María soñaba con reencarnar dentro de una novela romántica… pero terminó en el cuerpo de la villana condenada a morir.
Ahora convertida en Xylara Darksong, deberá sobrevivir en un reino lleno de traiciones, seres mágicos y secretos oscuros mientras intenta cambiar el destino que ya conoce. Pero todo cambia cuando despierta a Arkon, el temible Rey de los Dragones, un poder capaz de destruir el imperio entero.
NovelToon tiene autorización de daylin para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cap 19 - Lo Que Empieza A Cambiar
El antiguo observatorio imperial estaba abandonado.
Gigantescas columnas cubiertas de grietas sostenían el techo circular mientras símbolos antiguos brillaban débilmente sobre las paredes de piedra. Polvo, telarañas y restos de libros destruidos cubrían el lugar como si nadie hubiera entrado allí en décadas.
Pero era seguro.
Al menos por ahora.
Kael cerró lentamente la enorme puerta de piedra detrás de ellos mientras Fenrir vigilaba desde la entrada.
— Este lugar pertenecía a los antiguos astrólogos imperiales — explicó él — nadie viene aquí porque creen que está maldito.
Arkon olfateó el aire.
— Huele viejo.
— Eso es porque tienes nariz de gato.
— Dragón.
— Gato.
— Dragón hermoso.
Xylara dejó escapar un suspiro cansado mientras se sentaba sobre una de las escaleras destruidas.
Estaba agotada.
Física y mentalmente.
Todo había cambiado demasiado rápido.
El emperador ya conocía su identidad.
El arma había despertado algo monstruoso.
Y ahora estaban escondidos dentro del palacio imperial esperando una guerra.
Dalila se acercó preocupada.
— Mi reina… debería descansar un poco.
— No puedo dormir ahora.
— Técnicamente llevas más de un día sin hacerlo.
Arkon saltó al lado de Xylara ya nuevamente en forma de gato y empezó acomodarse sobre sus piernas.
— Yo sí puedo dormir si quieres.
— Qué útil eres.
— Lo sé.
Kael observó la escena en silencio unos segundos.
Y después…
se quitó lentamente la capa negra.
Xylara levantó apenas la mirada.
Hasta ahora no había tenido tiempo de observarlo realmente.
Cabello negro ligeramente desordenado, ojos dorados intensos y varias cicatrices pequeñas marcando parte de sus manos.
Pero lo que más llamaba la atención…
era la tranquilidad con la que actuaba incluso en medio del caos.
Como si estuviera acostumbrado sobrevivir.
Fenrir se acostó detrás de él bostezando.
— El lagarto sigue mirándote feo.
Arkon abrió un ojo.
— Porque no me agrada.
— Tú no me agradas a mí.
— Perfecto.
— Perfecto.
Xylara cerró los ojos unos segundos.
— Siento que estoy criando niños.
Dalila soltó una pequeña risa.
Y por primera vez en horas…
el ambiente dejó de sentirse tan pesado.
Kael caminó lentamente hasta ella.
— Toma.
Xylara levantó la mirada confundida.
Él le estaba ofreciendo una pequeña cantimplora.
— Agua.
Ella dudó apenas un segundo antes de aceptarla.
— Gracias.
Kael se sentó cerca, aunque no demasiado.
Lo suficiente para no incomodarla.
Pero suficientemente cerca para que Arkon lo notara.
El pequeño dragón entrecerró lentamente los ojos.
Fenrir volvió reírse.
— Está celoso otra vez.
— NO ESTOY CELOSO.
— Claro.
Xylara ignoró a ambos mientras bebía un poco de agua.
Kael la observó unos segundos antes de hablar.
— Lo manejaste bien allá abajo.
— Casi morimos.
— Exactamente. Y aun así lograste calmar a un dragón antiguo descontrolado.
Arkon levantó orgullosamente la cabeza.
— Porque soy educado con ella.
— Tú destruiste medio salón.
— Detalles.
Xylara sonrió apenas sin darse cuenta.
Y Kael lo notó inmediatamente.
Eso hizo que algo suave apareciera también en su expresión.
Dalila observó todo desde lejos.
Y lentamente…
empezó sonreír sola.
Fenrir se acercó a ella.
— Tú también lo notaste.
— Mucho.
Arkon giró inmediatamente la cabeza hacia ellos.
— ¿Qué están notando?
— Nada — respondió Xylara rápidamente.
Eso solo empeoró las sospechas del dragón.
Mientras tanto…
muy lejos de allí…
el palacio imperial estaba completamente alterado.
Soldados recorrían todos los pasillos.
Los sirvientes murmuraban aterrados.
Y el emperador observaba en silencio los restos destruidos del salón sellado.
La serpiente negra permanecía inquieta detrás de él.
Logan estaba frente al altar destruido mirando las marcas de fuego que Arkon había dejado.
Todavía no podía creerlo.
Un dragón.
Xylara era realmente la princesa de Draconia.
Y aun así…
la imagen que más se repetía en su cabeza no era el dragón.
Era Kael sujetando su mano.
El emperador habló sin mirarlo.
— ¿Sigues dudando?
Logan tardó unos segundos en responder.
— No lo sé.
Eso hizo que el emperador frunciera el ceño.
— Esa chica es peligrosa.
Logan bajó lentamente la mirada.
— No parecía peligrosa cuando intentó detener al dragón.
El emperador golpeó el suelo con el bastón.
— Porque lo controla.
— O porque él la protege.
El silencio cayó pesadamente sobre el salón destruido.
La serpiente siseó inquieta.
El emperador entrecerró los ojos.
— Estás dejando que tus sentimientos nublen tu juicio.
Logan no respondió.
Porque ni siquiera entendía lo que estaba sintiendo.
Aria apareció lentamente detrás de ellos acompañada de su paloma blanca.
— Logan…
Él volteó apenas.
Y eso fue suficiente para que Aria notara algo.
Distancia.
Pequeña.
Pero estaba ahí.
Eso hizo que apretara lentamente los puños.
— ¿Ya encontraron a Xylara?
— No — respondió el emperador — pero no saldrá del palacio.
Aria bajó la mirada fingiendo preocupación.
Aunque por dentro…
estaba furiosa.
Porque Logan no había dejado de defenderla desde el túnel.
Y eso no debía pasar.
No otra vez.
Mientras tanto…
en el observatorio abandonado…
Xylara finalmente empezaba relajarse un poco.
Hasta que Kael habló nuevamente.
— Hay algo que quiero preguntarte.
Ella levantó la mirada.
— ¿Qué cosa?
Los ojos dorados de Kael se clavaron en ella.
Serios esta vez.
— ¿Qué viste cuando tocaste la espada?
El ambiente volvió tensarse.
Incluso Arkon abrió lentamente los ojos.
Xylara guardó silencio.
Porque todavía recordaba aquellas imágenes.
Dragones cayendo del cielo.
Fuego.
Sangre.
Y una figura sentada sobre un trono negro cubierto de llamas.
Esperándola.
Ella apretó apenas los dedos.
— No lo entendí completamente.
Kael no apartó la mirada.
— Pero viste algo importante.
No era una pregunta.
Era una afirmación.
Fenrir levantó lentamente la cabeza.
— Esa espada reaccionó a ella por una razón.
Arkon gruñó bajito.
— No me gusta esa espada.
— A ninguno nos gusta — respondió Kael.
Xylara bajó lentamente la mirada.
Y entonces…
sintió algo cálido rozando sus dedos.
Kael.
Sin darse cuenta… había acercado ligeramente la mano hacia ella.
Como si quisiera tranquilizarla.
Él pareció notarlo un segundo después.
Pero no se alejó inmediatamente.
Y Xylara tampoco.
El silencio entre ambos duró apenas unos segundos.
Pero fue suficiente.
Arkon abrió los ojos lentamente.
Muy lentamente.
— Ama.
Xylara reaccionó rápido soltándose.
— ¿Qué?
El gato negro la observaba fijamente.
— Nada.
Eso era peor.
Fenrir literalmente estaba aguantándose la risa.
Dalila directamente tuvo que mirar hacia otro lado.
Y Kael…
sonrió apenas.
Por primera vez desde que lo conoció…
Xylara sintió que el peligroso Kael Nightmere podía verse sorprendentemente cálido.
Y eso…
era probablemente un problema mucho más grande de lo que quería admitir.