Luciana Moretti fue en su vida anterior una joven del siglo XXI: introvertida al principio, pero con un sentido del humor desbordante, una lengua afilada sin filtros y una fuerza interior que pocos imaginaban. Estaba estudiando historia de las civilizaciones antiguas, viviendo una vida tranquila pero llena de curiosidad, hasta que un accidente con un libro antiguo y un cristal en una biblioteca la llevó a morir… y despertar en el cuerpo de la tercera hija de la familia Moretti, una de las familias más ricas, influyentes y poderosas de Aethelgard.
Aquí, es conocida como la “don nadie”: sin grandes dones, ignorada por todos, considerada extraña y poco agraciada por sus padres y hermanas mayores. Sus padres, el señor y la señora Moretti, son inmensamente ricos, pero también vanidosos, ambiciosos y bastante ingenuos, obsesionados con mantener su estatus y aliarse con la realeza. Sus hermanas, Sofía y Valeria, son hermosas, elegantes… e hipócritas hasta el extremo: dulces en público.
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Despertar en un mundo de lujos… y locuras
Lo primero que sentí fue suavidad. Mucha suavidad. Abrí los ojos lentamente, esperando ver el techo de mi pequeño apartamento o las estanterías de la biblioteca. Pero lo que vi me dejó totalmente confundida.
Estaba en una habitación enorme, más grande que toda mi casa anterior. Las paredes estaban cubiertas de telas ricas de colores oscuros, había muebles de madera tallada con detalles dorados, alfombras gruesas que cubrían todo el suelo, y una cama gigante con sábanas de seda y mantas de lana tan suaves que parecían nubes. Había candelabros de plata, cuadros preciosos en las paredes y ventanas grandes con cortinas de terciopelo que dejaban pasar la luz del sol.
Me senté de golpe, mirando mis manos. Eran pequeñas, delgadas, con dedos finos y piel suave, muy bien cuidada. Nada que ver con mis manos de antes, siempre con manchas de tinta o polvo de los libros. Me miré el cuerpo: llevaba un vestido de tela ligera, de color azul pálido, muy bonito, de buena calidad.
—¿Dónde estoy? —murmuré, con la voz un poco ronca.
En ese momento, se abrió la puerta y entraron dos chicas jóvenes, vestidas con ropas elegantes, joyas brillantes y peinados muy elaborados. Eran hermosas, sin duda. Una tenía el cabello rubio y ojos azules, la otra cabello castaño claro y ojos verdes. Caminaban con pasos cortos y elegantes, con esa actitud de superioridad que tanto me molestaba.
—Por fin despertaste, Luciana —dijo la rubia, con una voz dulce que sonaba totalmente falsa—. Nos tenías preocupadas.
—Sí, hermanita —añadió la otra, acercándose a la cama, pero sin tocarme—. Te desmayaste en la cena de ayer. Menos mal que padre y madre no se enfadaron demasiado.
Me quedé mirándolas. Luciana. Así me llamaba aquí. Y eran mis hermanas. En mi mente, empezaron a llegar recuerdos, imágenes, sensaciones. Esta era la familia Moretti, una de las más ricas y poderosas de todo el reino. Tenían tierras, castillos, negocios, dinero sin fin. Vivían rodeados de lujos, de sirvientes, de comodidades. Y yo era la tercera hija, la pequeña, la que nadie tenía en cuenta.
Mis hermanas eran Sofía y Valeria, las dos mayores, las favoritas de todos. Y tal como me habían parecido al verlas, eran hipócritas de primera clase. Delante de la gente eran dulces, amables, perfectas. Pero a solas…
—Qué suerte tienes —dijo Valeria, cambiando la voz de repente, volviéndose fría y burlona—. Te desmayas y todos te tratan con cuidado. Mientras nosotras tenemos que estar siempre perfectas, sonriendo, hablando con gente aburrida…
—Y mírate —añadió Sofía, mirándome de arriba abajo con desdén—. Ni siquiera te arreglas bien. Con todo el dinero que tenemos, podrías vestirte mejor, peinarte como se debe. Pero no, tú siempre pareces… rara. Una don nadie.
Se rieron, una risa aguda y desagradable, y salieron de la habitación, dejándome sola.
Me quedé parada en la cama, parpadeando un par de veces. Y luego, solté una carcajada. Una risa fuerte, sincera, que resonó en toda la habitación.
—¡Vaya, vaya! —dije en voz alta, hablando conmigo misma como siempre hacía—. Resulta que he reencarnado en una familia millonaria. ¡Qué cambio! De vivir en un piso pequeño a tener una habitación más grande que mi vida anterior. Y tengo hermanas que parecen sacadas de una película de malas hermanas. Perfecto, esto va a ser divertido.
Me bajé de la cama y fui hasta un espejo grande que había en una esquina. Me miré. La chica que me devolvía el reflejo era joven, de cabello castaño oscuro y ojos marrones grandes. No era fea, para nada. Tenía una cara bonita, dulce, pero con una expresión que ya era mía: inteligente, divertida, un poco descarada.
—No está mal —le dije a mi reflejo, guiñándole un ojo—. Podemos trabajar con esto.
Poco después, entraron dos hombres jóvenes, altos, guapos, con ropas de buena calidad, pero más sencillas que las de mis hermanas. Tenían una expresión amable, cálida, y en cuanto me vieron, se acercaron rápido.
—¡Luciana! —exclamó el mayor, con una sonrisa enorme—. ¡Qué susto nos diste, hermanita!
—¿Cómo te sientes? —preguntó el otro, tocándome la frente con cuidado—. ¿Te duele algo?
Eran Marco y Lorenzo, mis hermanos mayores. Y a diferencia de los demás, eran personas buenas, honestas, que me querían de verdad. Los recuerdos me lo confirmaban: siempre me protegían, siempre me defendían, siempre estaban ahí para mí cuando los demás me ignoraban o se burlaban.
—Estoy bien, chicos —les dije, sonriendo con sinceridad—. Solo me mareé un poco, nada más. Ya estoy como nueva.
Marco me miró con esos ojos inteligentes que tenía, como si supiera que algo había cambiado en mí, pero no dijo nada. Solo me dio un abrazo fuerte. —Menos mal. No sabríamos qué hacer si te pasara algo.
Lorenzo asintió, serio como siempre pero muy dulce. —Nosotros te cuidamos siempre, lo sabes. Nadie te hará daño mientras estemos aquí.
Me sentí muy emocionada. Ellos eran lo mejor de esta familia. Y yo los quería ya, con toda mi alma.
Un rato después, entraron mis padres. El señor y la señora Moretti. Eran personas elegantes, con ropas llenas de joyas, con una presencia imponente. Se notaba a la legua que tenían mucho dinero y poder. Pero también se notaba que no eran muy listos, y que su única obsesión era mantener su estatus y ser más importantes que nadie.
—Bueno, ya despertó —dijo mi madre, mirándome sin mucho interés mientras se arreglaba un collar de perlas—. Espero que no vuelvas a hacer algo así en la cena con el duque. Ya sabes lo importante que es para nosotros.
—Tu madre tiene razón —añadió mi padre, caminando por la habitación como si estuviera inspeccionando todo—. Tenemos que dar buena imagen. Ya tienes dieciocho años, deberías comportarte como una señorita de familia noble. No ser tan… extraña.
Me quedé mirándolos, con esa forma mía de mirar fijo sin decir nada, que siempre ponía nerviosa a la gente. Y luego, con mi lengua sin filtros, respondí: —Pues lo siento mucho, padre, madre. Pero ser extraña es lo único que tengo mío. Y si al duque no le gusta, pues que no mire. Yo no me voy a cambiar para agradar a nadie.
Se quedaron los dos con la boca abierta, sorprendidos. Nunca antes les había hablado así. Mis hermanos se taparon la boca para no reírse. Mis padres me miraron como si me hubieran vuelto loca, y salieron de la habitación murmurando cosas sobre “niñas mal educadas” y “qué vamos a hacer con ella”.
En cuanto se fueron, me senté en la cama y me reí otra vez. —Bueno —dije, mirando a mis hermanos que me miraban sorprendidos y divertidos—, ya hemos empezado con buen pie.
Marco se rió, negando con la cabeza. —Realmente estás bien, hermanita. Más viva que nunca.
Y así empezó mi nueva vida. En una familia rica, llena de lujos, con padres ambiciosos y poco inteligentes, hermanas hipócritas que me odiaban, hermanos maravillosos que me querían… y un destino que yo todavía no conocía.
Pero lo que no sabía era que muy pronto, encontraría algo que cambiaría todo. Algo que estaba escondido en esta misma casa, esperándome desde hacía siglos. Alguien que me necesitaba más que a nada en el mundo.
después de siglos de estar encerrado a que olera su boca... caray
estás en el pasado que ya es historia, con cosas históricas más viejas. que regalo del destino .
está Lucia como niña en dulcería
que sucedió?
murió a través del tiempo?
Gracias /Smile//Smile/