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HERIDAS DEL CORAZÓN

HERIDAS DEL CORAZÓN

Status: En proceso
Genre:Amor eterno
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Milagros Ulloa

Narra la historia de una hermosa chica llamada Gabriela que sufre mucho tras el abandono de su novio.

NovelToon tiene autorización de Milagros Ulloa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LAS SOMBRAS REGRESAN

La gala continuaba, pero para Gabriela el aire dentro del salón se había vuelto pesado.

Las conversaciones sonaban lejanas, como ecos distorsionados. Sonreía cuando alguien le hablaba, asentía educadamente, pero su mente seguía atrapada en el balcón… en esas palabras que León había dejado suspendidas entre ambos.

“Lo hice para protegerte.”

Protección.

Mentira.

Excusa.

O quizá… verdad.

Sacudió la cabeza intentando alejar esos pensamientos justo cuando Matías apareció a su lado con dos copas de vino.

—Necesitas esto —dijo entregándole una.

Gabriela aceptó agradecida.

—Gracias.

Matías la observó con atención, demasiado atento.

—¿Todo bien? Desde que hablaste con el director invitado estás distinta.

El corazón de Gabriela dio un salto.

—Solo estoy cansada.

Matías no pareció convencido.

—Curioso… porque él tampoco ha dejado de mirarte.

Gabriela levantó la vista instintivamente.

Al otro lado del salón, León conversaba con un grupo de empresarios, pero sus ojos estaban clavados en ella.

Directos.

Intensos.

Imposibles de ignorar.

Gabriela apartó la mirada rápidamente.

—Estás imaginando cosas —respondió.

Matías sonrió levemente.

—Trabajo analizando personas. Créeme, sé reconocer tensión cuando la veo.

Antes de que pudiera responder, la música cambió a una melodía más suave. Varias parejas comenzaron a dirigirse hacia la pista de baile improvisada en el centro del salón.

Matías extendió su mano.

—¿Bailas conmigo?

Gabriela dudó.

No quería llamar la atención… pero tampoco quería seguir pensando en León.

—Está bien —aceptó finalmente.

Cuando entraron a la pista, sintió inmediatamente una mirada quemándole la espalda.

No necesitaba comprobarlo para saber que era él.

Matías apoyó suavemente una mano en su cintura mientras comenzaban a moverse al ritmo lento de la música.

—Sabes —dijo él con voz tranquila—, nunca te había visto tan nerviosa.

Gabriela soltó una pequeña risa.

—No estoy nerviosa.

—Entonces explícame por qué tu pulso está acelerado.

Ella abrió los ojos sorprendida.

—¿Qué?

—Tu mano —sonrió—. Está temblando.

Gabriela intentó relajarse, pero en ese momento levantó la vista… y encontró a León observándolos.

Su expresión había cambiado.

Ya no era profesional.

Era algo más oscuro.

Algo posesivo.

Los celos eran evidentes incluso desde la distancia.

León apretó la mandíbula mientras los veía girar lentamente. Cada sonrisa de Gabriela hacia Matías era una punzada directa.

Había prometido mantenerse lejos.

Había prometido no intervenir.

Pero verla en brazos de otro hombre rompía cada una de sus defensas.

Sin darse cuenta, avanzó hacia la pista.

Gabriela lo vio acercarse y el aire pareció desaparecer.

León se detuvo frente a ellos cuando la canción terminó.

—¿Puedo interrumpir un momento? —preguntó con cortesía tensa.

Matías arqueó una ceja.

—Estamos bailando.

—Solo será un minuto.

El silencio entre los tres se volvió incómodo.

Gabriela sintió el choque invisible entre ambos hombres.

—Está bien, Matías —dijo finalmente.

Matías soltó su mano lentamente, aunque su mirada dejó claro que aquello no le agradaba.

León tomó la mano de Gabriela antes de que pudiera reaccionar y la guió fuera de la pista hacia un pasillo más tranquilo del hotel.

—¿Qué haces? —susurró ella molesta—. Esto es trabajo.

—Lo sé.

—Entonces compórtate como tal.

León respiró hondo, luchando contra sus emociones.

—No me gustó verlo tocarte.

Gabriela abrió los ojos incrédula.

—No tienes derecho a sentir eso.

—Tal vez no —admitió—. Pero lo siento igual.

El silencio cayó entre ellos.

Demasiado cercano.

Demasiado peligroso.

—Debes mantener distancia —continuó ella—. Ya no somos nada.

León bajó la mirada un instante.

—Eso intento… pero apareces frente a mí y todo vuelve.

Sus palabras hicieron que el corazón de Gabriela latiera con fuerza.

Antes de que pudiera responder, el teléfono de León vibró.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

Su expresión cambió inmediatamente al leer el mensaje.

La calidez desapareció de su rostro.

—¿Qué pasó? —preguntó Gabriela.

León guardó el celular rápidamente.

—Nada importante.

Pero ella alcanzó a ver una parte de la pantalla antes de que desapareciera.

Un mensaje desconocido.

Una sola frase.

“Sabemos que volviste a verla.”

El frío recorrió su cuerpo.

—León… ¿quién era?

Él dudó.

Y ese silencio confirmó todo.

—Escúchame bien —dijo finalmente con voz baja—. Necesito que te mantengas lejos de mí.

Gabriela retrocedió, herida.

—Otra vez lo mismo…

—No es lo que crees.

—Siempre dices eso.

León pasó una mano por su cabello, claramente desesperado.

—Hay personas observando. Personas peligrosas. Pensé que todo había terminado, pero… no fue así.

El miedo comenzó a instalarse lentamente en ella.

—¿De qué estás hablando?

Antes de responder, un fuerte ruido resonó desde el salón principal. Una copa cayó al suelo rompiéndose, haciendo que varios invitados voltearan.

León miró alrededor con alerta.

Instinto puro.

Protección.

Tomó suavemente el rostro de Gabriela entre sus manos sin pensar.

El contacto los paralizó a ambos.

—Si algo extraño ocurre… prométeme que te irás inmediatamente —susurró.

Gabriela sintió su respiración cerca, demasiado cerca.

El tiempo pareció detenerse.

Sus ojos descendieron involuntariamente hacia los labios de León.

Y por un instante… todo el dolor desapareció.

Solo existían ellos.

León también lo sintió.

La necesidad.

El recuerdo.

El amor intacto.

Se inclinó apenas, como si una fuerza inevitable lo atrajera.

Gabriela cerró los ojos.

Pero justo antes de que sus labios se encontraran, una voz interrumpió:

—Gabriela.

Ambos se separaron abruptamente.

Matías estaba al final del pasillo observándolos, serio.

La tensión podía cortarse con un cuchillo.

—Nos están buscando para la firma preliminar —dijo con frialdad.

Gabriela asintió rápidamente, intentando recuperar la compostura.

León dio un paso atrás, reconstruyendo su máscara profesional.

Pero su teléfono vibró nuevamente.

Otro mensaje.

Esta vez más corto.

“La próxima advertencia no será un mensaje.”

León cerró los ojos un segundo.

El pasado había regresado.

Y ahora Gabriela estaba nuevamente en peligro.

Mientras caminaban de regreso al salón, él comprendió algo inevitable:

Alejarse ya no sería suficiente.

Porque las sombras que una vez destruyeron su historia… estaban listas para hacerlo otra vez.

Y esta vez, podrían no sobrevivir.

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