Cuando sus mundos chocan, la atracción es inmediata, explosiva y peligrosa. Lo que comienza como una misión para Scarlett se convierte en una obsesión mutua donde la línea entre el deber y el deseo se desdibuja peligrosamente.
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CAPITULO 4
Han pasado tres días. Scarlett ha evitado los lugares de Alejandro, dejando que la curiosidad lo consuma. Es táctica básica, el depredador se aburre si la presa es fácil y funciona.
El jueves por la noche, mientras compra en una tienda de 24 horas necesitaba leche, absurdo pero real, y es entonces cuando siente una presencia detrás de ella.
—¿Sabes que la leche deslactosada es para viejos?
La voz de Alejandro la hace girar. Está ahí, apoyado contra un estante, vistiendo una sudadera negra y jeans, viéndose absurdamente atractivo para estar en una tienda de conveniencia a las 11 PM.
—¿Me sigues?
pregunta ella, sintiendo el corazón acelerarse.
—Te encontré es diferente.
—¿Cómo?
Pregunto ella y Alejandro se encoge de hombros.
—Tengo recursos y mucha curiosidad.
—¿Curiosidad de qué?
—De por qué una mujer que dice llamarse Ela y ser diseñadora vive en un apartamento que no aparece en registros... Además paga con efectivo todo, y no tiene redes sociales....
le dice mientras la mira llevando sus manos a los bolsillos.
Scarlett mantiene la calma. Ya esperaba esto.
—Valoro mi privacidad.
—Valoras esconderte
corrige él, acercándose.
—Y eso, rojita, me fascina.
Están cerca. Muy cerca. Scarlett puede oler su perfume, algo amaderado y caro. Puede ver los detalles de sus tatuajes asomando por el cuello de la sudadera.
—¿Y qué vas a hacer, Llamar a la policía porque no tengo Instagram?
Alejandro ríe. Es una risa genuina que le ilumina el rostro.
—No. Voy a invitarte a cenar mañana a mi restaurante a las 8 PM.
Saca una tarjeta y se la entrega.
— Y esta vez sin mentiras. Prometo no juzgar.
Scarlett toma la tarjeta sin mirarla.
—¿Y si no voy?
—Irás. Porque también tienes curiosidad.
Dice el y sonríe tan arrogante como siempre lo es, da media vuelta y se aleja, pero se detiene en la puerta.
—Ah, y Ela... la leche es entera. La deslactosada sabe a cartón.
Cuando desaparece en la noche, Scarlett se da cuenta de que está sonriendo. Y que ya decidió que irá a esa cena.
————
El restaurante es exclusivo, de esos donde no entra cualquiera. Scarlett lleva un vestido negro sencillo pero elegante, cabello suelto cayendo como fuego sobre sus hombros. Cuando entra, todas las miradas se vuelven hacia ella.
Alejandro la espera en una mesa privada, en un rincón con vista al jardín interior. Se levanta cuando la ve, y por un momento su máscara de arrogancia cae, dejando ver algo más, admiración, deseo genuino.
—Viniste.
—Dije que sí.
—No siempre es suficiente.
Se sientan. El servicio es impecable, el vino excelente. Durante la cena, hablan de todo menos de lo importante, música, viajes, comidas favoritas. Scarlett descubre que Alejandro cocina bien, según dice, que odia el mar, que su madre murió cuando él era niño.
—¿Y tu padre?
pregunta ella.
La expresión de Alejandro se cierra.
—Mi padre es... complicado.
—¿Cómo todos los padres?
—No, como el mío.
dice y bebe un trago de vino.
— Pero no estamos aquí para hablar de mi familia. Háblame de ti. La verdad, esta vez.
Scarlett respira hondo. No puede decir la verdad, pero puede acercarse.
—Crecí en un hogar de acogida. Mi madre biológica era adicta, no sé quién fue mi padre. El FBI... digamos que me rescató de un mal camino.
Es verdad, parcialmente. Fue una agente quien la encontró robando comida a los 14 años y le ofreció una alternativa.
Alejandro la observa con atención.
—El FBI...
repite.
—Sí. A los 14 era una delincuente por así decirlo, y me detuvieron y llevaron a un mejor lugar.
y es cierto, pero de otra forma.
— Me dieron una oportunidad.
—¿Y ahora?
—Ahora soy quien soy, trabajo y soy digna de la sociedad. Y tú... ¿tú quien eres?.
El silencio se carga de significado. Ambos saben lo que representan, aunque ninguno lo diga.
—¿Importa?
pregunta Alejandro en voz baja.
Scarlett sostiene su mirada.
—No lo sé todavía.
Él extiende la mano sobre la mesa, ofreciéndosela. Ella duda, pero finalmente coloca la suya sobre la de él. El contacto eléctrico lleno de calor y peligro.
—Averigüémoslo juntos
susurra Alejandro, sin dejar de ver sus ojos, esos que no saben por qué pero no quiere dejar de ver, sin importar todas las dudas y secretos que la envuelvan.