Una noche de alcohol erróneo, una suite a oscuras y una pasión salvaje que Sasha Castro no debió vivir. Al amanecer, el misterioso hombre desapareció, dejándole lagunas mentales y un embarazo de gemelos que la obligó a madurar a golpes.
Cinco años después, la rebelde indomable es una madre leona. Pero su mundo se desmorona: su hijo Oliver se debate entre la vida y la muerte por una leucemia agresiva. Nadie en su familia es compatible. El niño necesita la sangre de su padre biológico, un hombre cuyo rostro ella ni siquiera recuerda.
Para salvarlo, el clan Castro inicia una cacería implacable que desentierra un nombre: Ethan Vance, un frío y hermético CEO multimillonario. Él ignora que fue víctima de una trampa del pasado... y que es padre.
El tiempo se agota. Sasha debe arrastrar al implacable magnate a su red antes de que el secreto estalle, sin saber que el peligro que acecha al CEO amenaza con destruirlos a todos.
NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPITULO 14. EL ENIGMA DE LA SANGRE.
Las luces fluorescentes del pasillo de oncología pediátrica proyectaban sombras alargadas en las paredes cuando el doctor regresó a la habitación. Eran las diez de la noche y el silencio en el hospital era denso, interrumpido únicamente por el goteo constante del suero en la vía de Oliver. El pequeño dormía de lado, abrazado a su oso de peluche, con una respiración suave que contrastaba con la tormenta que asfixiaba a los adultos a su alrededor.
Sasha se puso en pie de inmediato en cuanto vio aparecer la silueta del hematólogo. Katerina se levantó del sillón, colocándose al lado de su hija, mientras Luke, Alexander y Daniel entraban desde el pasillo, cerrando la puerta para mantener la intimidad familiar. Los cinco pares de ojos de la dinastía se clavaron en la carpeta blanca que el médico traía bajo el brazo.
El rostro del doctor, cansado y grave, no ofrecía ningún consuelo. Dejó el informe sobre la mesa auxiliar y miró a Sasha con una seriedad que le erizó la piel.
—Los analistas de genética han trabajado a marchas forzadas toda la tarde —comenzó el médico, midiendo cada una de sus palabras con cuidado—. Hemos terminado el tipaje de alta resolución del sistema HLA de toda la familia. Sasha... lo siento mucho. Ni tú, ni tus hermanos Alexander y Daniel compartís el porcentaje mínimo de compatibilidad necesario para el trasplante. Las defensas de Oliver rechazarían vuestra médula de inmediato.
A Sasha se le encogió el estómago, pero no se derrumbó. Clavó su mirada en el médico, manteniendo la voz firme.
—¿Y su hermano? ¿Qué pasa con Ian? —preguntó Sasha con un hilo de esperanza—. Son mellizos, doctor. Compartieron mi vientre. La probabilidad matemática tenía que estar de nuestro lado.
El doctor soltó un suspiro pesado, abriendo el informe genético y mostrando una serie de gráficos de barras y cadenas de ADN cruzadas.
—Ahí radica la complejidad de este caso, Sasha —explicó el médico de forma muy humana—. Ian y Oliver son mellizos bivitelinos, lo que significa que nacieron de dos óvulos distintos fecundados al mismo tiempo. Genéticamente son tan distintos como cualquier par de hermanos nacidos en años diferentes. Ian ha heredado la carga dominante de tu línea familiar, pero Oliver... Oliver ha desarrollado una combinación de antígenos del sistema inmunitario extremadamente inusual.
El hematólogo miró a Katerina y a Luke antes de continuar, consciente del secreto que envolvía el nacimiento de los niños.
—Oliver posee un subgrupo sanguíneo muy raro, el AB Negativo con variantes fenotípicas específicas, y un mapa HLA que no coincide en absoluto con vuestro árbol genealógico. Esa combinación tan específica solo puede provenir de una fuente: su padre biológico. Quienquiera que sea ese hombre, posee una sangre idéntica a la de Oliver. Ninguno de vosotros sirve como donante. La única esperanza real que tenemos para salvar la vida del niño... es encontrar a su padre.
Las palabras del médico cayeron en la habitación con el peso de una losa de hormigón.
Sasha dio un paso atrás, tambaleándose levemente hasta que la mano firme de Daniel en su espalda la sostuvo. Sintió que el frío de la penumbra de aquella suite del Grand Palace regresaba para congelarle las entrañas. Durante cinco años se había esforzado por ser una madre ejemplar, por trabajar de sol a sol y estudiar por las noches para demostrar que no necesitaba a nadie para sacar adelante a sus hijos. Había enterrado el recuerdo de ese hombre en el rincón más oscuro de su memoria, convenciéndose de que su identidad no importaba. Y ahora, las matemáticas de la vida le daban el golpe más cruel: la supervivencia de su pequeño Oliver dependía exclusivamente del único hombre al que juró no buscar jamás.
—¿Cuánto tiempo tenemos, doctor? —la voz profunda y barítona de Luke rompió el silencio de la sala. Su rostro era una máscara de piedra, pero sus ojos oscuros destellaban con la urgencia del abuelo que ve la vida de su nieto en peligro.
—La quimioterapia mantendrá las células enfermas bajo control durante un tiempo, pero el sistema inmunitario de Oliver es frágil —sentenció el hematólogo con total franqueza—. Necesitamos realizar el trasplante en un plazo máximo de tres meses. Si no encontramos un donante compatible en ese periodo, las probabilidades de una recaída severa aumentan drásticamente. Tenéis noventa días para encontrar a ese hombre, Sasha.
El médico se despidió con una inclinación de cabeza y salió de la habitación, dejando a la familia a solas con el veredicto del laboratorio.
Sasha se dejó caer en la silla auxiliar, ocultando el rostro entre las manos mientras unas lágrimas silenciosas de pura impotencia corrían por sus mejillas almendrada. Katerina se arrodilló a su lado de inmediato, rodeándola con sus brazos con esa fuerza incondicional que las unía.
—No sé quién es, mamá... —sollozó Sasha, con la voz rota por el dolor—. Llevo cinco años fingiendo que esa noche no existió. No sé su nombre, no sé su cara completa... ¿Cómo voy a encontrar a un extraño entre millones de personas en tres meses? Oliver se va a morir por culpa de mi descuido...
—Escúchame bien, Sasha. Mírame —le ordenó Luke con una autoridad aplastante, caminando hacia ella y arrodillándose también en el suelo, obligándola a levantar la barbilla para mirarlo a los ojos—. Oliver no se va a morir. Eres mi hija, y esos niños llevan la sangre de esta familia. Si tenemos que remover el cielo, la tierra y registrar cada rincón de este planeta para encontrar a ese hombre, lo haremos. Alexander, Daniel y yo nos encargaremos de la búsqueda. El tiempo de esconder el pasado se ha terminado, Kat. Vamos a cazar a ese donante, cueste lo que cueste.
Sasha miró a su padre y luego a sus hermanos gemelos mayores, quienes asintieron con una determinación inquebrantable en sus rostros. La culpa y el miedo que la habían paralizado comenzaron a transformarse en una furia fría y protectora. La carrera contra el reloj de noventa días acababa de comenzar, y la dinastía Castro-Atelier estaba lista para desenterrar el secreto mejor guardado de la alta sociedad con tal de salvar la vida de su pequeño ángel.