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Bajo El Altar De Las Rosas: La Sentencia Del Villano

Bajo El Altar De Las Rosas: La Sentencia Del Villano

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

A veces el amor no es un cuento de hadas, sino una promesa de sangre y espinas que el tiempo no pudo marchitar.

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Capítulo 14

Se quedaron allí durante lo que parecieron horas, hablando de cosas que nunca se habían atrevido a decir en voz alta. JiNian le contó sobre su infancia en los orfanatos del Distrito Norte, sobre cómo aprendió a pelear antes que a leer, y sobre el sueño secreto de tener su propio taller, uno legal, donde no tuviera que esconderse de nadie. Zhi Zhi le habló de su soledad en la mansión, de las noches que pasaba mirando los mapas del mundo, deseando poder escapar a un lugar donde nadie supiera su apellido.

—Si pudiéramos irnos —susurró ella, mirando la luna que colgaba sobre ellos como una moneda de plata—, ¿a dónde irías?

JiNian guardó silencio por un momento. Sus ojos se oscurecieron con una sombra de realidad que Zhi Zhi no pudo ignorar.

—Iría a cualquier lugar donde el cielo no estuviera dividido por distritos —respondió él—. Donde no importara de qué lado del río naciste. Pero la gente como yo no escapa tan fácil, Zhi Zhi. El barro se te queda pegado a las botas por mucho que camines.

—Yo te ayudaré a limpiarlo —prometió ella con una seriedad que lo conmovió.

—Lo sé —dijo él, besando la coronilla de su cabeza—. Pero por ahora, solo miremos la luna. Mañana el sol saldrá y volveremos a ser el villano y la heredera. Pero esta noche... esta noche somos solo nosotros.

El beso bajo la luna no fue solo un acto de romance adolescente. Fue un juramento silencioso. En esa azotea, rodeados por el olor metálico de las rosas y la crudeza del Distrito Norte, JiNian y Zhi Zhi crearon un recuerdo que los sostendría durante los años de oscuridad que estaban por venir.

Sin embargo, en la base del edificio, un coche negro con los faros apagados estaba estacionado. Dentro, un hombre con un traje impecable ajustaba la lente de una cámara de alta precisión. El flash fue imperceptible, pero el destino de ambos acababa de ser sellado. El "Rey del Distrito Norte" y su "Princesa de Plata" estaban viviendo su último momento de felicidad pura, sin saber que el invierno más cruel de sus vidas estaba a punto de comenzar.

JiNian apretó la mano de Zhi Zhi, sintiendo la suavidad de su piel contra sus cicatrices. Por un breve instante, se permitió creer que el amor podía vencer al destino. Pero mientras la luna empezaba a descender, una premonición amarga le recorrió la espalda. El regalo perfecto tenía un precio, y él sospechaba que tendría que pagarlo con lo único que le quedaba: su presencia en la vida de ella.

—Te amo, Zhi Zhi —susurró, tan bajo que el viento casi se llevó las palabras.

Ella no respondió con palabras, solo apretó su mano y volvió a buscar sus labios. En ese beso final de la noche, se entregaron el uno al otro, grabándose en la memoria la textura de su piel y el calor de su aliento. Fue su primer y único momento de felicidad pura, una joya brillante engastada en el fango de una realidad que ya estaba empezando a devorarlos.

***

El amanecer en el Distrito Sur no llegaba con el estallido caótico de los mercados o el rugido de las motocicletas, sino con una luz pálida y filtrada que parecía pasar por un tamiz de seda. Cuando Zhi Zhi regresó a la mansión de los Zhao, el aroma de las rosas de JiNian todavía impregnaba su piel, un recordatorio dulce y metálico de que la noche no había sido un sueño. Llevaba la rosa oscura escondida entre los pliegues de su vestido plata, ahora arrugado y sucio en los bordes, como una herida de guerra que lucía con orgullo.

Entró por la puerta lateral, la que usaba el servicio, esperando que el silencio de la casa la protegiera. Pero el silencio de la mansión Zhao nunca era accidental; era una trampa.

—Llegas tarde para el desayuno, Zhi Zhi. Y muy temprano para explicar dónde has pasado la noche.

La voz de su padre, pesada y gélida como el mármol de la entrada, la hizo detenerse en seco. Zhao Ming estaba sentado en el salón principal, rodeado de sombras a pesar de los grandes ventanales. No estaba gritando. Nunca gritaba. Su poder residía en esa calma absoluta que precedía a la destrucción. Frente a él, sobre una mesa de cristal, había un sobre de color pardo.

Zhi Zhi apretó los puños, sintiendo cómo la espina de la rosa que aún sostenía se clavaba en su palma. El dolor la ayudó a mantener la voz firme.

—Salí a caminar, padre. Necesitaba aire después de la fiesta.

—¿Aire? —Zhao Ming se levantó con una lentitud calculada. Caminó hacia ella y, con un gesto rápido, le arrebató la rosa oscura de las manos—. ¿Este es el aire que buscabas? ¿Basura del Distrito Norte? Huele a aceite de motor y a miseria.

—No es basura —replicó ella, con los ojos ardiendo—. Es lo único real que he tenido en años.

Su padre soltó una carcajada seca y arrojó el sobre sobre la mesa. Varias fotografías se deslizaron hacia afuera. En ellas, bajo la luz granulada de una cámara de alta visión nocturna, se veía a Zhi Zhi y JiNian en la azotea. El beso, el abrazo, la forma en que ella se aferraba a él como si fuera su única balsa de salvamento.

—Este muchacho... JiNian —dijo su padre, pronunciando el nombre como si fuera una enfermedad—. Un delincuente juvenil con antecedentes, un mecánico que sobrevive de peleas callejeras y robos de piezas. ¿Realmente creías que podías esconderlo?

—Él no es lo que tú crees. Es mejor que todos los hombres que invitas a tus cenas —espetó Zhi Zhi, las lágrimas empezando a nublar su vista.

—No me importa lo que él sea, me importa lo que tú representas —Zhao Ming se acercó tanto que ella pudo oler el café negro y el tabaco caro—. Mañana es la entrega de las becas internacionales. Tu futuro en Cambridge, tu posición en la empresa, todo lo que he construido para ti. Un solo escándalo con este... animal, y serás el hazmerreír de la ciudad. Te quitaré todo, Zhi Zhi. Y no solo a ti.

Zhi Zhi sintió un escalofrío.

—¿De qué estás hablando?

—He hablado con el comisario. Tienen pruebas suficientes para enviar a tu "héroe" a la prisión de alta seguridad del sur por los próximos diez años. Solo necesitan una orden mía para ejecutar los cargos de contrabando.

—¡Eso es mentira! —gritó ella.

—En este distrito, la verdad es lo que yo decido que sea —sentenció su padre—. Tienes una hora para cambiarte. Lin Feng vendrá a recogerte. Y mientras tanto, yo tendré una charla con el joven JiNian. Para explicarle... las reglas del juego.

***

En el taller del Distrito Norte, el aire era espeso. El olor a hierro viejo y soldadura siempre había sido el hogar de JiNian, pero esa mañana se sentía como una celda. Estaba terminando de limpiar una mancha de aceite de su brazo cuando el rugido de un motor que no pertenecía al barrio lo puso en alerta. Un sedán negro, blindado y reluciente, se detuvo frente a la entrada oxidada.

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