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Renacida Para La Venganza

Renacida Para La Venganza

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Venganza / Traiciones y engaños
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Andres

Tras ser traicionada y asesinada por su esposo, Valeria renace tres años en el pasado armada con el conocimiento del futuro para destruir a sus enemigos y construir un imperio financiero imparable.

NovelToon tiene autorización de Andres para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Precio del Silencio

La semana que siguió a la gala fue una tormenta perfecta de llamadas, comunicados de prensa y reuniones de crisis que Valeria navegó con la serenidad de alguien que ya conocía el desenlace. Los medios continuaban alimentándose del escándalo como tiburones en aguas rojas, y cada nuevo titular era una pequeña victoria que ella saboreaba en silencio.

Sin embargo, Valeria sabía que Julián no era un hombre que aceptara la derrota en silencio. En su vida anterior, lo había visto operar: cuando perdía en el tablero visible, se movía en las sombras. Era en las sombras donde era verdaderamente peligroso.

Por eso no se sorprendió cuando, un jueves por la tarde, Sebastián entró a su despacho con una expresión que mezclaba seriedad y cautela.

—Señorita, tenemos un problema —dijo, cerrando la puerta tras él—. La vigilancia sobre Mónica Herrera dio resultados. Ayer por la noche se reunió con el Doctor Amador Ríos en un restaurante privado del sector norte. Estuvieron dos horas.

Valeria dejó su pluma sobre el escritorio muy lentamente.

El Doctor Amador Ríos. Ese nombre era un golpe directo al estómago, aunque su rostro no lo revelara. En su vida anterior, fue el médico que firmó su certificado de defunción. El hombre que, con toda la frialdad del mundo, escribió "fallo multiorgánico por agotamiento crónico" sin levantar una sola sospecha, porque era el médico personal que Julián había contratado para la familia. No era un médico. Era un cómplice.

—¿Fotos? —preguntó Valeria, su voz perfectamente controlada.

—Unas doce, de buena calidad. También tenemos el registro de la llamada que Mónica hizo a Julián inmediatamente después de salir del restaurante. No pudimos interceptar el contenido, pero la llamada duró cuarenta y tres minutos.

—Bien hecho. —Valeria se levantó y caminó hacia la ventana—. Sebastián, quiero que amplíes la vigilancia al Doctor Ríos. Necesito saber quién más visita su clínica privada, especialmente si alguno de esos visitantes tiene conexión con Julián. Y consígueme el historial completo de sus licencias médicas. Busca cualquier irregularidad, por pequeña que parezca.

—¿Cree que están planeando algo contra usted?

Valeria miró la ciudad desde las alturas con ojos de quien ya vivió la respuesta a esa pregunta.

—Ya lo planearon una vez —murmuró para sí misma—. Esta vez no llegarán a ejecutarlo.

El viernes llegó con una cita que Valeria había estado esperando con una mezcla de frialdad estratégica y algo que, si hubiera sido otra persona, podría llamarse curiosidad. El restaurante Bóveda era el tipo de lugar donde los acuerdos millonarios se sellaban sobre platos de autor y botellas de vino que costaban más que el salario mensual de un empleado promedio.

Adrián Varma ya estaba en la mesa cuando ella llegó. Lo observó desde la entrada antes de que él la viera: era exactamente como lo recordaba de la gala, aunque en ese momento no había tenido oportunidad de estudiarlo con calma. Alto, de hombros anchos y una postura que no era arrogancia sino la quietud natural de alguien que no necesitaba demostrar nada a nadie. Sus ojos oscuros se levantaron del menú en el preciso instante en que ella cruzó la mitad del restaurante, como si hubiera sentido su presencia antes de verla.

Se puso de pie cuando ella llegó a la mesa. Un gesto que Valeria anotó mentalmente: Julián nunca se ponía de pie.

—Señorita Soler —dijo Adrián, con esa voz grave que parecía diseñada para ocupar el espacio—. Gracias por aceptar la invitación.

—Señor Varma. —Ella tomó asiento con la gracia de quien nunca tiene prisa—. Digamos que su propuesta despertó mi... curiosidad.

—¿Solo curiosidad? —Una leve sonrisa apareció en la comisura de sus labios.

—Por ahora, sí. La curiosidad es gratuita. El interés tiene un precio.

Adrián la miró durante un segundo más de lo necesario antes de asentir con una expresión que ella no logró descifrar del todo, lo cual era, en sí mismo, un dato importante. Muy pocas personas la desconcertaban.

—Directa. Me gusta. —Tomó una tablet de su maletín y la deslizó sobre la mesa—. Hace tres semanas, mi equipo de análisis detectó lo mismo que usted vio en el sector inmobiliario noreste. Tenemos posicionados activos para aprovechar ese colapso desde el lado comprador. Sin embargo, para ejecutar la estrategia completa necesitamos un socio con presencia consolidada en el sector de infraestructura. El Grupo Soler tiene exactamente eso.

Valeria miró la tablet sin tocarla. Los números eran exactamente los que ella ya conocía; los había memorizado en su vida anterior cuando encontró, demasiado tarde, los planes que Julián había destruido deliberadamente para que el Grupo Soler perdiera esa ventana de oportunidad.

—¿Por qué no ejecutaron solos esta estrategia? —preguntó ella—. Varma Industries tiene capital más que suficiente.

—Capital, sí. Pero entrar en ese mercado sin un aliado local generaría una resistencia regulatoria que nos costaría entre seis y ocho meses. El Grupo Soler puede eliminar esa fricción. —Adrián se reclinó ligeramente—. Es una alianza de conveniencia mutua. Nada más.

—Nada más —repitió Valeria, estudiando su rostro—. ¿Y Julián? En su vida anterior como asesor del Grupo Soler bloqueó deliberadamente cualquier acercamiento entre su empresa y la mía. ¿Por qué?

Fue la primera vez que vio a Adrián reaccionar con algo que podía llamarse incomodidad. Solo un instante, apenas perceptible.

—Julián Reyes y yo tenemos... historia —dijo él, eligiendo las palabras con cuidado—. Hace cinco años, un contrato que debía ser nuestro terminó en sus manos por métodos que no fueron precisamente limpios. Cuando supe que era el asesor del Grupo Soler, entendí que cualquier acercamiento sería saboteado antes de llegar a su escritorio.

Valeria procesó esa información. En su vida anterior, nunca supo eso. Julián le había pintado a Adrián como un tiburón sin escrúpulos que usaba a sus socios y los descartaba. La realidad, como siempre, era exactamente la inversa.

—Tengo una condición —dijo Valeria, tomando finalmente la tablet.

—Escucho.

—Esta alianza no puede ser solo financiera. Necesito acceso a la red de inteligencia corporativa de Varma Industries. Tienen rastreadores en mercados que el Grupo Soler aún no alcanza y necesito esa información para el plan de restructuración que estoy ejecutando.

Adrián enarcó una ceja.

—Eso es considerablemente más de lo que una alianza estándar contempla.

—Lo sé. —Valeria le devolvió la tablet—. Por eso le ofrezco algo que tampoco es estándar: participación del doce por ciento en la nueva división de tecnología médica que lanzaremos en el segundo trimestre. Antes de que salga al mercado público.

El silencio entre ellos duró exactamente lo suficiente para que Valeria supiera que había calculado bien.

—Tiene usted una forma muy peculiar de negociar —dijo Adrián finalmente.

—¿Peculiar o efectiva?

—Ambas. —Esta vez su sonrisa fue completa, breve pero genuina—. Trato hecho, señorita Soler.

Valeria extendió su mano sobre la mesa. Adrián la tomó, y el apretón fue firme, directo, sin los jueguitos de presión que los hombres inseguros solían usar para establecer dominancia.

"Interesante", pensó ella mientras sus miradas se sostenían un segundo más. "Muy interesante."

Esa misma tarde, Julián cruzó la puerta de la oficina de su abogado con la mandíbula apretada y los ojos inyectados en sangre de una noche sin dormir. Rodrigo Peña, su abogado de confianza, lo esperaba con una expresión que ya no era de optimismo.

—Dime que tienes algo —dijo Julián, dejándose caer en la silla.

—Tengo malas noticias —respondió Peña, acomodando unos papeles con cuidado—. Los documentos de auditoría que presentó Valeria son sólidos. El perito que contrató el Ministerio Fiscal los revisó esta mañana y los declaró auténticos. Si esto llega a juicio, Julián...

—No llegará a juicio —lo interrumpió Julián, golpeando el escritorio—. Necesito algo contra ella. Algo que la desacredite, que haga que todo el mundo crea que está inestable, que no es apta para dirigir una empresa de ese tamaño. Ella cambió de la noche a la mañana, Rodrigo. Nadie cambia así sin una razón. Hay algo raro en ella.

—¿Qué tipo de algo estás pensando?

Julián sacó su teléfono y deslizó una foto sobre el escritorio. Era una imagen de Valeria saliendo del restaurante Bóveda junto a Adrián Varma, tomada apenas una hora antes.

—Varma —murmuró Julián, y la palabra sonó envenenada—. Ella se alió con Varma. En una semana. —Rio con amargura—. Siempre supe que ese hombre era un buitre, pero nunca pensé que Valeria fuera tan estúpida como para confiar en él.

—¿Qué quieres hacer?

Julián se quedó en silencio un momento. En ese silencio, Peña pudo ver cómo la desesperación se transformaba en algo más frío y calculado en los ojos de su cliente.

—Hay una periodista. Claudia Vega. Escribe para el suplemento de negocios del Diario Meridional. —Julián volvió a guardar el teléfono—. Tiene apetito por los escándalos corporativos y yo tengo cierta información sobre la salud mental de Valeria que, convenientemente interpretada, podría generar algunas preguntas muy incómodas sobre su capacidad para tomar decisiones de esa magnitud.

—¿Información real o...?

—Información suficientemente ambigua como para necesitar interpretación —respondió Julián con una sonrisa que no llegó a sus ojos—. Valeria siempre fue frágil. Solo necesitamos que el mundo lo recuerde.

Peña asintió lentamente, aunque en su fuero interno algo le incomodaba. Había trabajado con Julián durante años y lo conocía bien. Pero en los últimos días había empezado a preguntarse, por primera vez, si había elegido al cliente equivocado.

Valeria llegó a la mansión Soler pasadas las nueve de la noche. Martha la esperaba con una cena caliente y la mirada cargada de la preocupación silenciosa que solo tienen las personas que lo conocen a uno desde siempre.

—Come algo, niña —dijo Martha, poniendo el plato frente a ella—. Pareces que no has dormido en tres días.

—Dos —la corrigió Valeria con un amago de sonrisa—. Mañana duermo.

Martha la observó con esa mirada que atravesaba cualquier máscara.

—¿Estás bien, Valeria? —preguntó, usando su nombre de pila por primera vez, dejando caer el protocolo—. No la Valeria de los negocios, ni la heredera. Tú. ¿Estás bien?

Valeria bajó el tenedor. Miró a Martha, esa mujer que había estado en cada momento importante de su vida, que en su vida pasada fue sacrificada en el altar de los caprichos de Julián, y sintió un nudo que creyó haber disuelto.

—Voy a estar bien —dijo, y fue la respuesta más honesta que había dado en días—. Pero primero tengo que asegurarme de que todos los que quiero estén a salvo. Y eso lleva tiempo.

Martha asintió, sin entender del todo pero sin necesitar entender. Le apretó la mano sobre la mesa.

—Esta casa siempre ha sobrevivido a sus tormentas —dijo—. Y tú eres la más fuerte que ha dado.

Valeria dejó que el silencio de la mansión la envolviera por un instante. Mañana habría nuevas batallas: la periodista que Julián estaba a punto de manipular, el Doctor Ríos al que había que neutralizar antes de que se convirtiera en un problema real, y la alianza con Adrián que apenas comenzaba a tomar forma.

Pero esta noche, por un momento, permitió que el peso cediera un poco.

No por debilidad. Sino para recordar por qué valía la pena seguir luchando.

Continuará..

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