SIN SPOILER
NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
EL HEREDERO DE LA CORONA
Nueve meses pasaron lentamente sobre el reino.
El invierno regresó.
Cubriendo caminos y montañas con nieve mientras el castillo real se preparaba para el nacimiento del supuesto heredero de la reina.
Las celebraciones llevaban semanas organizándose.
Los nobles hablaban emocionados sobre el futuro príncipe o princesa.
Y el pueblo entero esperaba ansioso la noticia.
Pero oculto en una habitación aislada lejos de los ojos del reino…
Amelia gritaba de dolor completamente sola.
La joven llevaba horas en trabajo de parto.
El sudor cubría su frente mientras varias parteras intentaban ayudarla.
Ninguna se atrevía a hablar demasiado.
Porque todos sabían que aquel nacimiento era un secreto.
Uno que jamás podría salir del castillo.
—¡Respire! —ordenó una de las mujeres nerviosa.
Amelia apretó las sábanas con fuerza.
Asustada.
Agotada.
Y sobre todo…
desesperada.
Porque aunque llevaba nueve meses cargando a ese bebé…
en el fondo sabía que nunca le permitirían conservarlo.
Otro grito llenó la habitación.
Y finalmente…
el llanto de un recién nacido rompió el silencio.
La partera principal levantó cuidadosamente al bebé envuelto entre mantas.
—Es un niño.
Las sirvientas soltaron suspiros aliviados.
Un heredero varón.
Exactamente lo que el reino deseaba.
Exactamente lo que Víctor quería.
Amelia observó al bebé con lágrimas en los ojos mientras la partera se acercaba lentamente.
La joven extendió los brazos temblorosamente.
—Mi bebé…
La mujer dudó apenas un segundo antes de entregárselo.
Y cuando Amelia sostuvo a su hijo por primera vez…
el mundo pareció detenerse.
Era tan pequeño.
Tan cálido.
El bebé abrió ligeramente los ojos mientras soltaba pequeños sonidos suaves.
Y Amelia comenzó a llorar silenciosamente.
Porque lo amaba.
Aunque jamás hubiera planeado todo aquello.
Aunque hubiera sido elegida solo para darle un heredero al rey.
Ese niño seguía siendo suyo.
O al menos…
eso creyó durante unos minutos.
Las puertas de la habitación se abrieron.
Víctor entró acompañado por varios guardias.
El ambiente se congeló inmediatamente.
El rey observó al bebé en brazos de Amelia.
Y por primera vez en mucho tiempo…
pareció satisfecho de verdad.
La partera hizo una reverencia rápida.
—Majestad. El heredero nació sano.
Víctor se acercó lentamente.
Amelia abrazó un poco más al niño instintivamente.
Como si algo dentro de ella comprendiera el peligro.
El rey extendió los brazos.
—Dámelo.
La joven levantó la mirada hacia él.
Y por un instante…
el miedo llenó completamente sus ojos.
—Majestad… yo…
La voz de Víctor se volvió fría.
—AHORA.
Amelia sintió lágrimas bajar por sus mejillas.
Pero aun así…
obedeció.
Con manos temblorosas entregó lentamente al recién nacido.
Y en el momento en que el bebé dejó sus brazos…
algo dentro de ella se rompió.
Víctor sostuvo al niño cuidadosamente.
Observándolo como si estuviera viendo finalmente el futuro de la corona.
—Perfecto —murmuró.
Amelia bajó rápidamente la mirada intentando contener el llanto.
Pero entonces escuchó algo peor.
—Saquen a la concubina del castillo.
La joven levantó la cabeza de golpe.
Horrorizada.
—¿Qué…?
Los guardias ya se estaban acercando.
Amelia sintió pánico inmediato.
—¡No! ¡Por favor…! ¡Es mi hijo!
El bebé comenzó a llorar suavemente en brazos del rey por el ruido.
Víctor ni siquiera miró a la joven.
—Desde hoy, este niño pertenece a la corona.
Aquellas palabras destruyeron lo poco que quedaba dentro de Amelia.
Los guardias la sujetaron mientras ella lloraba desesperadamente.
—¡Por favor! ¡Déjenme verlo otra vez!
Pero nadie respondió.
Las sirvientas evitaban levantar la mirada.
La partera cerró lentamente los ojos con tristeza.
Porque nadie podía enfrentarse al rey.
Amelia fue arrastrada fuera de la habitación entre lágrimas y súplicas rotas.
Y las puertas se cerraron detrás de ella.
Silencio.
Solo quedó el suave llanto del recién nacido.
Víctor observó al niño unos segundos antes de hablar:
—Lleven al heredero con la reina.
Minutos después…
Victoria sostenía al bebé entre sus brazos dentro de los aposentos reales.
El reino entero celebraba afuera creyendo que ella acababa de dar a luz.
La reina observó el pequeño rostro dormido.
Y aunque sabía perfectamente que no era suyo…
algo dentro de ella se suavizó ligeramente.
El niño abrió lentamente los ojos.
Victoria sintió un pequeño nudo en el pecho.
Porque por un instante…
sin entender por qué…
recordó otra vez unos ojos diferentes.
Verde.
Y avellana.
La sensación desapareció rápidamente.
Pero esta vez…
la tristeza permaneció un poco más.