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El Heredero Del Abismo

El Heredero Del Abismo

Status: En proceso
Genre:Demonios / Viaje a un mundo de fantasía / Apocalipsis
Popularitas:262
Nilai: 5
nombre de autor: El Grillo

¿Crees en un mundo perfecto?
Mateo con su consola sin portada... SI aunque tenga que ser por encima quien sea... Asi sea su familia... Culpable ¿SI o NO?

NovelToon tiene autorización de El Grillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LLAMADAS DE LO OSCURO.

Toc.

Toc.

Toc.

Otra vez los tres golpes.

Mateo se quedó frío en la mitad del cuarto. El relojito marcaba las 3:33 a.m. y esa voz que dijo su nombre todavía estaba ahí, como pegada en el aire.

—Mateo Rivas... sabemos que ya encontraste el juego.

Se le erizó todo. Volteó a mirar al pasillo. La casa estaba en silencio total.

Su mamá, su hermana, su papá... nadie se había despertado. Nadie había oído nada.

Y vuelven a golpear. Pero más duro, más despacio, como si el que está afuera estuviera gozándose el momento.

Salió descalzo, sin hacer bulla. La única luz era la de la luna que se metía por la ventana y hasta sus propios pasos le sonaban durísimo.

Llegó a la sala y se paró frente a la puerta. Por debajo no se veía sombra, no se oía respirar a nadie. Pero él sabía que ahí había alguien.

Cogió valor y miró por el oculo.

Nada. El pasillo del edificio solo, oscuro.

—Me estoy enloqueciendo, parce... —dijo bajito, respirando más tranquilo.

Y en ese preciso momento le taparon el oculo.

No era una mano normal. Era una mano toda flaca, larguísima, con dedos negros como si fueran de humo. Tapó todo.

Mateo pegó un brinco hacia atrás. La puerta empezó a vibrar, suave.

Y ahí mismo le susurraron. Pero no desde afuera, sino pegadito al oído.

—No abras... todavía.

Volteó de una. No había nadie detrás.

Cuando volvió a mirar la puerta, ya no vibraba. El pasillo estaba normal, vacío. Como si no hubiera pasado nada.

*A la mañana siguiente*

El desayuno fue re incómodo, nadie hablaba.

Héctor, el papá, ni se tomó el café. Tenía los ojos rojos, como si no hubiera dormido nada. Toda la noche metido entre papeles. Sobre la mesa había una carpeta gruesa con un sello rojo que decía CONFIDENCIAL.

Mateo trató de hacerse el relajado.

—¿Mucho camello, pa?

Héctor lo miró, serio.

—Demasiado.

La mamá intentó suavizar.

—Llevas días sin dormir bien.

—Duermo cuando acabe este caso —le contestó cortante y nadie más preguntó nada.

Antes de irse, Héctor metió la carpeta en el maletín y ahí Mateo alcanzó a leer una palabra en la portada: UMBRAL.

Esa palabra se le quedó sonando. Era la misma que salía en los papeles que había encontrado su papá y juraba que también la había visto dentro del juego. Ya no era coincidencia.

*En la tarde*

Al salir del colegio no se fue para la casa. Se fue directo para el mercado donde compró la consola. Tenía que encontrar al cucho que se la vendió.

El callejón estaba lleno como siempre. Ropa de segunda, libros viejos, herramientas todas oxidadas. Pero el puesto del viejito ya no estaba. Ahora había una tienda de bicicletas.

Se arrimó al dueño.

—Veci, qué pena... ¿qué pasó con el señor de las antigüedades que se ponía aquí?

El man lo miró raro.

—Aquí nunca ha habido antigüedades, chino.

—Sí, yo estuve aquí hace dos días.

—Yo llevo quince años aquí, mijo. Nunca ha habido nadie.

Se le hizo un vacío en el estómago. Le preguntó a los otros vendedores y todos le salieron con la misma vaina. Nadie conocía al anciano. Era como si nunca hubiera existido.

Ya cuando se iba, vio a un niño en la esquina mirándolo. Como de diez años, con ropa toda vieja, como de otra época. Tenía un globo negro.

Se le quedaron mirando y el niño le sonrió.

—Ya empezaste a jugar.

Mateo se quedó tieso.

—¿Qué dijiste?

El niño apuntó al cielo.

—Ellos ya saben quién sos.

Pasó un bus en la mitad, fueron dos segundos nada más. Cuando el bus pasó, el niño ya no estaba. Solo quedó el globo negro subiendo despacito hasta perderse entre los edificios.

*Por otro lado*

Héctor estaba metido en un archivo subterráneo de la policía. Un hueco que casi nadie conocía, lleno de cajas y expedientes empolvados que nadie quería tocar.

Un archivista viejito le llevó una caja de metal.

—Esto fue lo único que se salvó del incendio del Proyecto Umbral.

La abrió. Adentro había fotos, mapas y un cuaderno escrito a mano. En la primera página decía: Diario del doctor Esteban Llorente. 14 de octubre de 1989.

Empezó a leer en voz baja:

"Hoy abrimos la Puerta por primera vez. No encontramos otro planeta. No encontramos otra dimensión. Encontramos un lugar que parece estar por debajo de la realidad. Ellos nos vieron primero."

Héctor sintió un frío raro.

Siguió: "Solo uno de nosotros escuchó la voz. La entidad dijo que algún día mandaría a su Heredero. Nos pidió que preparáramos el mundo. Nos negamos. Esa misma noche desaparecieron doce investigadores."

Las hojas de la mitad estaban arrancadas. Solo quedaba la última, escrita toda temblorosa:

"No destruyan el juego. Es demasiado tarde. El juego no es una máquina. Es una puerta."

*Esa noche*

Mateo llegó mamado a la casa. Trató de ignorar la consola. Hizo comida, se puso a leer apuntes, hasta se inventó un proyecto de programación para no pensar.

A las once en punto, las luces empezaron a parpadear.

Una, dos, tres veces.

Y la consola se prendió sola.

No salió el menú. Solo dos frases.

PRUEBA COMPLETADA.

OBSERVADOR LOCALIZADO.

Se le apretó el pecho. El televisor mostró una imagen en blanco y negro. Era la entrada de su propio edificio. Y él sabía que ahí no había ninguna cámara.

En la imagen apareció un man con gabardina oscura y sombrero, sin que se le viera la cara. Entró al edificio, subió las escaleras. La cámara lo iba siguiendo piso por piso, como si hubiera cámaras invisibles en todos lados.

Primer piso. Segundo. Tercero. Cuarto.

Se paró justo frente al apartamento de los Rivas. Levantó la cabeza y aunque no se le veía la cara, Mateo sintió que lo estaba mirando fijo.

Levantó la mano y golpeó.

Toc.

Toc.

Toc.

Igualito que anoche.

Mateo salió corriendo a la sala y abrió la puerta de un tirón.

Vacío. El pasillo solo. Pero el ascensor estaba abierto, como si alguien se acabara de bajar.

Adentro había una sola cosa: una moneda negra, como una ficha de casino, bien fría. Por un lado tenía el mismo símbolo que salía al lado de los muertos que investigaba Héctor. Por el otro, un trono.

La cogió y en un segundo se le vino una imagen a la cabeza: una ciudad gigante quemándose con llamas negras, miles de bichos caminando en silencio hacia un castillo flotando en un abismo. Y arriba de todo, un trono vacío, esperándolo.

La visión se le fue. Cayó de rodillas. La moneda seguía ahí, helada, y en la palma de la mano le había salido una marquita negra, como una venita de tinta que se le empezaba a subir por la muñeca. La intentó limpiar y nada, más bien se le iba alargando.

*Al otro día*

A Héctor lo llamaron de urgencia. Nuevo caso de Los Sin Rostro. Llegó y era una iglesia abandonada, toda acordonada. En el sótano había un poco de máscaras blancas colgadas del techo, todas hechas de caras de verdad. Y en la mitad, un mural pintado con sangre seca: un trono con un poco de gente arrodillada. El mismo trono del diario.

Un agente llegó corriendo.

—Detective, encontramos esto detrás del altar.

Era una cajita de madera con una foto vieja, como de hace veinte años. Siete personas con bata de laboratorio, entre ellos el doctor Llorente. Y al fondo, casi escondido en la sombra, un niño de cinco años mirando a la cámara.

Era idéntico a Mateo. Los mismos ojos, la misma cara.

Detrás de la foto había algo escrito: "El Heredero siempre encuentra el juego. Aunque todavía no haya nacido."

A Héctor le empezaron a temblar las manos. Por primera vez en todo ese caso, sintió miedo de verdad. No por el caso, sino por su hijo.

Y sin darse cuenta, mientras él sostenía la foto, en el apartamento la consola se volvió a prender sola.

FRAGMENTOS DEL TRONO: 0/13

Nueva misión: "Encuentra al Primer Guardián."

Y por primera vez, algo empezó a salir de adentro de la pantalla. No salió todo. Solo una mano gigante, llena de grietas negras, agarrando el borde del televisor como si quisiera pasarse para este lado.

CONTINUARA...

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