En un mundo en caos al borde de la guerra, Kael entra en una mazmorra llamada Lune con más de 100 pisos. Está mazmorra es la única en todo el continente del imperio, nadie sabe como llegó o quién la creo.
Selene es una Elfa, su misión es asistir a todo aquel aventurero que entre en la mazmorra.
El problema está cada vez que suban un piso, un nuevo reto, un recuerdo olvidado, un nombre, una parte de ellos.
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Capítulo 4: El grito que no era suyo
Después de un rato, Selene está en el punto de descanso, dándole vueltas a la cantimplora. Escucha un grito humano. Corto, ahogado. De dolor... o de victoria.
Su corazón se acelera por primera vez en 200 años. "Por fin te moriste", susurra, pero su voz suena hueca. No suena aliviada. Suena... vacía.
"No eres más que otro humano del montón", se miente a sí misma mientras corre al Piso 2.
Entra y el aire está helado. No hay luz de antorchas. Solo oscuridad... y un charco enorme de algo negro que no es sangre.
En el centro: Kael. De pie sobre el pecho del Guardián del Piso 2. Una bestia de 4 brazos con armadura de hueso. La espada de Kael clavada hasta la empuñadura, justo en el corazón del monstruo.
Pero no es la espada lo que lo mató. Del pecho del jefe salen cientos de hilos de sombra con fuego negro. Lo están devorando desde adentro. El monstruo no grita. Tiene la boca abierta... pero olvidó cómo se hace.
Kael no está jadeando. No está sangrando. Solo gira la cabeza lento cuando escucha pasos. Y sonríe. Esa sonrisa de ayer. Sin preocupación.
"Te tardaste, elfa. Ya terminó".
Cuando Selene entra, todas las sombras de la sala... huyen. Se meten bajo las piedras, se pegan al techo, se esconden detrás de Kael como niños asustados.
Kael: ¿Que raro que mis sombras teman a Selene?. Susurra más para si mismo.
Selene da un paso atrás. Nunca pasó. Las sombras son hijas de la mazmorra. La mazmorra es su casa. ¿Por qué huyen?
Kael baja de un salto del monstruo. El cuerpo del jefe se vuelve ceniza negra en 2 segundos.
Kael se limpia la espada en su capa. "¿Viste? Te dije que estaba cansado, no muerto".
Cuando Kael habla, Selene escucha 2 voces. La suya... y otra, más grave, susurrando medio segundo después: _"No era necesario que vinieras"_. Nadie más está en la sala.
Las runas de su brazo izquierdo no están apagadas. Están... moviéndose. Como si fueran tinta en agua. Forman símbolos que Selene conoce. Son del idioma muerto de los Monarcas. Un idioma que se perdió hace 1000 años.
Selene toca el pecho de Kael por instinto. Busca el recuerdo que la Torre debería cobrar. No hay nada. El jefe murió... pero no dejó recuerdo. Como si Kael no solo lo matara. Lo borrara de la historia.
Selene susurra, helada: "Kael... ¿qué hiciste con él? No solo lo mataste. Lo... deshiciste".
Kael se encoge de hombros y pasa a su lado. "Mismo precio que ayer, elfa. La Torre cobra. Yo pago. Todos felices".
Se detiene en la puerta al Piso 3. Sin girarse dice: "Ah, y Selene... ten cuidado, a veces el misterio puede hacer que las personas se mueran por la curiosidad".
Cruza la puerta. Las antorchas vuelven a encenderse solas.
Selene se queda sola con ceniza flotando y una pregunta quemándole la lengua: ¿Si las sombras le temen... es porque Kael es más monstruo que la mazmorra?
Porque estoy segura de lo que vi, ni bien entre todas las sombras huyeron.