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Aunque Me Odies, Te Amo

Aunque Me Odies, Te Amo

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor de la infancia / Amor-odio
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Sherin VR

Un árbol fue testigo de su promesa.
El destino fue testigo de su ruptura.
Emma juró que nunca lo abandonaría.
Gael juró que jamás la dejaría sola.
Pero la muerte llegó primero.
Y el silencio hizo el resto.
Ella se fue obligada.
Él se quedó creyendo que lo eligió dejar.
Entre raíces quedó escondida una carta.
Entre el orgullo quedó enterrado el amor.
Años después, el destino los volverá a cruzar.
Ya no como niños.
Ya no inocentes.
Y cuando sus miradas se encuentren…
descubrirán que lo que más duele no es perder a alguien.
Es pensar que eligió perderte.

NovelToon tiene autorización de Sherin VR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11 – Aviones de papel La sospecha nació en silencio.

La sospecha nació en silencio.

No fue un descubrimiento explosivo.

Fue algo más pequeño. Más peligroso.

Una mirada que se sostuvo demasiado.

Una ventana que se abría cada noche.

Una luz encendida a la misma hora.

Celeste fue la primera en notarlo.

—Mamá… Emma habla con el vecino.

Lo dijo como quien comenta el clima. Pero en sus ojos había satisfacción.

La tía dejó de mover la cuchara dentro de su taza.

—¿Qué vecino?

—El chico del balcón. El serio. El que siempre está afuera.

Silencio.

Un silencio denso.

—¿Desde cuándo?

—Hace días. A veces se quedan mirándose. Y ayer escuché que hablaban.

Eso fue suficiente.

La tía subió las escaleras sin hacer ruido. Luego la escalera más angosta. Y abrió la puerta del ático sin tocar.

Emma se sobresaltó.

Estaba junto a la ventana.

Tiago aún estaba en el balcón.

Sus miradas se cruzaron un segundo antes de que la tía cerrara la ventana de golpe.

—¿Con quién hablabas?

—Con nadie.

La respuesta fue automática.

—No me mientas.

La tía se acercó.

—¿Crees que soy tonta?

Emma bajó la mirada.

—Solo hablamos a veces…

La bofetada fue rápida.

No brutal.

Pero suficiente.

—Escúchame bien —dijo su tía en voz baja, peligrosa—. Si la comunidad se entera de que tengo a una sobrina viviendo en el ático como… esto, mi reputación se arruina.

Emma sintió un nudo en la garganta.

—Dirán que te exploto. Que soy cruel. Que no tengo corazón.

Celeste observaba desde la puerta, divertida.

—Y no voy a permitir que un chico del vecindario destruya lo que he construido.

Emma alzó la vista, temblando.

—No estoy haciendo nada malo.

—¡Claro que sí! Estás llamando la atención.

La tía dio un paso más cerca.

—Desde hoy no vuelves a hablar con él.

Silencio.

—Si vuelvo a verte en esa ventana… te envío a un orfanato. Y esta vez no habrá promesas ni acuerdos.

La palabra cayó pesada.

Orfanato.

Sola.

Sin nadie.

—¿Entendiste?

Emma asintió lentamente.

—Sí.

—La ventana permanecerá cerrada.

Esa noche, Emma obedeció.

Cerró la ventana.

Corrió la cortina.

Apagó la luz.

Se sentó en el suelo con la espalda contra la pared.

Del otro lado, Tiago apareció como siempre.

Se apoyó en la baranda.

Miró hacia el ático.

Oscuro.

Silencioso.

Frunció el ceño.

Esperó.

Nada.

Al segundo día volvió a salir.

Nada.

Al tercero golpeó suavemente el metal del balcón.

—Emma.

Silencio.

La ausencia comenzó a molestarle más de lo que esperaba.

No estaba acostumbrado a que alguien desapareciera sin explicación.

No después de empezar a acostumbrarse a su voz.

Al cuarto día, entendió que algo no estaba bien.

Y entonces hizo algo impulsivo.

Entró a su habitación, tomó una hoja de su cuaderno y escribió:

“¿Estás bien?”

La dobló con cuidado.

Un avión sencillo.

Volvió al balcón.

Calculó la distancia.

Y lanzó.

El avión cruzó el pequeño espacio entre las casas.

Golpeó la ventana cerrada del ático y cayó en el borde del techo.

Emma lo vio.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

Miró hacia la puerta.

Silencio.

Se acercó lentamente.

Abrió apenas la ventana.

Lo tomó.

Lo desplegó.

“¿Estás bien?”

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

Miró hacia el balcón.

Tiago estaba ahí.

Esperando.

Ella negó suavemente con la cabeza.

Luego susurró, casi sin voz:

—No.

Él no escuchó la palabra.

Pero vio sus labios.

Y entendió.

Esa noche lanzó otro.

“¿Te hicieron algo?”

Emma dudó.

Pero respondió en otro papel.

“No puedo hablar contigo.”

Lo dobló.

Lo lanzó de regreso.

Tiago lo atrapó en el aire.

Lo leyó.

Y frunció el ceño.

Al día siguiente llegó otro avión.

“¿Te lo prohibieron?”

Emma cerró los ojos.

Sí.

“Sí.”

La respuesta fue breve.

Pero suficiente.

Tiago apretó el papel entre sus dedos.

Algo en su interior se encendió.

No le gustaban las injusticias.

Y mucho menos el control.

Esa noche escribió:

“No voy a dejar de hablarte.”

Emma sintió miedo al leerlo.

Miró la puerta.

Recordó la amenaza.

Orfanato.

Pero también sintió algo más fuerte.

Alguien estaba intentando quedarse.

A pesar del silencio.

A pesar del miedo.

A pesar de las órdenes.

Al día siguiente, mientras limpiaba la sala, Celeste la observó con atención.

—Te ves menos triste.

Emma no respondió.

Pero esa noche, cuando el cielo se oscureció…

Un avión volvió a cruzar el aire.

Y aunque la ventana seguía cerrada…

La distancia ya no era muro.

Era papel.

Y el papel, cuando se pliega con intención…

Puede volar incluso sobre el miedo.

1
Milagros Guadalupe Selvan
muy buen libro espero con ansias lo demás
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