Mateo, Elena, Sophia y Liam han heredado el éxito de sus padres y hoy dominan la ciencia, la alta cocina y la moda internacional. Pero el verdadero engranaje del destino estalla cuando los hilos de la infancia se cruzan de forma pasional: los mellizos de ambas familias se enamoran de manera cruzada. Una historia de ambición moderna, lealtad inquebrantable y erotismo explícito donde el amor real se multiplica en la sintonía perfecta de una nueva generación.
Orden de las novelas
- Fuegos Artificiales Invisibles
- frecuencia cruzada: El Legado Del Estéreo
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El Altar De Los Hilos De Loto
El muelle principal del complejo colonial sobre el río Chao Phraya se había transformado en un santuario nupcial flotante bajo la luz dorada del atardecer de Bangkok. Para la boda doble de las parejas de la nueva generación, que debía celebrarse en suelo tailandés antes de abordar el jet privado de regreso a casa, mi madre, Yadira, y Caliope habían diseñado una ceremonia que entrelazaba la mística oriental con la sobria sofisticación de nuestros imperios. El suelo de madera de teca estaba alfombrado con pétalos de loto blanco y jazmín fresco, desprendiendo un aroma denso y purificador que el aire húmedo de la tarde transportaba sobre las aguas tranquilas del río.
Como diseñadora de alta costura, yo misma había coordinado la confección de los trajes ceremoniales utilizando el lino orgánico tailandés que compramos en los mercados de Jim Thompson. Mi vestido de novia, cortado para estilizar mi uno con setenta y cuatro de estatura, era una obra de arte simétrica: una túnica de hombros descubiertos en tono marfil con un intrincado bordado de hilos de seda que emulaba las frecuencias entrelazadas de nuestra saga familiar. Sophia, radiante con su uno con sesenta y ocho, lucía un diseño similar con un corte asimétrico que resaltaba su prestancia decidida de neurocirujana, llevando el cabello claro suelto con horquillas de plata tradicionales que Caliope le había obsequiado como herencia nupcial.
Gonzalo y Jester esperaban al final del altar flotante vistiendo chaquetas de lino oscuro y claro con sutiles detalles en los cuellos. Gonzalo había instalado un sistema de microfonía inalámbrica oculto entre los arreglos florales de bambú, calibrando la respuesta acústica para que los votos matrimoniales se escucharan con una nitidez matemática, aislando el sonido rítmico de las barcazas del río.
Liam y Mateo aguardaban de pie junto a sus padres. A sus veinticuatro años, Liam destacaba con su imponente presencia de un metro ochenta y cinco; su mirada inyectada de orgullo maduro me recorrió entera cuando mi padre me tomó del brazo para iniciar la marcha sobre el muelle. A su lado, Mateo vestía con una sobriedad impecable, manteniendo sus ojos fijos en Sophia con esa fijeza analítica que en ese instante se desbordaba de pura emoción carnal y lealtad inquebrantable.
La ceremonia fue guiada por un maestro local que ejecutó el ritual del Sai Sin, la unión tradicional mediante hilos de algodón sagrados. Gonzalo y Jester se adelantaron para colocar las coronas de hilos de loto sobre las cabezas de sus respectivos hijos, conectándolas entre sí para simbolizar que los destinos de ambas dinastías quedaban entrelazados para siempre en un circuito indestructible. El maestro vertió agua purificada sobre nuestras manos juntas mediante una caracola marina dorada. Mientras el agua tibia corría por mis dedos y Liam apretaba mi mano con su palma grande y áspera de chef, entendí que no estábamos firmando un simple contrato legal; estábamos sellando un pacto de sangre y amor real ante el universo, uniendo la ciencia, la gastronomía y el diseño en una sintonía eterna que gobernaría nuestro futuro familiar.
Liam y Elena
Sophia y Mateo
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