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Forjada en el Bosque

Forjada en el Bosque

Status: Terminada
Genre:Fantasía / Aventura / Venganza / Hombre lobo / Completas
Popularitas:225
Nilai: 5
nombre de autor: Kel lopez

Zaya siempre fue rechazada por su manada por no transformarse en el tiempo esperado. Cuando finalmente despierta a su loba, Sura, aun así es expulsada tras ser rechazada por su compañero destinado, el alfa Varg. Condenada como renegada, sobrevive en el bosque hasta encontrar la Manada de la Oscuridad.

Allí conoce a Zack, otro renegado, con quien crea un vínculo muy fuerte. Ambos se ven envueltos en un conflicto mayor cuando Zack descubre que es el compañero destinado de Maia, hermana del temido Alfa Razkan (Sombra), líder de la manada. Esto provoca tensiones entre el destino, la lealtad y la autoridad.

Mientras Zaya intenta adaptarse y sobrevivir en este nuevo mundo, secretos sobre el pasado de Razkan y la destrucción de su antigua compañera revelan que el destino de todos está profundamente conectado, y que Zaya podría tener un papel decisivo para cambiarlo todo.

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Capítulo 20

Zaya se sobresaltó, el corazón desbocado. Se limpió el rostro apresuradamente y se giró despacio, sabiendo, antes incluso de verlo, a quién pertenecía aquella voz. A pocos metros de ella, entre las sombras de los árboles, Razkan la observaba atento, los ojos azules reflejando la luz de la luna, demasiado intensos para ser ignorados.

Tragó en seco, sintiendo el peso de aquella mirada sobre ella. Enderezó los hombros, intentando reunir la poca dignidad que le quedaba en ese momento.

—Yo solo… Necesitaba aire —respondió, la voz baja, quebrada, delatando el llanto reciente—. No pensé que fuera un problema.

Razkan dio algunos pasos en su dirección. Aun sin acercarse demasiado, su presencia era abrumadora, como si el bosque entero se hubiera inclinado a su alrededor. El aroma a lluvia, tierra mojada y algo salvaje envolvió a Zaya, haciendo que su loba se estremeciera dentro de ella. Aunque permanecía en silencio.

—Es peligroso caminar sola tan lejos de la manada —dijo él en tono serio—. Más aún de noche.

—No pedí protección —replicó Zaya, más áspera de lo que pretendía—. Sé cuidarme sola.

Razkan arqueó una ceja, evaluándola durante unos segundos. Entonces, para sorpresa de ella, no la reprendió. Simplemente suspiró, pasándose la mano por el cabello húmedo.

—Si supieras cuidarte como dices, no estarías llorando sola a la orilla del río.

Las palabras dieron justo en el blanco. Zaya sintió que el nudo en la garganta se apretaba de nuevo.

—No es asunto tuyo —murmuró, desviando la mirada.

—Todo lo que ocurre dentro de los límites de mi manada es asunto mío —respondió él con firmeza. Luego, el tono se suavizó, casi imperceptible—. Y tú… También estás bajo mi responsabilidad.

Zaya rio sin humor.

—¿Responsabilidad? Qué gracioso. En el campo de entrenamiento fui humillada, y nadie hizo nada.

Los ojos de Razkan se oscurecieron.

—Vi lo que pasó —dijo—. Y no lo aprobé.

—¿Entonces por qué lo permitiste? —lo encaró, desafiante, las lágrimas volviendo a arder—. ¿Porque soy débil? ¿Porque no puedo transformarme?

Razkan dio un paso más, ahora realmente cerca. Zaya sintió el corazón acelerarse cuando él se detuvo frente a ella, alto, imponente, pero con el rostro cargado de algo que no era desprecio.

—No eres débil —afirmó con convicción—. Los lobos rotos no sobreviven a lo que tú sobreviviste.

Ella contuvo la respiración.

Zaya respiró hondo, sintiendo el corazón latir con fuerza en el pecho.

—Entonces, ¿por qué no puedo transformarme? —insistió con la voz ahogada—. ¿Tienes una respuesta para eso? Escucho a mi loba, la siento… Pero no logro cambiar. Es como si algo me retuviera.

Razkan la observó con atención, como si analizara cada detalle, cada reacción. Sus ojos azules perdieron un poco de la dureza habitual.

—Existen pocas razones por las que un lobo no logra transformarse —comenzó, serio—. Un trauma profundo, un bloqueo emocional extremo… O interferencia externa.

Zaya frunció el ceño.

—¿Interferencia externa?

—Magia —respondió él sin rodeos—. Antigua. Prohibida, en algunos casos.

El aire pareció volverse más denso alrededor de ellos.

—¿Crees que alguien me hizo esto? —preguntó Zaya, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda.

—Es una posibilidad. Alguien pudo haberte hechizado —afirmó con la mandíbula tensa—. Un hechizo para limitarte.

Zaya sintió que la sangre se le helaba.

—Pero, ¿por qué? Nunca fui importante para nadie.

Razkan la miró con intensidad.

—Tal vez no lo fuiste… Pero eso no significa que no lo seas ahora.

Se dio cuenta de lo que había dicho en un impulso. Endureció la mirada, carraspeó discretamente y dio un paso atrás, recuperando la postura de alfa.

—Ya es tarde —dijo, ahora con la voz firme y controlada—. Vuelve a la casa de la manada. No es seguro andar sola por el bosque a esta hora.

Zaya lo miró durante unos segundos, percibiendo el cambio brusco en su tono.

—¿Y tú? —preguntó, vacilante.

—Yo estoy bien. Esta conversación termina aquí.

Sin dar lugar a réplica, Razkan le dio la espalda.

—Vuelve a casa, Zaya. Es una orden.

Ella tragó en seco, asintió y comenzó a caminar de regreso, con el corazón acelerado. La llovizna seguía cayendo, mezclándose con las lágrimas que insistían en volver. Aun obedeciendo, algo dentro de ella ardía. No de miedo, sino de preguntas sin respuesta.

Razkan permaneció allí, inmóvil, hasta sentir que el aroma de ella se alejaba. Solo entonces cerró los ojos por un breve instante.

—Maldición… —murmuró para sí mismo.

Sombra se agitó dentro de él, satisfecho.

—Demasiado tarde para fingir que no te importa.

* * * * *

A la mañana siguiente, Razkan despertó antes del amanecer. Se dio un baño rápido, se aseó, se vistió con ropa sencilla pero impecable y bajó a desayunar.

Maia notó de inmediato algo extraño en la presencia de su hermano. Él nunca desayunaba. Solía salir temprano para cumplir con sus obligaciones como alfa.

Razkan tomó una tostada, se sirvió un vaso de jugo y comenzó a comer como si fuera lo más natural del mundo.

Maia se quedó estática, sin palabras, mirándolo como si estuviera viendo una ilusión.

—¿Estás bien? —preguntó al fin.

—Sí. ¿Por qué? —respondió él sin levantar la vista.

—Nada… Solo me pareció raro verte desayunando.

En ese momento, Zack entró a la cocina, besando la coronilla de Maia con naturalidad. El gesto hizo que Razkan se removiera ligeramente, incómodo.

—Buenos días —dijo Zack, animado. Al ver a Razkan, arqueó las cejas—. Vaya… ¿el alfa decidió volverse gente común?

Zack soltó una risa breve, pero se le murió en el acto cuando Razkan lo fulminó con la mirada.

Antes de que el alfa pudiera responder, unos pasos suaves resonaron por la escalera.

Zaya bajaba.

Llevaba un vestido corto, pero lejos de ser vulgar; ligero, suelto, que marcaba con delicadeza sus curvas. Sus piernas quedaban a la vista, y la tela se mecía a cada paso.

Razkan se quedó helado por un segundo.

Sombra gruñó satisfecho dentro de él.

—Se ve peligrosamente hermosa así.

El comentario mental fue tan inesperado que Razkan se atragantó con el jugo, tosiendo con fuerza.

Zaya, alarmada, se acercó rápidamente, tocándole el brazo con suavidad.

—¿Estás bien?

—Sí —respondió él, demasiado rápido. Evitó mirarla por más tiempo—. Cámbiate ese vestido… digo, cámbiate de ropa.

Ella parpadeó, confundida.

—Vas a entrenar conmigo hoy. Te espero en el campo en veinte minutos.

Sin decir nada más, Razkan se bebió el vaso de jugo de un trago, lo colocó sobre la mesa con firmeza y salió de la cocina, dejando atrás tres pares de ojos sorprendidos… y un corazón que latía demasiado rápido para un alfa que juraba no sentir nada más.

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