cuando llegaron a la calle, Marco abrió la puerta del vehículo y los tres subieron rápidamente.
—¡Arranca! —gritó Marco.
Darian encendió el motor y pisó el acelerador. El vehículo se alejó del edificio mientras algunas criaturas aparecían en la entrada.
Ninguno de ellos habló durante los primeros minutos.
Iván estaba sentado en la parte trasera, sosteniendo al bebé con cuidado. Mateo había llorado desesperadamente después del disparo, pero poco a poco comenzó a tranquilizarse.
—Shhh… tranquilo, pequeño —susurró Iván, meciéndolo suavemente—. Ya pasó. Estás a salvo.
El bebé abrió ligeramente los ojos y observó el rostro del soldado. Después se acurrucó contra su uniforme, sujetando uno de sus dedos con su pequeña mano.
Iván bajó la mirada y suspiró.
—Es tan pequeño…
Marco permaneció mirando por la ventana, sin responder.
Darian, por su parte, no había pronunciado una sola palabra desde que abandonaron el edificio. Tenía las manos apretadas alrededor del volante y la mirada fija en la carretera.
—Darian… —lo llamó Iván después de un rato.
El soldado no respondió.
—¿Estás bien?
—Estoy conduciendo —contestó Darian secamente.
Iván comprendió que no quería hablar y volvió a concentrarse en el bebé.
Marco miró a Darian por el retrovisor.
—Hice lo que tenía que hacer.
Darian apretó la mandíbula.
—No te pregunté nada.
—Si esa mujer se hubiera convertido en una de esas criaturas, podría haber atacado a alguien.
—¡Ya basta, Marco! —intervino Iván en voz baja—. Tenemos un bebé aquí.
Marco dejó de hablar, pero la tensión dentro del vehículo continuó.
Darian no podía dejar de recordar las súplicas de aquella mujer. Su rostro lleno de lágrimas, la manera en que había entregado a su hijo y aquella última petición para que lo mantuvieran a salvo.
No sabía si Marco había tenido razón al considerar que no había otra salida, pero tampoco podía aceptar que le hubieran quitado la vida sin siquiera intentar buscar ayuda.
Después de un largo trayecto, finalmente llegaron al refugio militar.
Los guardias reconocieron el vehículo y abrieron las enormes puertas. Darian condujo hasta el área de estacionamiento y apagó el motor.
—Ya llegamos —murmuró.
Iván descendió cuidadosamente, sin dejar de sostener a Mateo.
El pequeño ya había dejado de llorar y parecía estar quedándose dormido otra vez.
—Tenemos que llevarlo con los médicos —dijo Iván—. Necesitamos que revisen su estado y que comprueben si está herido.
Marco asintió y bajó del vehículo.
Darian permaneció sentado unos segundos, mirando sus propias manos sobre el volante.
—Darian, ¿vienes? —preguntó Iván desde afuera.
Finalmente, abrió la puerta y descendió sin decir nada.
Los tres caminaron hacia el interior del refugio. Algunos soldados que pasaban por el pasillo se detuvieron al ver que Iván llevaba a un bebé.
—¿De dónde sacaron al niño? —preguntó uno de ellos.
—Lo encontramos en un apartamento de la ciudad —respondió Iván—. Necesita atención médica.
Una enfermera se acercó rápidamente y los condujo hasta una pequeña habitación para revisar al bebé.
Mientras tanto, Darian se quedó afuera, apoyado contra la pared.
Marco se acercó a él.
—Tenemos que hablar.
—No tengo nada que decirte.
—Darian, sé que estás molesto, pero…
—¿Molesto? —Darian levantó la mirada—. ¿Crees que solamente estoy molesto?
Marco guardó silencio.
—Esa mujer te pidió que salvaras a su hijo. Lo único que quería era que alguien lo cuidara. ¿Y tú qué hiciste? La apuntaste con tu arma como si ya no fuera una persona.
—Estaba infectada.
—¡Y seguía siendo una madre!
La voz de Darian resonó por el pasillo. Algunos soldados voltearon a mirarlos.
Darian respiró profundamente y apartó la mirada.
—No quiero hablar contigo.
Se alejó antes de que Marco pudiera responder.
Mientras caminaba por los pasillos del refugio, solo podía pensar en el pequeño que habían rescatado. Aquel bebé había perdido a su madre y ni siquiera sabía lo que había ocurrido.
Darian se detuvo frente a la habitación médica y observó a través de la ventana.
Iván estaba sentado junto a una camilla, sosteniendo la pequeña mano de Mateo mientras la enfermera lo examinaba.
El bebé dormía tranquilamente.
Darian bajó la cabeza y murmuró:
—Al menos tú estás a salvo, pequeño.
Pero, aunque había logrado regresar al refugio, algo dentro de él había cambiado. Y sabía que jamás olvidaría lo ocurrido en aquel apartamento.