Isabella necesita salvar a su familia y Alexander necesita una esposa. La solución parece sencilla: un matrimonio por contrato durante un año.
Solo hay una regla que no pueden romper: no enamorarse.
Pero vivir juntos, compartir secretos y enfrentar enemigos hará que aquello que comenzó como un acuerdo se convierta en algo mucho más real.
¿Podrán cumplir el contrato sin perder el corazón en el intento? 💗
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Capítulo 4 — Las reglas
Isabella salió del edificio Blackwood con la carpeta apretada contra el pecho.
Había firmado.
De verdad lo había hecho.
Durante los siguientes doce meses estaría casada con Alexander Blackwood.
La idea todavía le parecía absurda.
Subió al auto y apoyó la cabeza contra el asiento mientras observaba los edificios pasar por la ventana.
—¿Estás bien? —preguntó Emma desde el asiento de atrás.
Isabella se giró sorprendida.
—¿Qué haces aquí?
—Papá me pidió que te acompañara.
Emma miró la carpeta.
—¿Lo firmaste?
Isabella asintió.
—Sí.
Emma se quedó callada unos segundos.
—¿Y cómo es él?
—Frío.
—¿Guapo?
Isabella la miró.
—Emma.
—Solo preguntaba.
—Es arrogante.
—Eso no responde mi pregunta.
Isabella suspiró.
—Sí, es guapo.
Emma sonrió.
—Lo sabía.
—Pero eso no importa.
—Claro.
—No importa.
—Isabella, llevas repitiéndolo desde que subí al auto.
Isabella miró por la ventana para esconder una pequeña sonrisa.
—Cállate.
Dos días después, Isabella recibió un mensaje.
Alexander: Mañana a las siete. Cena con mi familia.
Ella respondió inmediatamente.
Isabella: ¿Es necesario?
La respuesta llegó unos segundos después.
Alexander: Sí.
Isabella puso los ojos en blanco.
Isabella: ¿Siempre eres tan mandón?
Pasaron unos segundos.
Alexander: Sí.
Ella dejó el teléfono sobre la cama.
—Insoportable.
Al día siguiente, a las siete en punto, Isabella llegó a la mansión Blackwood.
Alexander la esperaba en la entrada.
—Llegas puntual.
—Tú dijiste a las siete.
—La mayoría de las personas llega tarde.
—Entonces elegiste a la persona equivocada para tu contrato.
Alexander la observó unos segundos.
—Empiezo a pensar que quizá no fue una mala elección.
Isabella no supo qué responder.
Antes de que pudiera hacerlo, Alexander extendió su brazo.
—Tenemos que entrar.
Ella miró su brazo.
—¿Qué haces?
—Necesitamos parecer una pareja.
—Ah.
Isabella tomó su brazo.
Caminaron juntos hacia el comedor.
Dentro estaban los padres de Alexander, su hermano Lucas y una mujer que Isabella no conocía.
La mujer se levantó inmediatamente.
—Alexander.
Su voz sonó demasiado familiar.
Alexander se detuvo.
—Samantha.
Isabella miró a Alexander.
Samantha sonrió.
—Ha pasado mucho tiempo.
—Sí.
—No sabía que ibas a venir acompañado.
Alexander miró a Isabella.
—Ella es Isabella.
Samantha la observó de arriba abajo.
—¿Tu prometida?
Alexander tomó suavemente la mano de Isabella.
—Mi futura esposa.
Isabella sintió que su corazón daba un pequeño salto.
No por las palabras.
Sino porque la mano de Alexander estaba sosteniendo la suya.
—Encantada —dijo Isabella.
—Igualmente.
Samantha volvió a sentarse.
Pero su expresión había cambiado.
Durante la cena, Isabella intentó mantenerse tranquila.
La familia Blackwood hablaba de negocios, viajes y eventos importantes.
Ella apenas participaba.
Hasta que Victoria habló.
—Isabella, supongo que sabes que casarte con Alexander significa formar parte de esta familia.
—Sí.
—No es una familia sencilla.
Alexander dejó los cubiertos sobre la mesa.
—Mamá.
Victoria lo ignoró.
—Hay ciertas expectativas.
Isabella sostuvo su mirada.
—Lo entiendo.
—¿Y estás preparada para cumplirlas?
Antes de que Isabella pudiera responder, Alexander intervino.
—No tiene que demostrarle nada a nadie.
Todos quedaron en silencio.
Victoria lo miró sorprendida.
Alexander tomó nuevamente la mano de Isabella debajo de la mesa.
—Ella será mi esposa porque yo lo decidí.
Isabella lo miró.
Por primera vez desde que habían firmado el contrato, sintió que Alexander estaba de su lado.
Al terminar la cena, Alexander la acompañó hasta la puerta.
—Lo hiciste bien.
—¿Eso significa que aprobé?
—Sí.
Isabella sonrió.
—Qué alivio.
Alexander la miró unos segundos.
—Mañana tenemos que hablar de las reglas.
—¿Más reglas?
—Sí.
—Pensé que ya habíamos firmado suficientes.
—Hay cosas que no están en el contrato.
Isabella frunció el ceño.
—¿Como cuáles?
Alexander abrió la puerta.
—Mañana te las explicaré.
Ella salió.
Pero mientras caminaba hacia el auto, una pregunta no dejaba de rondarle la cabeza.
¿Qué otras reglas tendría que seguir para sobrevivir a un año como esposa de Alexander Blackwood?