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Los Noctarys

Los Noctarys

Status: En proceso
Genre:Romance oscuro / Mundo de fantasía
Popularitas:518
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

🌙 LOS NOCTARYS 🌙
Libro I: Marcada por la Luna Negra

La noche de su cumpleaños número dieciocho, Ayla descubre una marca imposible en su piel.

Una marca que la señala como parte de una raza antigua que jamás debió existir.

Los Noctarys.

Nacidos de la oscuridad de una estrella caída, ocultos entre los humanos durante siglos y condenados por una profecía que podría destruir su mundo.

Cuando Ayla conoce a Kael, el misterioso heredero de los Noctarys, algo despierta entre ellos.

Una conexión imposible.

Un destino escrito mucho antes de que nacieran.

Pero la profecía es clara:

Si el heredero y la marcada se enamoran, la Luna Negra despertará... y todo aquello que aman desaparecerá.

Entre secretos, traiciones, poderes prohibidos y una guerra que se acerca, Ayla deberá decidir si está dispuesta a desafiar al destino.

Porque algunas historias de amor están destinadas a salvar un mundo.

Y otras...

A destruirlo.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: El Reino Oculto

Ayla no podía respirar.

Las palabras de la criatura seguían resonando en su cabeza.

"Tú eres su hija."

La hija de la última reina de los Noctarys.

Era imposible.

Absurdo.

Y sin embargo, la expresión de Kael le había dicho todo lo que necesitaba saber.

Era verdad.

La habitación permanecía en silencio.

Las sombras habían desaparecido.

El enemigo se había ido.

Pero el verdadero caos acababa de comenzar.

—Dime que está mintiendo.

Kael no respondió.

—¡Dime que está mintiendo!

El heredero cerró los ojos durante unos segundos.

Como si estuviera reuniendo fuerzas.

—No puedo.

Aquellas tres palabras destrozaron las últimas dudas de Ayla.

—Entonces es cierto.

Kael asintió lentamente.

—Sí.

La joven sintió que las piernas dejaban de responderle.

Se dejó caer sobre la cama.

Su mente era incapaz de procesarlo todo.

Los sueños.

La marca.

La corona.

La visión.

La reina.

Todo encajaba.

Y eso era precisamente lo aterrador.

—¿Por qué nadie me lo dijo?

—Porque era más seguro.

—¿Seguro para quién?

Kael guardó silencio.

Aquella respuesta fue suficiente.

No había sido para protegerla.

Había sido para proteger algo más.

Algo que aún no comprendía.

—Quiero saber toda la verdad.

—No aquí.

—¿Por qué?

Kael miró la ventana rota.

—Porque ya saben dónde estás.

Ayla siguió su mirada.

Por primera vez comprendió que no estaba a salvo.

Ni en su casa.

Ni en su pueblo.

Ni siquiera en el mundo que conocía.

Una hora después abandonaron la ciudad.

El cielo aún estaba oscuro.

Las calles permanecían vacías.

Kael conducía una motocicleta negra por una carretera rodeada de bosques.

Ayla viajaba detrás de él.

Sujetándose con fuerza.

No hablaban.

No era necesario.

Las preguntas llenaban el aire.

Después de casi dos horas llegaron a una zona completamente desconocida.

No aparecía en ningún mapa.

No había señales.

No había caminos.

Solo árboles.

Miles de árboles.

—Aquí no hay nada.

Kael detuvo la motocicleta.

—Mira otra vez.

Ayla observó el bosque.

Y entonces lo vio.

Una grieta.

No en la tierra.

En el aire.

Una enorme grieta violeta suspendida entre los árboles.

Como si alguien hubiera rasgado la realidad.

—¿Qué es eso?

—La entrada.

—¿Entrada a dónde?

Kael la observó.

Sus ojos violetas brillaban bajo la luz de la luna.

—A tu hogar.

El corazón de Ayla se aceleró.

Kael extendió la mano.

—Confía en mí.

Por alguna razón lo hizo.

Tomó su mano.

Y juntos atravesaron la grieta.

La sensación fue extraña.

Como caer.

Como volar.

Como soñar.

Todo al mismo tiempo.

Y cuando abrió los ojos...

El mundo había desaparecido.

Ayla quedó sin palabras.

Frente a ella se extendía una ciudad gigantesca.

Construida con piedra negra y cristal violeta.

Torres imposibles se elevaban hacia el cielo.

Puentes flotaban entre edificios.

Ríos de luz recorrían las calles.

Y sobre todo aquello brillaban tres lunas.

Tres.

No una.

Tres lunas violetas iluminando la noche.

—Bienvenida al Reino Noctarys.

Ayla apenas podía respirar.

Era hermoso.

Era aterrador.

Era imposible.

Y aun así existía.

Miles de personas caminaban por las calles.

Todos tenían algo en común.

Los ojos.

Ojos violetas.

Plateados.

Azules brillantes.

Pero ninguno parecía humano del todo.

Había algo diferente en ellos.

Algo antiguo.

Algo poderoso.

Y todos se detenían al verla.

Todos.

Los murmullos comenzaron inmediatamente.

—Es ella.

—La Marcada.

—La heredera.

—La reina.

Las palabras llegaban desde todas partes.

Ayla sintió miedo.

Nunca había visto tanta gente observándola al mismo tiempo.

—¿Por qué me miran así?

Kael respondió sin apartar la vista del enorme castillo que dominaba la ciudad.

—Porque llevaban siglos esperándote.

El castillo era incluso más impresionante de cerca.

Columnas negras.

Ventanas gigantes.

Estatuas de antiguos reyes.

Y una enorme luna tallada sobre las puertas principales.

Cuando entraron, decenas de guardias se arrodillaron.

Ayla abrió los ojos sorprendida.

—¿Qué están haciendo?

—Mostrando respeto.

—¿A mí?

—A la heredera.

Aquella palabra seguía resultándole extraña.

Irreal.

Como si perteneciera a otra persona.

No a ella.

Caminaron por largos pasillos hasta llegar a una enorme sala circular.

En el centro había un trono.

Negro.

Elegante.

Imponente.

Y sobre él descansaba una corona.

La misma corona que Kael había dejado en su jardín.

Ayla sintió un escalofrío.

—No...

Kael la observó.

—¿Qué ocurre?

—La vi antes.

—Lo sé.

—¿Cómo?

El heredero sonrió ligeramente.

—Porque era tuya.

El silencio llenó la sala.

La corona comenzó a emitir una suave luz violeta.

Como si estuviera viva.

Como si la reconociera.

Y entonces ocurrió.

La marca en la muñeca de Ayla comenzó a brillar.

Cada vez más.

Cada vez más fuerte.

La corona respondió.

La sala entera tembló.

Los guardias retrocedieron.

Y una voz resonó en cada rincón del castillo.

Una voz femenina.

Antigua.

Poderosa.

—Mi hija ha regresado.

Ayla sintió que la sangre se congelaba.

Porque reconoció aquella voz.

Era la misma mujer de su visión.

La misma reina.

La misma mujer que tenía su rostro.

Y mientras todos observaban aterrados...

Una figura comenzó a materializarse frente al trono.

Hecha de luz violeta.

Hecha de recuerdos.

Hecha de magia.

La última reina de los Noctarys había regresado.

Continuará...

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