Adrián Varma es el CEO Omega de un imperio tecnológico; un hombre rubio y tierno que oculta su sensibilidad tras trajes impecables y un aroma a pino y toronja. Su mundo perfecto se sacude cuando conoce a Leo, un Alfa atractivo pero con graves dificultades económicas que sobrevive trabajando en lo que puede para salvar a su familia.
A diferencia de otros, Leo exhala un aroma a eucalipto seductor que es capaz de calmar el estrés de Adrián. Lo que comienza como una relación laboral se convierte en una conexión profunda donde el dinero no importa
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Capítulo 22: El Protocolo de la Última Sombra
Sentado en el suelo mojado del puerto, con el calor del incendio todavía quemándole la espalda y el aroma a eucalipto de Leo intentando estabilizar su respiración, Adrián escuchó los gritos de Mila a través del comunicador. El pánico amenazó con nublar su juicio, pero ver a Leo herido y agotado por haberlo salvado le dio una claridad gélida.
— Dame... dame el teléfono, Leo —tosió Adrián, extendiendo una mano temblorosa.
— Adrián, apenas puedes respirar, tenemos que llegar a la mansión —dijo Leo, intentando levantarlo.
— No llegaremos a tiempo por tierra —replicó Adrián con una firmeza que hizo que Leo se detuviera—. Valerius cree que me tiene acorralado, que soy el Omega débil que necesita ser rescatado. Va a aprender por qué los Varma sobrevivieron treinta años.
Adrián desbloqueó su dispositivo satelital, una unidad que no dependía de las redes que Valerius había hackeado. Sus dedos, manchados de hollín, volaron sobre la pantalla táctil. No estaba entrando en una aplicación; estaba accediendo al núcleo de la propia estructura de la mansión.
— ¿Qué estás haciendo? —preguntó Xavi, mientras se vendaba el hombro con un trozo de camisa.
— Activando el Protocolo "Nido de Invierno" —respondió Adrián. El aroma a toronja volvió a su sistema, pero esta vez no era una defensa, era un ataque—. Es una función de arquitectura física que diseñé hace dos años. Nunca pensé que tendría que usarla contra un ser humano.
En la mansión, Valerius Thorne caminaba por el gran salón, disfrutando del aroma al miedo de Samuel y Mila. Sus hombres tenían a la madre de Leo bajo custodia en el sofá. Valerius sostenía una copa de vino, saboreando su victoria.
— Es una lástima que Adrián muriera en ese almacén —dijo Valerius, mirando a Samuel—. Pero ahora, esta casa y todo lo que contiene regresa a su legítimo dueño.
De repente, un estruendo metálico resonó en toda la propiedad. No era una explosión, era el sonido de engranajes moviéndose. Valerius frunció el ceño cuando vio cómo unas placas de aleación de titanio descendían del techo, sellando todas las ventanas y puertas en menos de cinco segundos. La mansión se convirtió en una caja fuerte hermética.
— ¿Qué es esto? —rugió Valerius, intentando abrir la puerta principal, que ahora era un muro de metal sólido.
Desde el puerto, Adrián activó el altavoz de la mansión. Su voz, distorsionada pero implacable, retumbó en las paredes del gran salón:
— "Valerius, estás en mi casa ahora. Y en mi casa, yo soy el administrador del sistema" —dijo Adrián, mientras Leo lo miraba con asombro—
... "Has sellado tu propia tumba. El oxígeno en esa habitación empezará a ser filtrado en tres minutos. No voy a matarte, pero vas a dormir una siesta muy larga hasta que la policía llegue a recoger tu cadáver"....
Valerius disparó contra las placas de metal, pero las balas rebotaron inútilmente. El sistema de ventilación empezó a emitir un gas sedante de acción rápida, un compuesto que Adrián había desarrollado para casos de intrusión extrema.
— ¡Mila! ¡Papá! —gritó Adrián por el intercomunicador—. ¡Entren a la cámara acorazada de la biblioteca! ¡Ahora!
En la mansión, Mila reaccionó rápido. Tomó a la madre de Leo y a Samuel, arrastrándolos hacia la habitación segura antes de que el gas llenara el salón. Valerius, luchando por respirar, intentó seguirlos, pero sus piernas fallaron. El aroma a veneno de los Thorne fue finalmente sofocado por la tecnología pura de los Varma.
En el puerto, Adrián dejó caer el teléfono, agotado. El sistema le notificó: Intrusos neutralizados. Estado: Confinamiento total.
Leo abrazó a Adrián, escondiendo su rostro en su cuello. El aroma a pino del Omega estaba regresando, mezclándose con el eucalipto en una unión que ya nada podría romper.
— Eres increíble —susurró Leo, con lágrimas de alivio en los ojos—. Un genio absoluto.
— Te dije que confiaras en mí —sonrió Adrián con debilidad, antes de cerrar los ojos por el cansancio—. Ahora... sácame de aquí, Alfa. Quiero ir a casa.