Para el mundo, Ada Medina de 35 años es una ingeniera en sistema muy exitosa en un campo dominado por hombres, pero para su familia, es solo la hermana que nunca superó a su amor de la infancia Sebastián Hernández, sin embargo, bajo la sombra de la etiqueta de “pagafantas” que su hermana Victoria con malicia se encargó de difundir, la realidad es que Ada guarda un secreto.
Desde hace años Ada vive un romance clandestino con Damián Hernández un valiente bombero de 37 años, y hermano mayor de Sebastián.
Al ser ambos los eternos postergados y los “segundos” de sus respectivas familias, han preferido mantener en secreto su “vínculo” bajo la imagen de una simple amistad para evitar el estallido de conflictos muy dolorosos.
Pero el silencio tiene un límite y Ada está a punto de demostrar que no es el plan B de nadie, y que el amor de su vida siempre estuvo ahí, esperando el momento adecuado para salir a la luz.
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Capítulo XXII:El Cazador Cazado
En el lugar donde se presentaría el examen de admisión, el ambiente estaba lleno de tensión, el aire acondicionado era tan frío que parecía congelar el ambiente, y a pesar de eso varios de los estudiantes estaban bañados de sudor, porque sabían que en ese momento se jugaban su futuro.
Sebastián no era la excepción, entró al aula y al sentarse en el pupitre tenía una sensación de desasosiego que le oprimía el pecho debido a la ausencia de Ada en el salón haciéndolo estar más vulnerable de lo que alguna vez había estado en su vida perfecta.
Cuando los supervisores dieron la señal de inicio, se escuchó el crujido simultáneo de cientos de cuadernillos abriéndose rompió el tenso silencio, la prueba era muy compleja diseñada para forzar al límite a cada estudiante.
Para Sebastián la sección de cálculo numérico avanzó con mucha facilidad, ese siempre había sido su fuerte, sin embargo, el verdadero problema llegó en la sección de comprensión lectora, de pronto, los textos se volvieron muy densos, las preguntas capciosas y las opciones parecían todas idénticas.
El tiempo comenzó a correr a una velocidad que le parecía aterradora y Sebastián se sentía acorralado incluso, hubo momentos en los cuales pensaba en que habría respondido Ada, él forzó su mente al límite, releyendo los párrafos con desesperación hasta que con mucho esfuerzo terminó la prueba en el último segundo.
Sebastián estaba exhausto, pero con la certeza de que el puntaje le alcanzaría para salvarse de la ira de sus padres y no perder sus beneficios.
Al otro lado del pasillo, en un aula idéntica, para Victoria todo el examen fue una verdadera pesadilla de principio a fin, y desde las primeras preguntas, el pánico le nubló la vista, y las lágrimas bañaron sus ojos porque su mente se bloqueó y sintió que el tiempo corrió de forma implacable en su contra.
—¡Tiempo!, lápices abajo—anunció con voz implacable el supervisor.
A Victoria se le heló la sangre, al mirar su hoja de examen porque solo respondió más de la mitad del examen, asimilando que estaba en problemas, ella realmente dependía de obtener un buen puntaje en ese examen, especialmente ahora que tenía una sanción disciplinaria en la secundaria.
La razón por la cual Gerardo y Mónica presionaban tanto por obtener una parte del fideicomiso de Ada era porque Victoria no tenía los méritos académicos necesarios para ingresar en la universidad de sus sueños, y ahora sin un examen que la respaldara ellos necesitaban dar un jugoso “incentivo” financiero pagado bajo la mesa para que ella asegurara un asiento que no merecía.
Sebastián salió del aula y se topó en el pasillo con una Victoria deshecha en llanto, y sin pedir permiso, ella se abalanzó a sus brazos buscando consuelo, él estaba rígido pensando en que no deseaba hacerlo, pero aun así la abrazó y salieron del lugar caminando entrelazados sin decir una palabra, hasta que en las escalinatas de la entrada se encontraron con Pamela la cual al ver la escena mostró una expresión de absoluto desagrado.
—¿Cómo te fue? —preguntó Pamela de inmediato, extendiéndole una bebida fría a Sebastián ignorando deliberadamente la presencia de la llorosa Victoria.
Sebastián se soltó con torpeza del abrazo de Victoria, para tomar el envase que le entregaba su madre, sabía que había tenido éxito a pesar de sus dificultades con la sección de comprensión lectora, pero era un triunfo amargo porque por desgracia perdió su puesto en el cuadro de honor en la promoción, una mancha en su historial que jamás podría borrar.
—Me fue muy bien, mamá —respondió él, antes de que una chispa de superioridad moral lo hiciera recordar a su eterna pagafantas—Volvamos a casa rápido, porque necesito hablar con Ada; quiero estar ahí para consolarla ahora que perdió la oportunidad de presentar el examen.
Pamela esbozó una pequeña sonrisa porque apoyaba por completo esa idea, no por afecto genuino hacia Ada sino porque no le pasó por alto que el rostro de Victoria se contrajo de ira, en el futuro esta sería la dinámica familiar, con Pamela mencionando los impecables logros de Ada para desatar los demonios de Victoria y recordarle, en cada cena, que jamás estaría a la altura.
En ese momento Constanza a la cual le fue muy bien en el examen e irradiaba mucha confianza se detuvo al escuchar el comentario y con una sonrisa cínica se acercó al grupo.
—¿Consolarla? —intervino Constanza, arqueando una ceja— ¿Por qué necesitarías hacer algo así? ¿Acaso eres tan ignorante que no sabes que ella no tenía ninguna necesidad de presentar el examen del día de hoy?
Sebastián frunció el ceño, desconcertado por el tono tan cortante de Constanza.
—¿De qué demonios estás hablando, Constanza?
—Ada obtuvo la admisión directa en la universidad de sus sueños desde hace semanas—dijo Constanza sin disimular su satisfacción—El único motivo por el que presentaría el examen era para apoyarnos, pero después que descubrió lo que pensaban ustedes de ella, decidió que no valía la pena perder su tiempo … Ah, y por cierto gracias a sus apuntes varios de nosotros el día de hoy también tuvimos éxito.
Constanza señaló al grupo de los “cerebritos” los cuales ya estaban fundidos en un abrazo grupal en modo de celebración, aunque los resultados se publicarían dentro de tres semanas, solo serían la confirmación de lo que ellos ya sabían todos habían obtenido los resultados deseados.
El rostro de Pamela se puso lívido porque una parte de ella también esperaba que Ada hubiera fracasado y se quedara en la ciudad porque de esa manera ayudaría a Sebastián, después de todo era su “pagafantas” y gracias a eso lo apoyaría a encontrar nuevamente en el camino hacia la excelencia del cual lo había desviado la mediocridad de Victoria.
—¿Por qué…? ¿Por qué ella no me dijo nada? —preguntó con un hilo de voz Sebastián sintiendo que perdía el control sobre Ada con la cual pensaba construir un futuro cuando se acabara su capricho por Victoria.
Pamela miró a su hijo con una mezcla de lástima e ira que apenas podía controlar, y en su corazón de madre sabía que este era solo el inicio de una vida para Sebastián cargada de complicaciones por la presencia de Victoria.
—No lo sé, Sebastián —dijo con voz cortante— Tal vez el hecho de que estés enredado con la persona que más la odia y la resiente en este mundo sea motivo suficiente para que cualquiera te borre de su vida y te oculte sus éxitos.
Mónica se acercaba presurosa, y escuchó toda la conversación frunciendo el ceño, y como sospechaba que su hija no había rendido un buen examen ya se había encargado de darle un “incentivo” a uno de los evaluadores para que su hija tuviera una oportunidad que por mérito propio nunca tendría.
Sin embargo, cada vez que pensaba en que Ada —la hija de esa mujer a la que tanto odiaba a pesar de que estaba muerta desde hace mucho tiempo— continuamente superara a la suya le hacía hervir la sangre, porque la maldita mocosa resultó ser tan brillante como su madre.
—Victoria nos vamos a casa—interrumpió Mónica, poniendo una sonrisa de fingido afecto.
Mónica en el fondo hervía de rabia hacia su hija, porque tuvo que usar sus ahorros para salvarla de su propia estupidez.
Una vez dentro del auto la falsa sonrisa de Mónica se desvaneció por completo y se volvió hacia el asiento del copiloto con una mirada que helaba la sangre.
—Me acabas de costar los ahorros de mi vida —siseó Mónica, con mucha furia— Y espero que haya valido la pena.
—Sí, mamá… —murmuró Victoria, encogiéndose en su asiento con tono lastimero.
—Y otra cosa, no me importa cómo lo hagas, pero por nada del mundo te vas a despegar de Sebastián.
Mónica sabía que Victoria era una estudiante promedio así que planeaba que su hija, a futuro se casara con Sebastián, el hijo dorado de los Hernández, y el que heredaría la mayor parte de la inmobiliaria familiar.
Así que mientras Sebastián sentado en el vehículo de su madre pensaba en que Victoria solo sería un gusto pasajero, no sabía que ella nunca se lo permitiría, sino que, por el contrario, le tendería una red para aferrarse fuertemente a él.
Sebastián se sentía el cazador cuando en realidad era la presa y todo lo que ocurriría después se lo demostraría con creces.
hermosa me encantó 💕
en ningún momento ella se dejó almedendrar x esos atorrantes poca cosa , dejan mucho q desear como personas especialmente el padre