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Notas Y Colores Del Destino

Notas Y Colores Del Destino

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Romance / BL / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Dos genios.
Una rivalidad que duele.
Un amor que se repite en cada vida.
Cuando él gana, yo recuerdo.
Cuando yo brillo, él tiembla.
Esta vez… ¿podremos elegirnos antes de volver a perdernos?

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: El precio de quedarse

El salón creativo estaba en caos.

Fragmentos de lienzos rasgados cubrían el suelo como restos de una batalla silenciosa. Algunos colgaban aún de los caballetes, desgarrados de forma violenta, otros yacían arrugados bajo las pisadas de quienes habían entrado después. Partituras rotas y manchadas de tinta se esparcían como hojas muertas, irreconocibles, privadas de toda armonía.

El piano —que siempre había sido el corazón del lugar— permanecía en silencio.

Una de sus teclas estaba dañada, hundida de forma antinatural, como si alguien hubiera descargado en ella toda su rabia. Ese pequeño detalle fue lo que más dolió.

Ren se quedó paralizado en la entrada.

Sintió que algo se rompía dentro de él.

—No… —susurró, apenas audible.

Aiden avanzó a su lado. Su rostro era una máscara de calma, pero sus puños estaban tan apretados que los nudillos se le habían puesto blancos. Cada paso que daba parecía contener una furia cuidadosamente controlada.

—¿Cuándo ocurrió esto? —preguntó con voz firme, demasiado firme.

La coordinadora, visiblemente alterada, negó con la cabeza.

—Después del cierre. Nadie debería haber estado aquí.

Ren caminó lentamente hacia su obra.

Cada paso era más pesado que el anterior.

El lienzo que había pintado con tanto cuidado —conectando colores con música, emociones con recuerdos— estaba cortado en diagonal, como una herida abierta. No había sido un acto impulsivo. Había intención. Precisión. Crueldad.

Su pecho se contrajo con violencia.

—Siempre pasa… —murmuró sin darse cuenta—. Justo cuando tú destacas.

Aiden se giró hacia él de inmediato.

—Ren.

Pero Ren ya tenía los ojos cerrados. Respiraba con dificultad, como si el aire se hubiera vuelto demasiado espeso.

—En mis recuerdos… —continuó, con la voz temblorosa— siempre hay algo que nos separa. Algo que destruye lo que construimos juntos.

Aiden dio un paso hacia él, acortando la distancia sin pensarlo.

—Entonces esta vez no dejaremos que pase.

Ren abrió los ojos, sorprendido por la firmeza de su tono.

—¿Y si no podemos evitarlo?

Aiden sostuvo su mirada sin vacilar.

—Entonces lo enfrentaremos juntos.

Las palabras resonaron en el pecho de Ren como una promesa.

No perfecta.

No segura.

Pero real.

Horas después, el grupo fue desalojado mientras se iniciaba la investigación por sabotaje.

Nadie lo decía en voz alta.

Pero todos pensaban lo mismo.

Milo.

Ren caminaba por el pasillo con la cabeza baja, intentando ordenar el torbellino en su mente, cuando escuchó pasos detrás de él.

—Ren.

Se giró.

Milo estaba allí. No sonreía. No había burla en su expresión. Solo una seriedad incómoda, casi cansada.

—¿Fuiste tú? —preguntó Ren sin rodeos.

Milo lo observó durante varios segundos antes de responder.

—No —dijo al fin—. Pero sabía que pasaría.

Un escalofrío recorrió la espalda de Ren.

—Entonces sabes quién fue.

—No importa quién lo hizo —respondió Milo—. Importa por qué.

—¿Y por qué? —exigió Ren, con los puños tensos.

Milo suspiró, como si cargara con un peso antiguo.

—Porque cada vez que ustedes dos se acercan demasiado… el equilibrio se rompe.

Ren apretó los dientes.

—¿Qué equilibrio?

Milo bajó la voz.

—En todas las vidas, uno de ustedes debía brillar… y el otro debía desaparecer.

El suelo pareció moverse bajo los pies de Ren.

—Eso es mentira.

—¿Lo es? —replicó Milo—. ¿O acaso no recuerdas huir? ¿No recuerdas dejarlo solo?

Ren dio un paso atrás.

—Cállate.

—Si esta vez eliges quedarte —continuó Milo, sin elevar la voz— alguien va a pagar el precio.

Ren sintió un nudo en la garganta.

—¿Quién? —susurró.

Milo lo miró con algo parecido a la tristeza.

—Aiden.

Y se fue.

Esa noche, Ren no regresó a su habitación.

El peso de las palabras de Milo lo asfixiaba. Caminó sin rumbo durante horas, hasta que, sin darse cuenta, se detuvo frente al edificio del Grupo Aurora.

El salón creativo estaba a oscuras… salvo por una luz tenue que se filtraba desde el interior.

Empujó la puerta.

Aiden estaba sentado en el suelo, frente al piano dañado. Tenía una herramienta en la mano y el ceño fruncido, completamente concentrado, como si arreglar ese instrumento fuera lo único que lo mantenía en pie.

—¿Qué haces? —preguntó Ren en voz baja.

Aiden levantó la vista.

—Intento arreglarlo —respondió—. No puedo tocar… pero tampoco puedo dejarlo así.

Ren se acercó lentamente.

—Milo habló conmigo.

Aiden se tensó de inmediato.

—¿Qué te dijo?

Ren dudó. Luego respiró hondo.

—Que si esta vez no huyo… tú sufrirás.

El silencio cayó como un peso insoportable.

Aiden dejó la herramienta a un lado y se puso de pie.

—¿Y eso te asusta?

Ren levantó la vista.

—Sí.

Aiden dio un paso más cerca.

—A mí también.

Sus miradas se encontraron, cargadas de todo lo que aún no se atrevían a decir.

—En mis recuerdos —continuó Aiden— siempre elegí ganar. Siempre pensé que si lograba ser perfecto… el dolor desaparecería.

Ren tragó saliva.

—¿Y funcionó?

Aiden negó lentamente.

—No. Porque te perdí.

Los ojos de Ren se llenaron de lágrimas.

—Yo huí porque tenía miedo —confesó—. Miedo de ser solo tu sombra. Miedo de que, si me quedaba… me olvidaras.

Aiden levantó la mano con cuidado y limpió una lágrima que escapó del ojo de Ren.

—Nunca te olvidé.

El contacto fue suave… pero definitivo.

Ren cerró los ojos.

—Entonces bésame —susurró—. Antes de que el destino vuelva a separarnos.

Aiden no dudó.

Sus labios se encontraron en un beso lento, tembloroso, cargado de emociones reprimidas durante vidas enteras. No fue desesperado. Fue sincero. Como un reencuentro largamente esperado.

Ren se aferró a su abrigo.

Aiden lo sostuvo con cuidado, como si temiera que desapareciera si lo soltaba.

Cuando se separaron, ambos respiraban agitadamente.

—Esta vez —dijo Aiden— no voy a elegir el arte por encima de ti.

Ren lo miró, sorprendido.

—¿Estás seguro?

—No —respondió Aiden—. Pero estoy cansado de perderte.

Un ruido metálico resonó detrás de ellos.

Ambos se giraron.

La puerta del salón estaba entreabierta.

En el suelo, alguien había dejado un sobre antiguo, amarillento, con un símbolo grabado: el mismo que aparecía en el boceto de sus vidas pasadas.

Ren lo recogió con manos temblorosas.

Dentro había una sola frase:

“La próxima elección decidirá quién desaparece.”

Ren levantó la vista hacia Aiden, el miedo y el amor mezclándose en su mirada.

—Aiden… creo que el destino ya empezó a moverse.

Aiden apretó su mano con fuerza.

—Entonces no lo enfrentaremos solos.

El piano, aún dañado, emitió un sonido suave cuando una tecla se hundió sola.

Como si algo… los estuviera observando.

1
Esmeralda Johner
Excelente
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