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Divorciada Y Con Un Amor Prohibido.

Divorciada Y Con Un Amor Prohibido.

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Mujer despreciada / Amor prohibido / Ella Mayor Que Él
Popularitas:21.2k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Renata creyó que el peor error de su vida había sido amar a un hombre que jamás la quiso.

Durante tres años fue la esposa perfecta de Rodrigo, soportando humillaciones y sacrificios con la esperanza de que algún día él la mirara con amor. Pero la noche de su tercer aniversario descubre la verdad más cruel: su esposo la engaña con Daniela, su propia hermana, la mujer que desde niña le arrebató todo lo que alguna vez quiso.

Decidida a recuperar su dignidad, Renata pide el divorcio y jura no volver a depender de ningún hombre. Sin embargo, cuando cree haber perdido a la única familia que le quedaba, alguien inesperado comienza a sostenerla en silencio.

Adrián siempre estuvo ahí.

Quince años menor que ella. Hermano de su mejor amiga. El hombre al que jamás debería mirar.

Lo que Renata ignora es que Adrián lleva años enamorado de ella, observándola desde la distancia, esperando el día en que pudiera demostrarle que el amor no duele, no humilla y mucho menos traiciona.

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Capítulo 3

—Los guardaespaldas me avisaron. —Adrián no le quitó las manos de encima a Ximena, pero tenía los ojos puestos en Renata—. Que estaban en un bar, que se iban a quedar en casa. No me quedé tranquilo y vine yo.

Renata lo miró desde el fondo de su borrachera, y aunque todo le daba vueltas, esa cara la reconoció.

Adrián. El hermano menor de Ximena.

Se acordó, sin querer, del flaco de quince años que las perseguía a las dos por la casa cuando ella tenía treinta y llegaba a refugiarse ahí cada vez que su padre o Roxana la dejaban hecha pedazos. Se acordó del muchacho que le cargaba las bolsas sin que se lo pidiera, que la miraba de reojo cuando creía que ella no se daba cuenta. Y ahora ese muchacho medía una cabeza más que ella, le había torcido la muñeca a un tipo del doble de su peso sin despeinarse, y le había puesto su saco encima como si fuera lo más natural del mundo.

—Adrián —repitió Renata, y hasta a ella le sonó rara su propia voz—. Estás… grande.

—Y tú estás borracha. —Él casi sonrió, pero no del todo—. Vamos, las llevo a casa.

Adrián manejó despacio, con las dos mujeres atrás porque Ximena se había negado a soltar a Renata ni un segundo.

Por el retrovisor la veía. Renata tenía la cabeza apoyada en el hombro de su hermana, los ojos entrecerrados, el saco de él tapándole hasta las manos, y a Adrián se le apretó algo en el pecho que llevaba años enseñándose a ignorar.

No debía. Se lo repetía como un rezo cada vez que la tenía cerca. Ella le llevaba quince años, era la mejor amiga de Ximena, era prácticamente de la familia, y hasta hacía unas horas era la esposa de otro. No tenía ningún derecho a que se le acelerara el pulso solo de verla dormida contra el vidrio.

La conocía desde los quince. La primera vez que Renata apareció en su casa fue una tarde en que llegó con los ojos rojos de haber llorado y una determinación terca de no volver a hacerlo delante de nadie, y él, que era un mocoso, pensó que nunca había visto a nadie tan decidido a no dejarse romper. La vio crecer, la vio volverse esa mujer imposible de elegante que entraba a un cuarto y lo callaba, y la vio, sobre todo, casarse con Rodrigo, ese imbécil, y él se tragó cada palabra que nunca tuvo derecho a decir y se conformó con cuidarla de lejos, con enterarse de su vida por los negocios que a veces cruzaba con el marido.

Y ahora ella iba dormida en su carro, oliendo a su saco, recién salida del matrimonio que la había estado ahogando tres años.

Adrián apretó el volante y miró la carretera. No es el momento, se dijo. Nunca va a ser el momento. Déjala en paz.

Llegaron a la mansión pasada la medianoche. Ximena, más entera que Renata pero igual de mareada, se la llevó a un cuarto de huéspedes, la ayudó a bañarse y le puso una pijama limpia, y para cuando Adrián terminó de despedir a los guardaespaldas y subió, la casa ya estaba en silencio.

Se metió a bañar. El agua caliente le aflojó los hombros, y por un momento dejó de pensar en la cara de Renata contra el vidrio del carro. Salió con la toalla atada a la cintura, buscando la ropa que había dejado sobre la cama.

La puerta se abrió.

Renata entró, descalza, con la pijama que le quedaba grande y los ojos todavía nublados por el alcohol, buscando su cuarto y equivocándose de puerta por dos metros. Se quedó parada en el umbral, mirándolo, y a Adrián se le detuvo el aire en el pecho.

—Este no es mi cuarto —dijo ella, sin moverse.

—No. —Adrián agarró la camisa de la cama, tratando de no notar cómo la mirada de ella le bajaba por el torso desnudo—. Es el mío. El tuyo es el de al lado.

Renata no se fue. Dio un paso adentro, tambaleándose, y Adrián sintió el pulso golpeándole en la garganta.

—Sabías —dijo ella, arrastrando las palabras, con una media sonrisa torcida que le hizo un nudo en el estómago a él—. Cuando eras chiquito. Sabías que me mirabas.

—Renata, estás borracha.

—Muy. —Ella se acercó otro paso, y el olor a su pelo recién lavado le llegó como un golpe—. Pero me acuerdo. Me mirabas feo, chiquillo. Como me estás mirando ahora.

A Adrián se le secó la boca. La tenía a un brazo de distancia, con la pijama caída sobre un hombro, los ojos brillándole por el trago y algo más, y por un segundo, uno solo, todos los años de silencio se le juntaron en la garganta y estuvo a punto de mandar todo al carajo.

Pero cerró los ojos, respiró, y dio un paso atrás.

—Ven. —La tomó del codo con toda la suavidad de la que fue capaz y la guio hacia la puerta—. Te llevo a tu cuarto. Mañana no te vas a acordar de nada de esto, y así es mejor.

—Adrián.

—Camina, Renata.

La dejó en la cama de al lado, le subió la sábana hasta los hombros y se quedó un segundo mirándola cerrar los ojos, con el corazón todavía latiéndole demasiado rápido para su gusto. Después salió, cerró la puerta despacio, y se apoyó del otro lado con la cabeza contra la madera hasta que la respiración le volvió a la normalidad.

Mañana no se va a acordar, se repitió. Y tú tampoco te vas a permitir acordarte.

Del otro lado de la ciudad, Rodrigo despertó de mal humor con la boca seca y la cama vacía.

Se estiró buscando por costumbre un lado que llevaba tres años ocupado, y no encontró a nadie. Recordó, con un fastidio que no se molestó en examinar, que Renata se había ido. Bajó a la cocina rascándose la cabeza y ahí, sobre la mesa, encontró un plato con un sándwich.

Sonrió sin darse cuenta. Volvió. Claro que volvió, tan rápido como él había dicho, con la cola entre las patas, a hacerle el desayuno como todas las mañanas.

Le dio un mordisco, y el sabor le raspó la lengua. No era el de siempre. Le faltaba algo, ese punto exacto que solo las manos de Renata sabían darle.

—¿Quién hizo esto? —le gritó a la empleada.

—Yo, señor. —La mujer bajó la cabeza—. La señora Renata no volvió anoche. Pensé que… como siempre desayuna usted eso…

Rodrigo dejó el sándwich a medio comer en el plato, y por un instante, uno muy corto, algo frío le cruzó el estómago. No era que la extrañara, se dijo enseguida. Renata no le importaba. Pero le servía. Le había memorizado los gustos, le manejaba la agenda, le hacía quedar bien con los socios, y sobre todo le daba acceso a Armando, que era lo único que a él de verdad le interesaba de esa familia.

Sacó el teléfono y le escribió a Daniela un mensaje corto. Después se quedó mirando el sándwich frío, y pensó, con toda la calma de un hombre que nunca en la vida ha dudado de sí mismo, que Renata iba a volver antes del lunes.

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Nerlan Manuel Guilarte Rodríguez
por que no hay mas capìtulos
Nerlan Manuel Guilarte Rodríguez
por que no hay mas capìtulos
Maria Gonzalez Gonzalez
bien dice el dicho "Dios los hace y ellos se juntan" bola de hienas 💩💩
Maria Gonzalez Gonzalez
ay Ximena tu y tus prejuicios 🤔🤔🤔
Maria Gonzalez Gonzalez
ay Renata será muy mensa si te dejas manipular por esa arpia de tu "hermana"
Maria Gonzalez Gonzalez
malditos miserables, son tal para cual 😡😡😡
Maria Gonzalez Gonzalez
ay Renata no te desanimes y tú vive tu momento con Adrián, total la gente siempre hablará y depende de ti y de Adrián seguir juntos o no🤔
Maria Gonzalez Gonzalez
abusada Renata ahí tiene una buena pista sobre el accidente y muerte de tu mamá 🤔😭😭
Maria Gonzalez Gonzalez
ni tu sabes lo que es Rodrigo y ahí estás todo idiota para presionarla .....pero se les acabó su mensa , porque Renata es mucha mujer para ti idiota 🤔😡
Maria Gonzalez Gonzalez
ay Renata con 43 años y Aguantado a un padre así, te casaste de 40 años con un don nadie, tu vales mucho Renata, no te dejes de ese par de imbeciles, tu vales más, mucho más 🤔❤️😍😂
Maria Gonzalez Gonzalez
ánimo Renata que ese colágeno se te está entregando solito ❤️😍❤️😍❤️😂
Maria Gonzalez Gonzalez
no te dejes Renata y llévate ese vestido y manda esa foto a tu abogado para meter el divorcio y dejarlo sin un quinto .😂😂😂
Maria Gonzalez Gonzalez
sueña iluso y verás lo que perdiste 🤔
Aligatica23
No vengo a decir nada feo de la novela autora, conozco tus obras son maravillosas, solo una cosa Renata es una mujer de 43 años que todavia se comporta como una chiquilla, no se que le puede tener miedo a esta altura, con razón el marido le vio la cara de idiota y la trataron como tal pero bueno es asi la novela
Maria Gonzalez Gonzalez
exelente inicio, interesante 🤔🙏
Mercedes Jimenez
que te pasa por qué lo alejas necesitas más apoyo en estos momentos
Mercedes Jimenez
esos son los que más cola tienen para pisar 😏 de Ben buscar
mariela
Renata no te soporto eso de alejar a las personas porque según tú el que se acerca lo dañan por su culpa y lo mejor es alejarse no me jodas.
mariela
Que diabólico es Octavio Cárdenas como buen abogado sabe cómo torcer la verdad y poner a Renata en una mentirosa para que nadie le crea así por revistas, prensa e internet la catalogan de loca obsesiva.
Mientras Adrian buscando y averiguando la vida de Roxana sale una foto de los amantes Octavio Cárdenas y Roxana como siempre lo han sido amantes.
mariela
Elena presentía que algo le iba a pasar por haber descubierto todo el negoció turbio y sucio entre Octavio Cárdenas y Armando ahora después de 20 años Beatrice le entrega la carta que ella dejó.
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