NovelToon NovelToon
El Frágil Lazo De Ciela

El Frágil Lazo De Ciela

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:206
Nilai: 5
nombre de autor: SherlyBlanco

"El Frágil Lazo de Ciela" es una historia conmovedora sobre la identidad, el perdón y la valentía de amar cuando el tiempo corre en contra. Una novela que demuestra que, a veces, para sanar el cuerpo, primero hay que reconstruir el alma.

NovelToon tiene autorización de SherlyBlanco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: El naufragio de las certezas

​El sonido de las bolsas de las compras cayendo al suelo resonó como disparos en la sala. Elena y Roberto se quedaron petrificados en el umbral, con el agua de la lluvia escurriendo de sus abrigos, formando charcos que parecían lágrimas negras sobre la madera. La escena que encontraron era el resumen de veinte años de silencios: su hija desvanecida en el sofá, Diego sosteniendo el acta de adopción como si fuera un arma delictiva, y Anais sollozando en un rincón, protegiendo instintivamente su vientre de la tormenta emocional que acababa de estallar.

​—Ciela... hija, déjanos explicarte —alcanzó a decir Roberto, con la voz temblorosa, dando un paso hacia el sofá.

​—¡No la toques! —rugió Diego, interponiéndose. Su mirada, usualmente dulce, estaba cargada de una furia protectora—. Ella apenas puede respirar y ustedes solo piensan en sus explicaciones. ¿Cómo pudieron ocultarle algo así? ¿Cómo pudieron dejar que creciera creyendo una mentira mientras su salud se deteriora frente a sus ojos?

​Elena se cubrió la boca con las manos, ahogando un grito. Miró a Anais, buscando una cómplice, pero su sobrina solo negó con la cabeza, con los ojos hinchados.

—Ella lo encontró sola, tía. Ya no podíamos seguir fingiendo —articuló Anais entre hipos—. Y ahora Miriam también lo sabe... todos lo saben.

​Ciela entreabrió los ojos. El rostro de Diego estaba sobre ella, borroso, pero su calor era lo único que la mantenía anclada a la realidad. Intentó incorporarse, pero una punzada de dolor en la zona lumbar la obligó a soltar un gemido agudo. No era un simple mareo; era una presión insoportable que parecía irradiar desde sus riñones hacia todo el cuerpo.

​—Me duele... Diego, me duele mucho —susurró Ciela, apretando la mano de su novio con una fuerza desesperada.

​—Tenemos que llevarla al hospital ahora mismo —sentenció Diego, ignorando por completo a los padres de Ciela.

​—Nosotros la llevamos, somos sus padres —intervino Elena, tratando de recuperar el control, pero sus manos temblaban tanto que apenas podía sostener su bolso.

​—¡Ustedes no son sus padres de sangre! —gritó Anais desde el rincón, liberando toda la presión acumulada por su propio secreto—. ¡Y ese es el problema! Si ella tiene algo genético, algo grave, ustedes no tienen las respuestas. Mi embarazo es real, mi miedo es real, y la enfermedad de Ciela también lo es. ¡Dejen de actuar como si estuviéramos en una sesión de fotos familiar!

​El estallido de Anais dejó a la sala en un silencio sepulcral. Miriam, que había estado observando desde la sombra del pasillo, se acercó a su hermana y la tomó del brazo, dándole el apoyo que necesitaba. El caos era total: una hija adoptiva enferma, una sobrina embarazada de un exconvicto y un secreto de dos décadas hecho añicos.

​Roberto, derrotado, bajó la cabeza.

—Diego tiene razón. Llévala en tu coche, nosotros iremos detrás. La clínica San Judas está a diez minutos.

​El trayecto al hospital fue un desenfoque de luces de neón y limpiaparabrisas moviéndose frenéticamente. Ciela apoyaba la cabeza en el hombro de Diego, sintiendo que cada bache del camino era un golpe directo a su columna. En su mente, las imágenes de su infancia se mezclaban con el rostro de su madre biológica, esa mujer "desconocida" que mencionaba el papel. ¿Habría sentido ella este mismo dolor? ¿Estaría muerta por la misma enfermedad que ahora la consumía a ella?

​Al llegar a urgencias, el ingreso fue caótico. Diego entregó el acta de adopción junto con los documentos de identidad de Ciela.

—Necesitan saber que es adoptada —le dijo al médico de guardia—. No conocemos sus antecedentes familiares, pero lleva semanas con desmayos, palidez y ahora un dolor lumbar agudo.

​El médico, un hombre de facciones duras, asintió y ordenó una batería de exámenes urgentes: hemograma completo, función renal y una ecografía abdominal. Mientras se llevaban a Ciela en una camilla, ella alcanzó a ver a sus padres y a sus primas entrando por la puerta automática de la clínica. Parecían náufragos llegando a una orilla hostil.

​Dos horas después, el médico salió a la sala de espera. Su expresión no era alentadora. Diego se puso en pie de inmediato, seguido por Elena y Roberto, quienes se mantenían a una distancia prudente del joven.

​—La situación de Graciela es crítica —empezó el doctor—. Sus riñones están fallando rápidamente. Presenta una poliquistosis renal avanzada, una condición que suele ser hereditaria. El problema es que, sin conocer la historia clínica de sus progenitores biológicos, estamos trabajando a ciegas. Necesitamos encontrar a alguien de su misma sangre.

​Elena sollozó con fuerza, derrumbándose en los brazos de Roberto. La mentira que usaron para "protegerla" se había convertido en la sentencia que ahora impedía salvarla. Diego sintió un frío glacial recorrerle la espalda. Miró a Anais, que acariciaba su vientre con los ojos perdidos en el suelo de la clínica.

​—¿Hay alguna esperanza? —preguntó Diego con la voz ronca.

​—Necesitamos un donante compatible o, al menos, información genética precisa —respondió el médico—. Si no encontramos a su familia biológica pronto, el dilema de Ciela ya no será quién es, sino cuánto tiempo le queda.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play