Durante toda su vida, Lyra creyó que había nacido para ser olvidada y odiada por todos.
Mientras su hermosa y perfecta hermana Anastasia era admirada por todos, Lyra creció entre desprecios, sacrificios y secretos. Obligada a vivir en las sombras de la familia Valmont, jamás imaginó que el destino terminaría llevándola hasta el corazón del reino de Kryndall... y hasta los brazos del príncipe heredero.
Conociendo por primera vez el amor, encontrando una familia, descubriendo lo que significa ser feliz.
Pero cuando la verdad sobre Anastasia comience a salir a la luz, todo aquello que Lyra ha construido empezará a tambalearse.
Porque hay personas dispuestas a matar para ocultar el pasado y porque una pregunta imposible se niega a desaparecer: ¿Qué pasó realmente con Anastasia?
Entre conspiraciones, secretos familiares, traiciones, misterios y un amor capaz de desafiar el destino, Lyra deberá descubrir quién es realmente... antes de que las verdades enterradas destruyan aquello que ama
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Capítulo 4 – Despedida De La Flor Dorada
—Qué hermosa…
La voz de la condesa Evelyne sonó casi emocionada mientras acomodaba con delicadeza el velo blanco sobre la cabeza de Anastasia.
La habitación estaba llena de vestidos, cofres abiertos y joyas cuidadosamente acomodadas sobre terciopelo. Varias criadas iban y venían en silencio, ajustando los últimos detalles para el viaje.
Pero Anastasia apenas podía respirar. Sentada frente al enorme espejo dorado, observaba su reflejo como si estuviera viendo a otra persona.
El vestido blanco abrazaba elegantemente su figura, las mangas translúcidas caían como agua sobre sus brazos y los delicados bordados plateados brillaban bajo la luz de la mañana. Parecía una novia salida de una pintura antigua, tan perfecta e intocable. Pero, completamente infeliz.
—El príncipe de Kryndall quedará fascinado contigo —continuó la condesa mientras peinaba suavemente los rizos rubios de su hija—. No existe mujer más hermosa que tú en este reino.
Anastasia bajó la mirada.
—Madre…
—No, mírate bien.
Evelyne tomó suavemente su mentón y obligó a la joven a observarse en el espejo.
—Naciste para esto. Para coronas, bailes y reinos lejanos. Serás la novia más hermosa que Kryndall haya visto jamás.
Anastasia intentó sonreír. Pero sus labios apenas temblaron. Porque ella no quería coronas. No quería reinos. No quería pertenecerle a un hombre que jamás había conocido realmente.
Solo quería quedarse junto a Lyra. El pensamiento hizo que su pecho doliera. Su hermana se quedaría sola en aquella casa. Sola con padres que la despreciaban. Solo cargando con todo el trabajo del palacio.
Sola... Anastasia presionó ligeramente las manos sobre su regazo.
—¿Tienes miedo? —preguntó la condesa al notar su silencio.
Anastasia tardó unos segundos en responder.
—Un poco.
Evelyne soltó una pequeña risa.
—Es normal. Todas las mujeres sienten nervios antes de comprometerse.
No. Aquello no eran nervios… Era tristeza, era angustia. Era sentir que estaba siendo entregada como una muñeca preciosa envuelta para regalo.
Índice.
Índice.
La puerta se abrió lentamente. La anciana empleada inclinó la cabeza respetuosamente.
—Condesa… el carruaje de la señorita Anastasia ya está listo.
El corazón de Anastasia se hundió. Tan rápido...
Evelyne sonrió satisfecha.
—Perfecto. Diles a los hombres que bajaremos enseguida.
—Sí, señora.
La puerta volvió a cerrarse.
Y por un momento, el silencio dentro de la habitación fue sofocante. La condesa acarició la mejilla de su hija.
—No pongas esa cara triste. Hoy comienza tu nueva vida.
Anastasia bajó los ojos.
Si.
Y sentí que estaba perdiendo la anterior.
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Desde lejos, escondida detrás de una columna del jardín principal, Lyra observaba en silencio.
El enorme carruaje decorado con detalles dorados esperaba frente al palacio, rodeado de caballos negros y varios sirvientes apresurados.
Todo era elegante, lujoso. Demasiado brillante.
Y en medio de todo aquello apareció Anastasia.
Lyra sintió un nudo en la garganta.
Su hermana parecía un sueño.
El vestido blanco se movía suavemente con el viento y el velo transparente caía delicadamente sobre sus hombros dorados. Bajo la luz del día, Anastasia parecía exactamente lo que todos siempre habían dicho que era. Una princesa.
Lyra se sonroja apenas. Con tristeza. Porque sabía que probablemente esa sería la última vez que la vería en mucho tiempo. Tal vez años. Tal vez nunca volvería.
Y entonces… La soledad la golpe de repente.
Anastasia era la única persona en aquella casa que la abrazaba. La única que le hablaba con cariño. La única que le preguntaba cómo se sentía. Cuando ella se fuera… Ya no tendría a nadie.
Sus dedos se cerraron lentamente sobre las mangas desgastadas de su vestido oscuro. Cada día estaba más sola.
Anastasia se detuvo antes de subir al carruaje. Como si pudiera sentir la mirada de Lyra incluso desde la distancia. Sus ojos azules buscaron discretamente entre los jardines. Y la encontraron. Por un segundo, ambas hermanas se miraron en silencio. Sin palabras, sin necesidad de ellas.
Anastasia levantó lentamente la mano. Una despedida pequeña y temblorosa.
Lyra sintió que las lágrimas amenazaban con salir, pero sonriendo apenas y devolvió el gesto.
El conde Octavio se acercó orgulloso al carruaje.
—Recuerda escribir apenas llegues a Kryndall.
—Y confirma el compromiso lo antes posible —añadió Evelyne acomodando el velo de su hija—. No hagas esperar al príncipe.
Anastasia se acercó obedientemente.
—Sí, madre.
—Harás que esta familia vuelva a levantarse —dijo el conde con satisfacción.
Aquellas palabras hicieron que Anastasia bajara la mirada. Ni una sola vez le preguntaron si estaba feliz. Ni una sola.
La joven finalmente subió al carruaje y las puertas se cerraron.
Y entonces comenzó a moverse.
Lyra observar cómo el carruaje se aleja lentamente entre el polvo del camino.
Hasta desaparecer.
Y por primera vez en mucho tiempo… El palacio Valmont se sintió más vacío que nunca.
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El pequeño cobertizo estaba silencioso.
Lyra permanecía sentada junto a la ventana mientras sostenía cuidadosamente entre sus manos el viejo libro de tapas rojas.
El Famélico Gato Rojo.
Sus dedos recorrieron la portada desgastada con cariño.
Cuántas veces había leído aquella historia junto a Anastasia escondidas bajo las mantas, alumbrándose apenas con una vela para que nadie las descubriera.
Anastasia siempre fingía que no tenía miedo mientras escuchaba la historia. Y Lyra fincía que realmente podía protegerla de todo. Una pequeña sonrisa triste apareció en sus labios.
Abrio el libro lentamente. Pero sus ojos no lograban concentrarse en las palabras. Porque su mente estaba lejos, muy lejos.
Si no estuviera atrapada allí… ¿Qué haría?
La respuesta apareció casi de inmediato.
· Viajar.
· Conocer otros reinos.
· Aprender idiomas nuevos.
· Escribir historias.
· Contar leyendas.
· Descubrir culturas distintas.
· Tal vez incluso vivir en Kryndall algún día.
Sus ojos brillaron apenas.
Le habría gustado convertirse en escritora. Escribir libros tan hermosos que harían llorar a las personas. Historias capaces de tocar el corazón de alguien. Pero aquello era imposible, porque el palacio Valmont dependía de ella más de lo que cualquiera admitiría.
El conde apenas sabía manejar documentos sin Lyra. Era ella quien escribía las cartas. Ella quien organizaba cuentas. Ella quien firmaba en nombre de su padre. Ella quien cocinaba, quien limpiaba, cuidaba la huerta. Quien mantenía aquel lugar funcionando mientras todos fingían que no existía.
Lyra soltó una pequeña risa amarga.
La hija invisible sostenía toda la casa.
Y aun así… Nadie la veía.
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El interior del carruaje se sacudió violentamente. Anastasia se aferró al asiento mientras observaba nerviosa por la pequeña ventana.
La lluvia caía con fuerza brutal sobre el camino. El cielo se había vuelto completamente negro.
—¡Más espacio! —gritó uno de los hombres afuera.
Los caballos soltaron inquietos. El barro hacía cada vez más difícil avanzar.
Anastasia tragó saliva mientras otra sacudida casi la hacía caer.
A un lado del camino, el enorme río rugía violentamente. Las aguas oscuras chocaban contra las piedras con una fuerza aterradora, creciendo más y más con la tormenta.
Un relámpago iluminó el paisaje. Por un instante, Anastasia vio lo peligroso que era el camino estrecho por el que avanzaban.
Demasiado cerca del río. Demasiado resbaladizo.
El carruaje volvió a sacudirse.
La joven cerró los ojos con fuerza mientras abrazaba sus propios brazos.
Tenía miedo. Muchísimo miedo. Y no sabía si era por la tormenta… O por el destino que la esperaba al final del camino.
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Muy lejos de ahí…
Kryndall brillaba bajo el cielo nocturno.
El palacio real se elevaba majestuoso entre enormes cúpulas ornamentadas y arcos tallados con patrones delicados y complejos. Fuentes cristalinas decoraban los patios internos mientras largas telas claras danzaban suavemente con el viento cálido.
Las lámparas colgantes iluminaban los corredores con una luz dorada y elegante.
Todo en aquel reino parecía exótico, misterioso y antiguo.
En uno de los enormes balcones del palacio, un hombre observaba el horizonte nocturno en silencio. Sus ojos verdes permanecían perdidos entre las luces lejanas de la ciudad.
La puerta detrás de él se abrió suavemente.
—Su Alteza.
La joven asistente inclinó respetuosamente la cabeza. Era la misma mujer que lo había acompañado la noche del baile en el reino Valmont.
—Su prometida ya está en camino —informó—. Si el clima mejora, llegará dentro de dos días.
El hombre permaneció en silencio unos segundos. Entonces avanza lentamente.
—Entiendo.
La asistente dudó apenas.
— ¿Desea preparar algo especial para recibirla?
Y por primera vez en toda la noche… Una imagen cruzó por la mente del príncipe, unos hermosos ojos color miel y una sonrisa triste junto a una fuente.
“¿Conoce el cuento del Famélico Gato Rojo?”
El hombre bajó lentamente la mirada.
—Sí —respondió finalmente—. Creo que sí.
mientras Kael manda. a investigar a Samira. para saber lo que pasa con la familia Valmonta
es cierto que ellos mismos la llevaron a Kryndall y ahora resulta que no quieren responder la compromiso que ellos mismos buscaban? jummm🤔🤔🤔🤔
pero también fue al huerto, leyó libros en la biblioteca.... ha tomado pequeñas decisiones que para ella son enormes
Ambos se parecen ... son amables y no tienen miedo de estar en medio de las personas... no hacen esas diferencias entre clases sociales
Aún así revisa que llevará botas para poder entrar al huerto!
esa conversación entre ellos nos revela que Osea elegió a Lyra como su prometida por alguna razón... y no lastima ni compasión....
y Karl se comportó a la altura al despedirlas como perros.... como lo que son ju mmmm....
Comos e atreven a cuestionar a una noble... sin importar como sea 🤬🤬🤬🤬🤬