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¿COMO PUEDO SER YO MISMA?

¿COMO PUEDO SER YO MISMA?

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Completas
Popularitas:983
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

Sofía lleva treinta años interpretando un papel: la mujer perfecta, eficiente, inquebrantable. Editora de textos, vive puliendo las palabras de otros mientras las suyas se pudren en un cajón. Cuando una humillación pública en su trabajo la obliga a enfrentar su fragilidad, comienza un viaje hacia el centro de sí misma. Entre la memoria de una niña que dibujaba espirales, el eco de su madre que también supo fingir, y la escritura de su propia historia, Sofía descubre que ser auténtica no es un destino, sino una decisión cotidiana. Una novela sobre máscaras, miedos y el acto rebelde de mostrarse.

NovelToon tiene autorización de analysi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: El vértigo de ser vista

El jueves por la mañana, Sofía despertó con una sensación de hormigueo en el estómago que no podía ignorar.

La reunión con el equipo editorial era al día siguiente. Había repasado sus notas una docena de veces, había ensayado su discurso frente al espejo, había imaginado todas las preguntas que podían hacerle y preparado respuestas para cada una. Pero a pesar de todo, el miedo seguía ahí. Un nudo apretado en el pecho que le recordaba constantemente que, al día siguiente, iba a exponerse. Iba a decir lo que pensaba. Iba a dejar de ser invisible.

"Puedes retirarte", susurró el Ruido mientras se cepillaba los dientes. "Puedes decirle a Darío que has cambiado de opinión. Nadie se enfadará. Volverás a tu sitio, a tu rutina, a tu seguridad."

Sofía escupió la pasta de dientes y miró su reflejo en el espejo. La mujer que la devolvía la mirada tenía los ojos cansados y el pelo revuelto, pero también algo que no había visto en mucho tiempo: determinación.

—No —dijo en voz alta, y la palabra resonó en el pequeño cuarto de baño—. No voy a retirarme.

El Ruido intentó protestar, pero Sofía lo silenció. No con fuerza, sino con una certeza que la sorprendió a ella misma.

"Ya no."

El metro estaba más lleno de lo habitual. Sofía se agarró a una barra y observó a los viajeros con esa atención nueva que había empezado a desarrollar. Un hombre mayor dormía con la cabeza apoyada en la ventanilla. Una mujer joven repasaba apuntes con el ceño fruncido. Un niño miraba por la ventana con los ojos llenos de asombro. Todos ellos, pensó, llevaban sus propias historias. Sus propias máscaras. Sus propios miedos.

Por un momento, Sofía se preguntó cuántos de ellos también se sentían invisibles. Cuántos estaban interpretando un papel que no les pertenecía. Cuántos, como ella, llevaban años esperando el momento de ser ellos mismos.

Cuando llegó a la oficina, el ambiente era el mismo de siempre. El zumbido de los ordenadores, el aroma a café recién hecho, el ruido de los teléfonos. Pero Sofía lo veía todo con otros ojos. Como si su decisión de hablar hubiera cambiado la textura del mundo.

Darío pasó por su escritorio a primera hora.

—¿Preparada para mañana? —preguntó.

—Sí —respondió Sofía, y sorprendentemente, su voz sonó firme—. Estoy preparada.

Darío asintió con aprobación.

—Bien. A las diez. En la sala de juntas. La directora editorial estará presente, así que ve con todo.

Sofía sintió un nuevo escalofrío. La directora editorial. Bárbara. Una mujer de sesenta años con una carrera brillante a sus espaldas y una reputación de ser implacable. Sofía solo había hablado con ella dos veces en cinco años. Y en ambas ocasiones, había sentido que la directora veía a través de ella. Como si la Máscara fuera transparente para sus ojos.

—No pienses en eso —se dijo a sí misma—. Piensa en la novela. Piensa en García. Piensa en por qué merece ser publicada.

El resto de la mañana pasó en una niebla de correos y manuscritos que Sofía apenas recordaba haber procesado. Su mente estaba en otra parte, ensayando frases, imaginando escenarios, preparándose para lo que podría ser el día más importante de su carrera profesional.

A la hora del almuerzo, Carla la sacó de la oficina a la fuerza.

—Necesitas desconectar —dijo, arrastrándola hacia la puerta—. Si sigues así, vas a llegar mañana con los ojos en blanco y las ideas revueltas.

Caminaron hasta una cafetería cercana, donde Carla pidió dos cafés con leche y un par de tostadas. Sofía apenas tocó la comida, pero agradeció el gesto.

—Cuéntame cómo piensas hacerlo —dijo Carla—. Así ensayas y yo te digo si suena bien.

Sofía respiró hondo y comenzó a hablar. No era un discurso perfecto. Tropezaba con las palabras, se corregía a sí misma, a veces se perdía en ideas que no sabía cómo conectar. Pero Carla escuchaba con atención, asintiendo de vez en cuando, sin juzgar.

—Está bien —dijo cuando Sofía terminó—. Suena sincero. Y eso es lo más importante.

—¿Crees que será suficiente?

Carla la miró con seriedad.

—No lo sé. Pero no se trata de que sea suficiente. Se trata de que sea verdad. Si dices lo que realmente piensas, eso se nota. Y si no es suficiente, al menos habrás sido honesta.

Sofía guardó silencio. Las palabras de Carla resonaban en su cabeza como una campanada.

—¿Y si me equivoco? —preguntó, y su voz sonó más pequeña de lo que quería—. ¿Y si no soy tan buena defendiendo algo como creo?

Carla sonrió y le apretó la mano.

—Entonces habrás aprendido. Y eso también es válido.

Sofía sintió que las lágrimas le subían a los ojos, pero las contuvo. No podía llorar ahora. Tenía que ser fuerte. Tenía que ser la Sofía que se había atrevido a soñar con ser ella misma.

La tarde en la oficina fue larga y silenciosa. Sofía revisó sus notas una y otra vez, añadiendo detalles, quitando lo que parecía innecesario, hasta que el discurso quedó reducido a sus huesos esenciales. No quería un guion. Quería sentir las palabras como propias, no memorizarlas como un robot.

A las ocho de la noche, cuando la oficina empezaba a vaciarse, Sofía recibió un mensaje de su hermana.

"Mañana es el gran día, ¿verdad? Te queremos. Puedes con esto."

Sofía sonrió y respondió.

"Gracias. Estoy asustada."

La respuesta fue inmediata.

"El miedo es normal. Significa que te importa. Pero no dejes que te paralice. Eres más fuerte de lo que crees."

Sofía guardó el teléfono y se quedó mirando por la ventana. Madrid se extendía a sus pies, ajena a sus miedos, ajena a su pequeña batalla personal. Pero por primera vez, Sofía no se sintió invisible. Se sintió parte de algo. Parte del mundo que la rodeaba. Parte de una historia que estaba empezando a escribir.

Cuando llegó a casa, el dibujo de la niña con alas la esperaba en la mesilla de noche. Sofía lo cogió y lo observó durante un largo rato.

—Mañana voy a hablar —le dijo—. Voy a decir lo que pienso. Sin Máscara.

La niña sonreía, ajena al tiempo, ajena al miedo.

—¿Crees que podré?

La pregunta quedó flotando en el aire. No había respuesta, pero Sofía no la necesitaba. Sabía lo que la niña del dibujo le habría dicho si pudiera.

"Claro que puedes. Tienes alas."

Sofía guardó el dibujo, apagó la luz y se acostó. No sabía lo que pasaría al día siguiente. No sabía si su discurso convencería a la directora editorial. No sabía si su carrera seguiría el mismo camino o si se abriría ante ella una nueva posibilidad.

Pero sabía que, por primera vez en su vida, iba a ser ella misma.

Y eso, pensó mientras cerraba los ojos, era más de lo que se había atrevido a soñar.

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Cliente anónimo
Excelente historia 🥰🥰
Cliente anónimo
Realmente ése libro debe publicarlo ya qué ayudaría a muchas personas gracias a Dios por a ver encontrado está historia, No que soy una mujer como Sofía y no he tenido la oportunidad de quitar la máscara de mi personalidad 👏👏
Eli: Que bueno que te gustó, y muchas gracias por leer mi historia
total 2 replies
Cliente anónimo
Realmente la historia es una gran enseñanza 🥰🥰🥰
Cliente anónimo
Así se hace Sofía 👏👏👏
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