Charlotte, doncella bastarda de la casa Elara. su destino está maldito por su hermana. la única manera de salvarse es casándose con el hombre más malvado del reino. Nathaniel Cyrus.
Las reencarnaciones tiene a sus favoritos y a sus mejores guerreros.
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Capitulo 13: ¿Que ocultas, duque?
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Charlotte observaba todo desde la ventanilla mientras el carruaje avanzaba despacio por el camino empedrado y no pudo evitar enderezar la espalda como si alguien fuera a examinarla en cualquier momento.
No era la casa Cyrus, donde ya conocía a los sirvientes y podía caminar descalza por la cocina sin que nadie la mirara raro. Ese lugar era distinto. Más grande, lleno de gente que hablaba de los prejuicios de otros.
Nathaniel iba frente a ella, revisando unos documentos sin levantar la vista. El carruaje se detuvo. Un sirviente abrió la puerta.
Nathaniel bajó primero y luego le ofreció la mano. Charlotte la tomó con naturalidad, pero al poner el pie en el suelo sintió decenas de miradas encima.
Vestidos caros, joyas, abanicos moviéndose lento, hombres con medallas y trajes oscuros. Todos mirando.
—No mires al suelo —murmuró Nathaniel—. Camina recto.
—Eso hago.
—Estás apretando mi mano demasiado. Estás asustada.
—Claro que no.
Entraron al gran salón. La música suave llenaba el ambiente y el murmullo de conversaciones era seguido.
Charlotte intentó sonreír con educación, pero en cuanto una señora mayor se acercó, inclinó la cabeza. Demasiado de su perfume, la mareo por lo nauseabundo que era.
—Buenos días, señora —dijo Charlotte, con voz directa.
La mujer parpadeó.
—Soy la marquesa de Leth.
—Ah. Mucho gusto. ¿Que tipo de perfume usa?
La marquesa alzó su pecho como un paloma y argumento con orgullo.
—No lo diré. Es muy famosa esta fragancia como para que las demás nobles me imiten.
Charlotte abanica su mano en señal de alejar el olor.
—No pues lo preguntaba para no comprarlo nunca.
La marquesa se ofendió. Tomando esas palabras como ordinaria para una duquesa. Luego, un grupo de nobles cuchicheó cerca. Charlotte los escuchó.
—Esa es la nueva duquesa…
—Demasiado simple. Dicen que viene de una casa comercial…
Caminaron entre la gente. Los murmullos seguían, pero Nathaniel no se apartó de su lado ni un momento. Cada vez que alguien hacía un comentario fuera de lugar, él respondía con educación fría, sin alzar la voz, pero dejando claro que no aceptaba burlas.
En cierto punto, un barón soltó una risa.
— Duque, su esposa es… peculiar.
Nathaniel lo miró directo.
— Prefiero la honesta de ella. A qué la hipocresía de cierto noble que tengo en frente.
El barón se quedó rígido. Charlotte sintió algo extraño en el pecho. No la estaba corrigiendo. La estaba defendiendo de todos.
Por primera vez, nadie se atrevió a seguir riéndose de ella.
Poco después, ella escuchó una conversación cercana. Un noble alto, de cabello claro como la paja, joven, hablaba con seguridad.
— Mi lealtad es absoluta hacia la princesa. Puede confiar en mí para cualquier encargo.
Charlotte se congelo. Reconocía esa cara. En la historia original, ese hombre traicionaba a la familia real meses después.
Sintió frío, porque gracias a él, la familia real estuvo a punto de ser destruida por el caos total que él hará en el futuro.
Nathaniel también lo observó.
Sin decir nada, se separó de Charlotte y se acercó a la princesa, intercambió unas palabras y luego se inclinó apenas para susurrarle algo al oído. Fue breve. La princesa asintió con expresión seria.
Charlotte se quedó inmóvil. Solo ella sabía ese futuro.
“¿Cómo…? O quizás fue a decirle otra cosa... Pero Nathaniel no debería ni siquiera conocer a la princesa. Van dos veces que cuestionó sobre él, no esperaré a la tercera."
Nathaniel volvió a su lado. Pero no dejó de observarlo. Buscaba las palabras claves para que le dijera una parte de la verdad.
Más tarde comenzó un baile sencillo. Parejas entrando y saliendo de la pista.
Nathaniel le ofreció la mano.
— Bailaremos. Es obligatorio.
— Te pisare.
— Lo sé.
— Espera siempre lo peor de mí.
— Eso es imposible. Charlotte, yo nunca se que esperar de tí. Y eso...—se inclina a sus labios—... Es lo que más me excita.
Charlotte lo miró sorprendido.
— ¿No querrás decir que te emociona?
— Es lo mismo.
Bailaron despacio. Charlotte intentaba recordar los pasos, pero a veces se adelantaba o se quedaba atrás. Y más aún con la que le dijo. Ella lo miró y Nathaniel nunca le quitó los ojos de encima. La veía como si estuviera detallando una obra de arte.
— ¿Que miras tanto?
— Tus ojos. Son un lila que a veces se vuelven azules.
— No lo había notado.
— Son únicos. Y son míos.
— Nathaniel...
— Lo que trato de decir, Charlotte, es que solo me veas a mí. A mas nadie. Le arrancaré los ojos a quien se atreva a verte.
Charlotte frunció el ceño de preocupación.
— Oye, estas raro. Nunca sueles ser posesivo.
Nathaniel se da cuenta. Lo rubí de sus ojos bajan de intensidad cuando mira la preocupación de su esposa.
—Lo siento.— dijo rápidamente.— Tengo que tomar aire.
—Nathaniel yo-
—No. Tú quédate. Te buscaré cuando me sienta mejor.
Charlotte intentó perseguirlo. Pero quedó inmóvil ante lo sucedido. Quería comprender lo que sucedió. Aún así, le tocó observar como se desaparecía de la sala por completo.
“¿Que fue ese cambio de actitud tan rápido?"
Cuando la reunión terminó, vio al mismo noble arrodillarse frente a la princesa suplicando un trato. Ella lo rechazó sin dudar y se marchó.
La curiosidad pudo más. Charlotte no esperó a que Nathaniel apareciera y se escabulló por un pasillo lateral, esquivando guardias con torpeza.
— Esto es mala idea —susurró—. Definitivamente es mala idea.
Aun así avanzó. Se acercó a la oficina privada y se escondió tras una columna.
Desde dentro escuchó la voz de la princesa.
La reconoció. La princesa Esme de Anahí, hablaba con firmeza.
— Gracias otra vez, duque. Ese aviso nos ahorró un problema serio.
Nathaniel respondió.
— Solo cumplo con mi deber.
— Ya van varios descubrimientos gracias a usted. A veces parece que supiera lo que va a pasar antes que todos.
Hubo un silencio breve.
— Intuición —dijo él.
Charlotte apretó los puños.
No era intuición.
Ella lo sabía. Y ahora estaba segura de algo más. Nathaniel no era el único que recordaba cosas que aún no habían ocurrido.
Se alejó despacio, con el corazón acelerado.
— Tú también sabes algo… —murmuró—. Y no me lo estás contando.
Desde que lo conoció, sintió que no era la única con secretos. Y esa idea, lejos de asustarla, la hizo mirarlo de otra manera.
Ya no estaba sola. Pero tampoco lo entendía por completo. Y eso, de alguna forma, le interesaba más que cualquier baile o reunión.
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buen Charlotte muestra tus💪