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La Venganza De Los Beltrán

La Venganza De Los Beltrán

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Venganza / Completas
Popularitas:780
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Scarlett, Santiago y Ángel eran tres hermanos unidos por algo más fuerte que la sangre: el amor y la lealtad. Vivían una vida tranquila, lejos de problemas, en una casa humilde donde las risas de sus padres llenaban cada rincón. Scarlett era inteligente y valiente; Santiago, serio y protector; y Ángel, el menor, noble pero impulsivo. Nunca buscaron enemigos ni conflictos, pero una noche todo cambió. Unos hombres desconocidos entraron a su hogar y asesinaron brutalmente a sus padres frente a ellos. Desde ese instante, el dolor se convirtió en odio. Los tres hermanos hicieron una promesa sobre las tumbas de sus padres: encontrar a los culpables y cobrar venganza, aunque eso significara perderse a sí mismos en el camino.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: Aquí adentro también respetan Narra Ángel

Los primeros meses encerrado fueron los peores.

El tiempo allá adentro no pasa normal. Los días parecen iguales, las noches duran demasiado y uno termina aprendiendo a vivir escuchando rejas cerrarse y pasos en los pasillos.

Pero también aprendí otra cosa:

en el tombo el respeto vale más que cualquier cosa.

Y yo ya me había ganado el mío.

No porque fuera el más fuerte físicamente.

Sino porque todos allá adentro sabían quién era yo.

Sabían mi apellido.

Sabían las cosas que había hecho afuera.

Y sabían que yo no era alguien fácil de provocar.

Por eso la mayoría me llamaba “patrón”.

Al principio me parecía raro escucharlo ahí adentro, pero con el tiempo entendí que el respeto en un lugar así se construye diferente.

No se trata de hablar mucho.

Se trata de lo que la gente cree capaz de hacer de ti.

Y yo ya tenía fama antes de entrar.

Aquella tarde todo estaba tranquilo hasta que trajeron a un preso nuevo.

Recuerdo perfectamente cuando lo vi entrar al pabellón.

Alto, mirada desafiante, caminando como si quisiera demostrar algo desde el primer segundo.

Muchos nuevos llegaban así.

Querían hacerse notar rápido.

Querían probar quién mandaba.

El problema era que ahí adentro ya existían reglas.

Y yo era parte de ellas.

El hombre empezó a mirar alrededor con arrogancia.

Algunos internos lo ignoraron.

Otros simplemente siguieron en lo suyo.

Yo estaba sentado hablando con dos tipos cuando él se acercó.

—Así que usted es el famoso “patrón” —dijo burlándose.

Los otros dos hombres se quedaron callados inmediatamente.

Yo levanté lentamente la mirada.

—¿Y?

El tipo soltó una risa corta.

—He escuchado demasiado sobre usted.

No respondí.

Porque en lugares así uno aprende que el silencio pesa más.

Pero él seguía buscando problema.

—No parece tan peligroso.

Uno de los hombres que estaba conmigo se puso nervioso.

—Ey… mejor deje eso así.

Pero el nuevo no entendía.

O simplemente quería llamar la atención.

Se acercó más.

—¿Qué pasa? ¿Aquí todos le tienen miedo o qué?

El pabellón empezó a quedarse silencioso poco a poco.

Todos estaban mirando.

Esperando.

Yo me levanté lentamente.

El tipo todavía sonreía, creyendo que tenía el control.

Lo miré fijo.

—Aquí todo el mundo me respeta —le dije con calma.

Él soltó una risa.

—¿Ah sí?

Asentí lentamente.

—Sí.

Di un paso más cerca.

—Y le recomiendo que haga lo mismo.

El hombre me sostuvo la mirada unos segundos.

—¿Y si no quiero?

El silencio se volvió pesado.

Muy pesado.

Los demás presos observaban sin intervenir.

Porque todos sabían que ese momento podía explotar rápido.

Respiré hondo.

—Entonces va a aprender por las malas cómo funcionan las cosas aquí.

El tipo intentó mantenerse desafiante.

—¿Quién se cree usted?

Lo miré directamente a los ojos.

—Ángel Beltrán.

Vi cómo su expresión cambiaba apenas escuchó mi apellido.

Porque sí.

Incluso ahí adentro el nombre Beltrán ya tenía peso.

El hombre tragó saliva, aunque intentó disimularlo.

—He escuchado cosas…

Asentí lentamente.

—Y la mayoría son ciertas.

El pabellón seguía completamente callado.

Yo podía sentir cómo todos estaban atentos.

No esperando una pelea…

sino esperando ver si el nuevo entendía las reglas.

Me acerqué todavía más.

—Aquí adentro me respetan porque saben lo que he hecho afuera —dije con voz fría—. Y porque saben que no me dejo humillar por nadie.

El hombre dejó de sonreír.

Por primera vez parecía incómodo.

Uno de los presos habló desde el fondo.

—Mejor déjelo quieto, hermano.

Otro soltó una pequeña risa.

—El nuevo todavía no entiende.

El tipo miró alrededor.

Y ahí comprendió algo importante:

nadie iba a apoyarlo.

Porque allá adentro el respeto ya estaba decidido desde antes de que él llegara.

Respiré profundo.

—No vine aquí a buscar problemas —le dije—. Pero tampoco voy a dejar que alguien quiera probar suerte conmigo.

El hombre finalmente bajó un poco la mirada.

No completamente.

Pero suficiente.

—Está bien… patrón.

Algunos presos soltaron pequeñas risas.

Yo simplemente volví a sentarme.

El ambiente empezó a relajarse otra vez.

Pero el nuevo ya había entendido.

Ahí adentro las historias pesan.

Y las mías ya habían recorrido demasiados lugares.

Uno de los presos se sentó a mi lado.

—Pensé que le iba a romper la cara.

Solté una risa baja.

—No hacía falta.

Porque sinceramente ya no necesitaba demostrar todo con golpes.

La fama hacía gran parte del trabajo.

El nuevo permaneció callado el resto de la tarde.

Y mientras lo veía sentado solo entendí algo extraño:

incluso encerrado…

seguía siendo alguien al que la gente temía desafiar.

Angel Beltrán

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