En un mundo dividido por siglos de guerra entre humanos y vampiros, Lin Xue —la Guerrera Estelar de la Secta del Nube Blanca, con el poder del Qi Estelar que canaliza la energía de las estrellas— y Kael —el rey vampiro de la Casa de la Sombra Negra, con la magia de la sangre que absorbe la vida misma— se enfrentan en la Batalla del Cielo Roto. En un último acto de desesperación y amor, se fusionan para detener la destrucción del mundo y mueren juntos.
Pero el universo les da una segunda oportunidad: son reencarnados como niños huérfanos en un bosque oscuro, con recuerdos fragmentados de su vida anterior. Cuando se encuentran, reconocen en el otro la conexión que trasciende la muerte y deciden cambiar el curso de la historia. Juntos, fundan la Secta de la Estrella y la Sangre —un refugio donde humanos y vampiros pueden vivir, entrenar y aprender juntos— y crean el Estilo Estelar Sanguíneo, una forma de artes marciales que fusiona el poder de las estrellas y la magia de la sangre.
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EL VALLE OCULTO Y LA PRIMERA TRAGEDIA
Los ocho caminaban por el bosque, con Li Ming al frente, guiándolos por senderos secretos que solo él conocía. El sol brillaba entre los árboles, creando manchas de luz y sombra en el suelo. Lin Xue caminaba a lado de Kael, sus manos entrelazadas, mientras observaba el entorno con atención —sabía que podían encontrar sobrevivientes en cualquier rincón, pero también peligros: bestias demoníacas, guerreros del Rayo Rojo que no querían cambiar, vampiros de la Casa de la Sombra Oscura.
“Hay un valle por aquí,” dijo Li Ming, volviéndose hacia el grupo. “Está protegido por montañas y árboles altos —nadie lo encuentra a menos que sepa dónde está. Mi familia vivió allí antes de la guerra. Creo que todavía hay sobrevivientes.”
“¿Cuántos?” preguntó el Maestro Hong, mirando al niño con interés. Había empezado a admirar la inteligencia y el valor de Li Ming —era pequeño, pero tenía más coraje que muchos guerreros que había conocido.
“No lo sé,” dijo Li Ming. “Pero cuando vine aquí hace unos meses, vi huellas. Huellas humanas y vampiras. Creo que se están protegiendo mutuamente.”
Lin Xue sonrió. “Eso es perfecto,” dijo. “Si ya se están ayudando, será más fácil convencerlos de unirse a nosotros.”
Mientras seguían caminando, escucharon un ruido a lo lejos: el aullido de una bestia demoníaca. Todos se detuvieron, preparándose para luchar. Kael creó una pared de sombras alrededor del grupo, mientras Lin Xue canalizaba su Qi Estelar para crear una luz brillante que alejara a los monstruos.
“Es un lobo de sombras,” dijo Zi Yin, mirando hacia donde venía el ruido. “Son rápidos y peligrosos. Se alimentan de la oscuridad y de la energía de los seres vivos.”
El Maestro Hong sacó su sable. “No te preocupes,” dijo. “Juntos lo podemos vencer. Pero no lo matemos —lo purguemos de oscuridad.”
Un momento después, apareció el lobo de sombras: un animal grande, con pelaje negro como la tinta y ojos rojos brillantes. Se paró a unos metros del grupo y aulló de nuevo, mostrando sus dientes afilados.
Lin Xue y Kael se movieron al frente, su energía se fusionó en una esfera azul y roja. El Maestro Hong y los guerreros se colocaron a los lados, listos para atacar si era necesario. Zi Yin usó su magia de la sangre y la luna para crear rayos de color morado que aturdieran al lobo.
El lobo atacó, saltando hacia el grupo con velocidad extrema. Pero Lin Xue y Kael lanzaron la esfera de energía hacia él, envolviéndolo en luz. El lobo gruñó de dolor, pero la luz no lo mató —purgó la oscuridad de su cuerpo, transformándolo en un lobo normal, con pelaje marrón y ojos marrones.
El lobo miró al grupo con agradecimiento, luego se dio la vuelta y se alejó por el bosque.
“Lo hicimos,” dijo Li Ming, sonriendo de alegría. “No lo matamos. Lo curamos.”
El Maestro Hong asintió, con una sonrisa en su rostro. “Así es como debe ser,” dijo. “La fuerza no es para destruir. Es para proteger y curar.”
Continuaron caminando durante unas horas más, hasta que llegaron a un paso estrecho entre dos montañas. Li Ming se acercó a una roca grande y la empujó con fuerza —la roca se movió, revelando una entrada oculta a un valle.
Los ocho entraron en el valle y se quedaron boquiabiertos. Era un lugar hermoso: prados verdes, ríos claros, árboles con frutas, y en el centro, un grupo de casas de madera. Había alrededor de treinta personas: hombres, mujeres y niños, humanos y vampiros, viviendo juntos en paz.
Cuando los sobrevivientes vieron al grupo, se alarmaron al principio —veían al Maestro Hong con su armadura roja y los guerreros con sus sables. Pero cuando vieron a Lin Xue y Kael con su luz fusionada, y a Zi Yin y Li Ming a su lado, se calmaron.
“¿Quiénes sois?” preguntó un hombre mayor con cabello blanco y ojos azules, que parecía ser el líder.
“Me llamo Lin Xue,” dijo ella, acercándose con cuidado. “Somos un grupo de humanos y vampiros que buscan crear un lugar de paz. Hemos venido para invitaros a unirnos a nosotros.”
El hombre mayor miró al grupo, luego a Lin Xue. “¿Un lugar de paz?” preguntó. “¿Entre humanos y vampiros?”
“Sí,” dijo Kael. “La guerra ha destruido demasiado. Es hora de unirnos y construir un nuevo mundo.”
El hombre mayor sonrió y extendió su mano. “Me llamo Elder Feng,” dijo. “Somos sobrevivientes de la Secta del Nube Blanca y la Casa de la Sombra Negra. Hemos estado viviendo aquí en paz durante un año, protegiéndonos mutuamente. Nos gustaría unirnos a vosotros.”
Los demás sobrevivientes asintieron y gritaron de alegría. Lin Xue se acercó a Elder Feng y le estrechó la mano. “Bienvenidos,” dijo. “Ahora somos casi cuarenta. Y cada día seremos más.”
Durante el resto del día, los sobrevivientes del valle le mostraron al grupo sus casas, sus huertos, sus fuentes de agua. Había un templo de entrenamiento donde humanos y vampiros aprendían artes marciales juntos, fusionando sus energías. Zi Yin se acercó a los entrenadores y empezó a compartir sus técnicas de magia de la sangre y la luna, mientras el Maestro Hong compartía sus técnicas de Qi de Rayo transformadas en protección.
Lin Xue y Kael caminaban por el prado, observando a todos los presentes con alegría. Habían encontrado un lugar hermoso, con gente que creía en su sueño. Estaban un paso más cerca de construir la secta de la Estrella y la Sangre.
“¿Crees que este es el lugar?” preguntó Kael, mirando a Lin Xue. “El lugar donde construiremos la secta?”
Lin Xue miró al valle, con sus montañas protectoras y su luz tranquila. “No,” dijo. “Es un lugar bueno, pero necesitamos algo más grande. Algo que sea un símbolo de la unión. Un lugar donde todos puedan venir, sin miedo.”
“¿Dónde?” preguntó Kael.
“El Valle de la Estrella y la Sangre,” dijo Lin Xue. “Mi padre me habló de él cuando era pequeña. Es un valle en la cima de la Montaña del Nube Blanca, donde la luz de las estrellas y la luna se combina de forma única. Es el lugar perfecto.”
Kael sonrió. “Entonces iremos allí,” dijo. “Juntos.”
Mientras hablaban, escucharon un grito de terror desde el lado del valle. Todos se volvieron y vieron a un niño vampiro corriendo hacia ellos, con los ojos llenos de lágrimas.
“¡La bestia! ¡Una bestia demoníaca ha entrado en el valle!” gritó el niño.
Lin Xue y Kael se movieron rápidamente hacia donde venía el niño, con el resto del grupo siguiéndolos. Llegaron a la parte trasera del valle y se quedaron horrorizados: era un león de sombras, más grande y peligroso que cualquier otro que hubieran visto. Estaba atacando a una familia humana: un hombre, una mujer y un niño pequeño.
El Maestro Hong sacó su sable y se preparó para atacar. “¡Todos juntos!” gritó. “Purguemos la oscuridad de él!”
Lin Xue y Kael lanzaron su esfera de energía fusionada hacia el león, pero este era más fuerte que el lobo de sombras —la luz no lo afectó. El león gruñó y atacó a Kael, lanzándolo contra un árbol.
“Kael!” gritó Lin Xue, desesperada.
El león se giró hacia ella y saltó. Pero en ese momento, el niño pequeño de la familia humana se acercó al león y le extendió su mano. “No te enfades,” dijo en voz baja. “No te queremos dañar.”
El león se detuvo, mirando al niño con curiosidad. La oscuridad en sus ojos disminuyó un poco. Pero en ese momento, un guerrero del Rayo Rojo que había venido con el grupo —un hombre llamado Zhang— se enfureció y lanzó su sable hacia el león.
El sable golpeó al león en la pata, y este se enfureció. Giró y atacó a Zhang, matándolo de un solo mordisco. Luego, atacó al niño pequeño, matándolo también antes de que alguien pudiera pararlo.
Lin Xue se quedó paralizada, con los ojos llenos de lágrimas. Habían perdido dos personas —un guerrero y un niño— en unos segundos. El Maestro Hong se acercó a Zhang y lo miró, con dolor en su rostro. Era el primer miembro del grupo que moría.
El león de sombras aulló y se preparó para atacar de nuevo, pero esta vez, todos se unieron. Lin Xue canalizó todo su Qi Estelar, Kael canalizó todo su poder de la sangre, Zi Yin fusionó su magia con la de ellos, y el Maestro Hong y los demás guerreros usaron sus técnicas de protección. Juntos, lanzaron una luz brillante que envolvió al león, purgando la oscuridad de su cuerpo y matándolo —no tuvo otra opción.
Cuando la luz desapareció, el león yacía en el suelo, muerto. El grupo se quedó en silencio, llorando por los muertos.
“¿Por qué?” preguntó Lin Xue, entre lágrimas. “¿Por qué tuvo que pasar esto?”
Elder Feng se acercó a ella y la abrazó. “Porque la oscuridad es fuerte,” dijo. “Y a veces, el miedo y la furia hacen que cometamos errores. Zhang estaba asustado, y su furia lo llevó a matar. Y el niño pagó el precio.”
El Maestro Hong se acercó a Lin Xue y le tomó la mano. “Esto es una lección,” dijo. “La furia no soluciona nada. Solo crea más dolor. Tenemos que ser más fuertes, más controlados. Para no perder más vidas.”
Kael se acercó a ella y la abrazó. “Estamos contigo,” dijo. “Juntos, superaremos esto. Y construiremos el lugar de paz que prometimos. Para Zhang, para el niño, para todos los que han muerto en la guerra.”
Durante el resto de la tarde, los sobrevivientes del valle y el grupo enterraron a Zhang y al niño en un lugar tranquilo, con flores y árboles. Lin Xue habló en el funeral: “Zhang era un guerrero que estaba empezando a cambiar. El niño era inocente, con un corazón lleno de amor. No morirán en vano. Su muerte nos recordará por qué estamos haciendo esto: para crear un mundo donde no haya miedo, no haya furia, no haya muerte innecesaria.”
Todos asintieron, con lágrimas en los ojos. Sabían que el camino sería más difícil de lo que creían, pero también sabían que no podían rendirse.
Al anochecer, el grupo se reunió en el templo de entrenamiento. Lin Xue se paró al frente y miró a todos. “Mañana nos dirigiremos al Valle de la Estrella y la Sangre,” dijo. “Allí construiremos la secta de la Estrella y la Sangre. Un lugar donde humanos y vampiros vivan juntos en paz, donde entrenemos en artes marciales de protección, donde honremos a los que han muerto. ¿Estáis conmigo?”
Todos se pusieron de pie y gritaron de acuerdo. “¡Estamos con vosotros!”
Lin Xue miró a Kael, al Maestro Hong, a Li Ming, a Zi Yin, a Elder Feng y a todos los demás. Sabía que habían perdido dos miembros, pero también sabían que habían ganado treinta nuevos amigos. Y con cada paso que daban, se acercaban más a su sueño.
Mientras todos se preparaban para dormir, Lin Xue y Kael caminaron por el prado, mirando la luna y las estrellas. “¿Crees que podremos hacerlo?” preguntó Lin Xue.
“Sí,” dijo Kael, le tomó la mano. “Porque tenemos el amor. El amor es más fuerte que la oscuridad, más fuerte que la guerra, más fuerte que la muerte. Y en esta vida y en la próxima, estaremos juntos para protegerlo.”
Se besaron suavemente bajo la luz de la luna, sabiendo que la tragedia del día había hecho que su vínculo fuera más fuerte, que su determinación fuera mayor. El camino sería largo y difícil, pero estaban listos para enfrentarlo.
Al día siguiente, el grupo se despertó temprano, preparándose para el viaje al Valle de la Estrella y la Sangre. Cada uno llevaba algo con él: comida, agua, herramientas, recuerdos de los que habían perdido. Sabían que estaban a punto de empezar un nuevo capítulo en su vida, un capítulo de unión, de esperanza, de paz.