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Mi Misión Es Eliminar A La Heroína

Mi Misión Es Eliminar A La Heroína

Status: En proceso
Genre:Romance / Fantasía / Timetravel / Aventura
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Luz de luma

Morir por un golpe en la cabeza no estaba en los planes de Elysia. Despertar en La Sangre de la Corona, el mahwa que leía en secreto, tampoco.

El problema es que no reencarnó como la protagonista. Reencarnó como la comandante del villano. Del hombre destinado a perder la guerra por el trono.

Aster es letal, frío y no malgasta palabras. También es, para su desgracia, exactamente su tipo, al menos hablando de su fisico.

Pero todo se complica cuando recibe una orden imposible: eliminar a Athena, la heroína de la historia, la chica que el guion protege.

Atrapada entre su lealtad, su instinto de supervivencia y un jefe que empieza a mirarla como ningún villano debería, Elysia deberá decidir si acepta el destino... o lo reescribe ella misma.

Porque si va a morir como villana, al menos lo hará peleando.

NovelToon tiene autorización de Luz de luma para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 3 — EL SEGUNDO PRINCIPE

Elysia no durmió.

Se quedó sentada en la cama, con las mantas ásperas sobre las piernas, mirando la espada apoyada contra la pared. La luz de la luna dibujaba líneas plateadas sobre la vaina de cuero. Todo estaba en silencio. Demasiado silencio para una mente que gritaba.

La Sangre de la Corona.

El nombre del mahwa le quemaba en la cabeza como un hierro candente. Lo había leído entero. Capítulo por capítulo. Se sabía las caras, los nombres, las traiciones. Recordaba los comentarios de los lectores enfurecidos cuando el villano hacía algo atroz y también cuando mostraba un destello de humanidad que nadie quería admitir.

Aster. El hermano oscuro. El príncipe que manchaba sus manos de sangre para conseguir el trono. El que al final caía.

Y ella era su comandante.

Se llevó las manos a la cara y respiró hondo. Vale. Vale, vale, vale. No entres en pánico. Tienes información. Sabes cómo acaba esta historia. Eso es una ventaja. Puedes cambiar las cosas. Puedes...

¿Puedes qué?

¿Traicionarlo? ¿Huir? ¿Unirte al bando de Aslan y Athena?

Algo en su estómago se retorció. No era lealtad. Era más básico. Recordó la mirada de Aster en la cena. «No tienes permitido olvidar». Ese hombre no soltaba lo que consideraba suyo. Y ella, por juramento o por lo que fuera, le pertenecía.

—Mierda —susurró en la oscuridad.

El amanecer llegó sin piedad. La luz anaranjada se coló por la ventana diminuta y Elysia se levantó con los ojos secos y la mente agotada. Se vistió con la ropa limpia que le habían dejado, se recogió el cabello castaño en una coleta alta —los rayos dorados brillando débilmente con la luz— y respiró hondo.

Hoy venía Aslan.

El príncipe rubio. El hermano bueno. El que en el mahwa conquistaba corazones con una sonrisa mientras Aster conquistaba territorios con sangre. El que terminaría sentado en el trono con Athena a su lado.

Si quería confirmar dónde estaba, no había mejor oportunidad.

Salió al patio. El castillo estaba más agitado de lo normal. Sirvientes corrían con bandejas. Soldados ajustaban sus armaduras. El aire olía a pan recién horneado y a caballos. Alguien estaba preparando una recepción.

La mujer de la trenza castaña —la de las dagas— se cruzó en su camino. Esta vez llevaba un jubón más formal, aunque las armas seguían colgando de su cinturón.

—Comandante —saludó, con una inclinación leve de cabeza—. Llega temprano.

—No he dormido —admitió Elysia, sin saber por qué lo decía.

La mujer soltó una risa corta, sin humor.

—Nadie duerme cuando el príncipe Aslan viene de visita. Demasiados nervios. Demasiadas sonrisas falsas.

—¿No te cae bien?

La mujer la miró con esos ojos verdes que no se perdían nada.

—No me fío de la gente que sonríe tanto. Las dagas de verdad no se ven.

Se fue sin esperar respuesta, con ese paso rápido y preciso que parecía su firma personal.

Elysia se quedó pensando en sus palabras. En el mahwa, Aslan era el héroe. El que caía bien a todos. El que inspiraba lealtad genuina, no miedo. Pero claro, esa era la versión dibujada. La versión con viñetas y diálogos editados. La realidad siempre era más sucia.

Un cuerno sonó a lo lejos.

El patio se paralizó un instante. Luego, todo se aceleró. Soldados formaron en dos filas. Sirvientes desaparecieron hacia el interior. Las puertas principales del castillo se abrieron con un chirrido de bisagras oxidadas.

Y entonces lo vio.

Un grupo de jinetes entraba por el camino empedrado. Al frente, sobre un caballo blanco, venía un hombre joven, rubio, con una capa azul que ondeaba con el viento. Incluso desde lejos, Elysia distinguió sus ojos grises. Los mismos que Aster. Pero donde los de Aster eran tormenta, los de Aslan eran cielo de invierno. Claros. Luminosos. Ensayadamente amables.

Detrás de él venía un séquito pequeño pero bien vestido. Guardias, sirvientes, un par de nobles con ropajes bordados. Nada militar. Todo diplomático.

Aslan desmontó con la soltura de quien ha hecho ese gesto mil veces. Sonrió a los guardias que lo recibieron. Estrechó manos. Dijo palabras que no alcanzó a escuchar. Era carismático. Emanaba calidez. Exactamente como en el mahwa.

Y entonces Aster apareció.

Salió por la puerta principal del castillo, vestido completamente de negro, con el porte de quien no necesita dar la bienvenida a nadie porque el castillo ya es suyo. No sonrió. No se apresuró. Caminó hacia su hermano con la calma de un depredador que no se molesta en esconderse.

Los dos hermanos se encontraron en el centro del patio.

—Aslan.

—Aster.

Ni un abrazo. Ni un apretón de manos. Solo dos nombres lanzados como fichas sobre un tablero.

Elysia observaba desde un lateral, medio oculta entre los soldados. Su corazón latía con fuerza. No era miedo. Era la adrenalina de quien presencia algo que ha leído cien veces pero nunca imaginó vivir. En el mahwa, esta escena era un prólogo. La primera muestra de la rivalidad entre los príncipes. Una viñeta doble con fondos oscuros y miradas cargadas de significado.

Pero en vivo era distinto. El olor a caballo, el crujir del cuero, la tensión real que vibraba en el aire. Aster y Aslan no eran dibujos. Eran hombres de carne y hueso. Y uno de ellos iba a morir si la historia seguía su curso.

—Has tardado —dijo Aster.

—El camino estaba embarrado —respondió Aslan, con una sonrisa que no llegaba a los ojos—. Además, no quería llegar sin un regalo.

Hizo una seña a uno de sus sirvientes. Este se adelantó con un cofre pequeño, de madera labrada. Lo abrió. Dentro había una daga. Empuñadura de plata, hoja reluciente, piedras preciosas incrustadas.

—Un presente. En señal de buena voluntad.

Aster ni siquiera miró el cofre.

—No necesito tus regalos. Necesito que hablemos de los impuestos que tu gente retiene en el norte.

El silencio cayó como una losa.

Aslan mantuvo la sonrisa, pero algo en su mandíbula se tensó. Los soldados de ambos bandos se miraron de reojo. Los sirvientes contuvieron la respiración.

—Hermanito —dijo Aslan, con un tono ligero pero filoso—, siempre tan directo. ¿Ni siquiera me ofreces vino antes de hablar de negocios?

—El vino no resuelve traiciones.

Otro golpe. Directo al mentón.

Elysia se descubrió admirando a Aster en ese momento. No era diplomático. No era suave. Pero era honesto a su manera, brutalmente honesto. Iba al grano sin juegos. En su vida anterior, habría agradecido tratar con alguien así en lugar de los pasivo-agresivos con los que trabajaba.

Aslan soltó una risa forzada.

—No hay traición, hermano. Solo... diferentes prioridades. —Se guardó la daga en el cinturón, descartando el regalo con elegancia—. Pero tienes razón. Hablemos. Para eso he venido.

Aster giró sobre sus talones y se dirigió al interior del castillo. Aslan lo siguió, flanqueado por dos de sus guardias. Al pasar cerca de donde estaba Elysia, el príncipe rubio se detuvo un instante.

La miró.

Elysia sintió sus ojos dorados bajo el escrutinio de aquellos ojos grises. Aslan inclinó la cabeza, apenas un gesto.

—La comandante —dijo, con una sonrisa más auténtica que las anteriores—. He oído hablar de ti. Eres más joven de lo que esperaba.

Elysia no supo qué responder. En el mahwa, la comandante del villano apenas aparecía. Era una figura de fondo, un peón sacrificable. Un personaje sin nombre que moría en un asedio.

—Gracias —dijo, por decir algo.

Aslan sonrió un poco más. Luego siguió su camino.

Aster, que se había detenido unos pasos más adelante, lo había visto todo. No dijo nada. Pero sus ojos grises se clavaron en Elysia un segundo antes de desaparecer tras la puerta. No era celos. Era algo más frío. Como si estuviera tomando nota.

Elysia se quedó en el patio, con el corazón golpeándole el pecho. Acababa de ver a Aslan en persona. Acababa de confirmar que estaba dentro del maldito mahwa.

Y entonces escuchó algo.

Dos sirvientas hablaban en susurros mientras recogían unos lienzos cerca de la puerta. Elysia aguzó el oído. No era curiosidad. Era instinto de supervivencia.

—...dicen que Lord Aslan ya tiene a alguien —murmuró una.

—¿Una mujer?

—Algo así. Una mediadora. De las casas menores del este. La llaman Athena.

—¿Y qué hace ella con un príncipe?

—Eso digo yo. Pero parece que es cercana a él. Muy cercana.

Las sirvientas se alejaron, ajenas a que alguien las había escuchado.

Elysia se quedó inmóvil. El nombre le resonó en el pecho como un martillo.

Athena.

La heroína. La chica de cabello rubio y ojos rojos que estaba destinada a cambiarlo todo. La que enamoraría a Aslan. La que uniría al pueblo. La que destruiría a Aster.

Y ya existía. Ya estaba en el tablero. No como una aparición adelantada ni como una carta fuera de tiempo. Simplemente... estaba. Como llevaba estándolo desde antes de que Elysia llegara.

No había nada alterado. La historia seguía su curso.

Y eso significaba que el final seguía siendo el mismo.

Elysia apretó los puños. No sabía qué hacer con esa información. No ahora. No podía ir corriendo a Aster a decirle: «Oye, en unos años tu hermano y una chica llamada Athena van a provocar tu caída». La tomaría por loca. La encerraría. O peor.

Así que hizo lo único que podía hacer.

Respiró. Se recolocó la espada al cinto. Y volvió al patio de entrenamiento.

Si el final aún no había cambiado, necesitaba estar lista para cuando lo hiciera.

1
Noé sanchez
me muero por saber que pasa a continuación autora por favor continúe la historia!!
Elysia: muchas gracias 😭 hoy justo subi este cap, el prox es el domingo, peroooo a lo mejor sin confirmar nada, talvez subo otro antes
total 1 replies
Elysia
Me voy a autopuntear porque es mi creación favorita
Cliente anónimo
NECESITO MAAAAAAS
Cliente anónimo
y si tiene hambre?
Cliente anónimo
owwww
Cliente anónimo
soy yo
Cliente anónimo
lei pelon 😭
Cliente anónimo
Toco decirle chachorro
Cliente anónimo
aja
Cliente anónimo
curioso
Cliente anónimo
padres en común nomas
Cliente anónimo
se pueden ambas?
Cliente anónimo
ni los muertos andan en paz creo
Cliente anónimo
nah, la vecina
Cliente anónimo
como habrá crecido una comandante así?
Cliente anónimo
tons no era de los ovnis?
Cliente anónimo
bueno, al menos le sirve
Cliente anónimo
Detallitos....
Cliente anónimo
me robare el decir "no era un cumplido, era una observación"
Cliente anónimo
de chivo o como?
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