Reencarné en el omega destinado a morir por amor.
Abandonado por el protagonista, incluso estando embarazado.
Esta vez no rogaré.
Me iré con mi hijo… y escribiré mi propio final feliz.
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Capítulo 14 — Donde aprendo tu ritmo
El patio interior de la posada estaba cubierto por una luz suave de la tarde. El sol descendía lento, filtrándose entre las hojas del limonero viejo y dibujando sombras tibias sobre las baldosas húmedas. El aire olía a cítrico y a tierra regada. Era una de esas horas en que el mundo parece bajar el volumen por un momento.
Lysien se sentó en el banco de madera, acomodando el abrigo sobre los hombros. El cansancio le pesaba en la espalda, pero no era un cansancio que pidiera huida. Era el que queda después de un día en el que uno se sostuvo de pie.
Kaelen salió al patio apoyándose apenas en el bastón que aún detestaba usar. Su gesto lo delataba: la forma en que apretaba los labios cada vez que cargaba el peso en la madera. Lysien lo vio, pero no comentó nada. Se limitó a moverse un poco para dejarle espacio en el banco.
Kaelen se sentó con cuidado. El movimiento fue torpe, y por un segundo el dolor cruzó su rostro como una sombra rápida. Lysien inclinó el cuerpo apenas hacia él, listo para sostenerlo si lo necesitaba, pero se detuvo a mitad del gesto. No quería invadir. Kaelen respiró hondo y se acomodó solo.
—Gracias —murmuró Kaelen, notando la intención contenida.
Lysien negó con la cabeza.
—No hice nada.
—Justamente —respondió Kaelen—. Eso también es hacer algo.
Compartieron el silencio. El limonero crujió con el viento suave. Una hoja cayó entre ellos y quedó inmóvil en el suelo.
—No me gusta que me miren cuando camino así —admitió Kaelen, mirando el bastón—. Siento que ven lo que perdí.
Lysien lo observó con atención, sin lástima.
—Yo veo lo que estás ganando —dijo—. Volver a moverte sin fingir que no duele. Eso no es perder. Es aprender otro ritmo.
Kaelen esbozó una sonrisa breve, agradecida.
—Tú también aprendiste otro ritmo —dijo—. No te mueves como alguien que se esconde.
Lysien bajó la mirada, un poco sorprendido por la lectura tan precisa.
—No quiero esconderme —respondió—. Me cansé de vivir como si pedir espacio fuera una falta.
El viento levantó el borde del abrigo de Kaelen. Lysien, sin pensarlo demasiado, lo acomodó sobre su hombro para que no se deslizara. El gesto fue mínimo, casi casual. Kaelen se quedó quieto, sorprendido por esa cercanía tan simple.
—Gracias —dijo otra vez, con la voz más baja.
Lysien sintió el calor subirle a las mejillas. Retiró la mano de inmediato, como si hubiera tocado algo demasiado íntimo sin darse cuenta.
—Perdón —murmuró—. Fue… automático.
—No me molestó —respondió Kaelen, rápido, pero sin presionar—. Solo… me tomó desprevenido.
El silencio volvió, distinto ahora, cargado de algo que ninguno de los dos se atrevía a nombrar. Lysien entrelazó los dedos sobre su regazo, un gesto que repetía cuando estaba nervioso.
—No estoy buscando… nada nuevo —dijo al fin—. Mi cabeza está llena de responsabilidades que no admiten distracciones.
Kaelen asintió, serio.
—No estoy aquí para pedirte que busques nada —respondió—. Estoy aquí para estar. Si algún día miras hacia este lado, yo estaré en el mismo lugar. Si no, también.
Lysien levantó la vista. Sus ojos se encontraron. Kaelen no se había acercado. No había invadido el espacio. Esa contención fue lo que más lo conmovió.
—Gracias por no empujar —dijo Lysien, con una honestidad que le tembló apenas en la voz.
—Gracias por no cerrar la puerta —respondió Kaelen.
El sol terminó de caer. La luz se volvió azulada. El patio se llenó de una calma que parecía hecha a propósito para ese momento frágil. No hubo beso. No hubo promesas. Solo dos personas aprendiendo a sentarse en el mismo banco sin hacerse daño.
Y en esa quietud, Lysien sintió, por primera vez en mucho tiempo, que no necesitaba huir del calor que alguien más ofrecía.
se dieron el picó tan anhelado 🤭
me encanta 💖 y ojalá en el próximo caputulo almenas le de un beso al pobre kaelen.
la evolución q a tenido es .uy buena a comparación con otras novelas de omegas q lloran y se sienten morir este me gusta y mucho
sigue así autora